María Co-redentora: ¿Un Nuevo Dogma Mariano?
Respuestas a las Preguntas mas Frecuentes.
Dr. Luís Bejar FuentesVox Populi Mariae Mediatrici
¿Encontramos en las Escrituras sustentación para el dogma propuesto de "María Co-redentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada"?La Redención
La salvación de la humanidad fue lograda por el único Hijo de Dios, Jesucristo. La Pasión y Muerte de Cristo, nuestro único Redentor, no sólo fue un pago suficiente sino "superabundante" para la culpa humana y su consecuente deuda de castigo. Pero Dios quiso que este trabajo de salvación fuese logrado a través de la colaboración de una mujer, si bien respetando siempre su libre voluntad. "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de Mujer"(Gal 4).
Co-redentora en las Escrituras
Penetrando en las Escrituras está la revelación de Dios que involucraría, en su plan de redención, primero y antes que nada, la colaboración de dos personas: la "mujer" y su "linaje". Esto está revelado en el libro del Génesis: "Pondrá enemistad entre tú y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: ella te aplastará la cabeza..."
(Gén 3:15), Este pasaje de la Escritura prefigura a María con su divino Hijo, en la promesa de la victoria sobre la serpiente. Revela la voluntad de Dios de que la "mujer" comparta el mismo "enemigo" (oposición absoluta), entre ella misma y la serpiente, al igual que lo hace su linaje", Jesucristo. Esta gran lucha y victoria sobre la serpiente prefigura el trabajo divino de la redención llevada a cabo por Jesucristo, con la íntima colaboración de la Madre del Redentor en este trabajo Salvífico.
Esta "colaboración" o "cooperación" o "participación" de la Madre de Jesús con su Hijo en el trabajo redentor de salvación, está mencionado en la Iglesia como "corredención Mariana", o más específicamente, María está mencionada como "la Co-redentora con el Redentor". Siempre permanece como una participación secundaria y subordinada, y nunca la pone en un nivel de igualdad con el único Redentor, Jesucristo, ni tampoco quita absolutamente nada de la gloria de su Hijo. Dios escogió dar al hombre sus atributos y sus tareas. Dios es infinito, el compartir de si mismo no reduce su gloria, más bien le permite brillar más esplendorosamente.
La Anunciación (Lc 1:26-28) proclama la gran tarea de la salvación, y también descubre la participación de dos personas: El Redentor y la Madre de] Redentor. A la Virgen se le pide dar su libre y total consentimiento para concebir este hijo, Ella no es un mero recipiente pasivo del mensaje, sino que le da un rol activo, el cielo espera su libre elección. Es precisamente por su libre consentimiento de colaborar en el plan salvífico de Dios, por lo que se convierte en la Co-redentora.
La profecía de Simeón dada María, "y a tí misma una espada te atravesará el alma" (Lc 2:35), afirma la singular participación de María en el trabajo de la redención, puesto que le advierte que tendrá que sufrir un dolor indecible que atravesará su alma, para la salvación de la humanidad.
Juan 19:25 nos relata sobre la Madre de Jesús al pie de la cruz, perseverando con su Hijo en la terrible hora de la agonía, y con esto sufriendo, la muerte de su Hijo. Por tanto, también en su propio sufrimiento la Madre del Redentor participa en la misión redentora de Jesucristo, Esta es la "corredención Mariana", más perfectamente formulada en el término: "Co- redentora".
En la providencia misteriosa y misericordiosa de Dios, quiso que no solamente el hombre fuera redimido por la Sangre de Cristo, sino también darle una participación en la misión redentora de Jesús. María como nuestra "bondad" no hace a Dios menos bondadoso, tampoco su participación en el plan salvífico le quita a Jesús su rol excepcional como Redentor.
El Papa Juan Pablo II dijo en su discurso dado en el santuario Mariano de Guayaquil en 1985:
"María nos precede y nos acompaña, El silencioso itinerario que inicia con su Inmaculada Concepción y pasa por el 'sí' de Nazaret que la hace la Madre de Dios, encuentra en el Calvario un momento particularmente señalado. También allí, aceptando y asintiendo al sacrificio de su Hijo, es María la aurora de la Redención, Crucificada espiritualmente con su Hijo crucificado (cf. Gal 2:20), contemplaba con caridad heroica la muerte de su Dios, "consintiendo amorosamente en la inmolación de la Víctima que Ella misma había engendrado" (Lumen Gentium, 58) ... Efectivamente, en el Calvario, Ella se unió a si misma con el sacrificio de su Hijo que tendía a la formación de la Iglesia,_ su corazón materno compartía hasta el fondo la voluntad de Cristo 'de reunir en uno todos los hijos de Dios que estaban dispersos" (Jn 11:52). Habiendo sufrido por la Iglesia, María merecía convertirse en la Madre de todos los discípulos de su Hijo, la Madre de su unidad ... Efectivamente, el rol de María como Corredentora no cesó con la glorificación de su Hijo" (Inseg. VIII/I (1985) 318/319 [ORE 876:71).
Llamamos a María la Co-redentora, porque toda su vida fue un compartir en la misión redentora de su Hijo, la que llegó a su clímax al pie de la Cruz en el Calvario. Verdaderamente en el Calvario, la Madre de Jesús se convirtió, a través de sus sufrimientos con el Redentor, en la Madre de todos los pueblos,
Mediadora en la Escritura
Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres (cf. 1 Tm 2:5), pero todos los Cristianos estamos llamados a participar en la mediación de Jesucristo. Todos los bautizados participamos en la mediación de Cristo por medio de orar los unos por los otros. En nuestros obras de caridad y evangelización, "mediarnos" a Cristo a los demás. Dios le pidió a la Santísima Virgen María que tomara parte en la mediación de su divino Hijo de una manera única y privilegiada, como ninguna otra criatura.
El título de "Mediadora de todas las Gracias" es apropiado para María, simplemente porque de hecho le dio a Jesús su naturaleza humana. Al aceptar la invitación de ser su Madre, se convirtió en la "portadora de Dios" y por tanto nos medía a Jesucristo, autor de todas las gracias. Por tanto, la Anunciación (Lc 1:26-38) es un evento de mediación por parte de Nuestra Señora, al encontrarse a si misma "en medio", esto es, entre Dios y nosotros. Ella, sola, aceptó libremente si daba o no carne a la segunda persona de la Trinidad.
"Mediadora de todas las Gracias" es también un título que encaja a la Santísima Virgen, a la luz de Lucas 1:41, en la que la presencia física de María medía la gracia a Juan el Bautista aún no nacido, al llevarle la presencia del Redentor en su seno, resultando en la santificación del Bautista.
También vemos la mediación de María en las Bodas de Caná (cf. Jn 2:1-11), y más significativamente vemos los efectos de su mediación: "Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos".
Mientras nuestro Señor estaba muriendo en la Cruz, le dio a su Madre Virgen el nuevo rol como Madre de todos los Cristianos: "Mujer, ahí tienes a tu hijo!... Ahí tienes a tu madre!" (Jn 19:26-27). Al mandato del Señor, la Santísima Virgen se convierte la Madre de todos los Cristianos (y universalmente la Madre de todos los pueblos), y desde este momento es llamada a ejercitar sus deberes sobrenaturales como nuestra Madre espiritual. Esto con toda seguridad significa que tiene la tarea de alimentar a sus hijos, lo que hace mediando las gracias de la Redención de Cristo para la humanidad. Por tanto, es la "Mediadora de todas las Gracias".
Abogada en la Escrituras
El uso escriturístico del término "abogada", significa literalmente 1lamada a ayudar". Jesús y el Espíritu Santo son "Abogados" ante el Padre en el plan de la salvación humana; Jesús nos redime, el Espíritu Santo nos santifica. Decimos que María es Abogada, porque siempre intercede por nosotros orando ante su Hijo Jesucristo en nuestro favor.
Las escrituras manifiestan el rol de la Madre de Jesús en el plan de salvación, como la Abogada de las necesidades de la familia humana.
En el Antiguo Testamento, la gran tradición de la "Reina Madre", manifiesta el rol de la madre del Rey David como la principal Abogada del pueblo de Israel ante su hijo, el rey (Cf. 1 R 2:19). Esto prefigura hermosamente el rol de María como Abogada, para cuando Jesucristo, el Rey de reyes entre en la historia humana, así también María, la "Reina Madre" de] Nuevo Testamento, se convierte en la Abogada del Pueblo de Dios, María fue nuestra Abogada en la Anunciación, cuando aceptó participar, por nosotros, en el plan de Dios para la salvación del género humano (Cf. Lc 1:26-38).
Nuestra Señora también manifestó su abogacía en las bodas de Caná (Cf. Jn 2: 1-11), en donde intercedió por una necesidad específica de la gente durante las bodas, y como Abogada consiguió obtener de su Hijo lo que era necesario (cf. Jn 2:8-10). El Papa Juan Pablo II refiriéndose a este pasaje de la Escritura, dice que María es la "vocera de la voluntad de su Hijo", y que "Ella sabe que puede decirle a su Hijo las necesidades de la humanidad, y de hecho, tiene el 'derecho' de hacerlo así" (cf. Redemptoris Mater, n. 2 1 ).
En Pentecostés, María intercede "en oración" como nuestra Abogada para la venida del Espíritu Santo, nuestro Abogado divino. (cf. Hech 1:14).
En Juan 19:26, María nos es dada como Madre. Como Madre de todos los Cristianos ejercita su rol de Abogada del pueblo de Dios, un rol que no cesa después de su Asunción a los cielos. El Vaticano Segundo declara: "Por su maternal, cuida de la hermandad de su Hijo, misma que aún viaja en la tierra rodeada dé peligros y dificultades, hasta que sea conducida a la casa santa" (Lumen Gentium, n. 62).
¿Encontramos sustentación en la fe de la Iglesia primitiva para este Dogma propuesto?
Co-redentora en la Iglesia primitiva
El rol corredentivo de María con nuestro Señor en la obra de la redención, surge como un tema importante en la Iglesia primitiva, empezando con San Justino y San Ireneo en el Siglo II. Usaron la imagen del "Nuevo Adán" (Jesús) y de la "Nueva Eva" (María): La vida de la gracia, que el primer Adán y la primera Eva juntamente perdieron para la humanidad, fue juntamente restablecida por el Nuevo Adán y la Nueva Eva, La virgen Eva, cooperó internamente con Adán, a través de su desobediencia, en el pecado que perdió la vida de la gracia para la familia humana (cf. Gén 3:6); la Virgen María, con su obediencia al Padre (Cf. Lc 1:38), cooperó interiormente con Jesucristo, el Nuevo Adán, en la salvación de la familia humana a través de su redención.
La participación sin igual de María en la redención de la raza humana como la Nueva Eva, fue la enseñanza universal Cristiana en la Iglesia primitiva. De hecho, el gran erudito Patrístico, John Henry Newman, dijo que "en el tiempo de Sn, Jerónimo (331-420), el contraste entre Eva y María habla casi pasado a ser un proverbio". Sn, Jerónimo anotó: "Per Evam mors, per Mariam vita" ("A través de Eva la muerte, a través de María la Vida").
Mediadora en la Iglesia primitiva
Para el siglo cuarto, los Padres de la Iglesia manifestaron un profundo entendimiento de la función de María como Mediadora. Sn. Efraín dijo refiriéndose a la Santísima Virgen: "Con el Mediador, tu eres la Mediadora del mundo entero" (S. Ephaem, Syri opera graeca et latine, ed, Assemani, v. 3, Romae, pp. 525, 528-9, 532), En uno de sus más grandes sermones Marianos de la antigüedad, Sn. Cirilo de Alejandría dijo: "Dios te salve María Theotokos, venerable tesoro del mundo ... es a través de ti que la Santísima Trinidad es glorificada y adorada...a través de quien el tentador, el demonio es arrojado del cielo, a través de quien la criatura caída es elevada al cielo, a través de quien toda la creación una vez aprisionada por la idolatría, ha llegado al conocimiento de la verdad, a través de quien el santo bautismo ha llegado a los bautizados a través de quien las naciones son llevadas al arrepentimiento..." (Hom. In Deiparam, PG 65, p, 68l), Antipadre de Bostra, otro Padre del Concilio de Efeso (43l), escribió: "Dios te salve a ti que gustosamente intercedes como una Mediadora para la humanidad".
Sn. Andrés de Creta, Sn. Juan Damasceno, Sn, Germano de Constantinopla, Sn, Pedro Damián, Sn. Bernardo de Clairvaux y Sn. Bernardino de Siena, hablaron, ya sea explícitamente de María como Mediadora de todas las Gracias, o explícitamente de la mediación Mariana, Tales menciones se han vuelto cada vez más frecuentes por Doctores de la Iglesia, místicos, santos y escritores a través de la Edad Media hasta la era moderna. Por ejemplo, Sn. Bernardo de Claivaux aseveró: "Dios ha querido que no recibamos nada que no haya pasado por las manos de María" (Hom, III in vig. Nativit., n. 10, PL 183, 100).
Abogada en la Iglesia primitiva
La Iglesia primitiva fue rápida en confirmar el rol de María como Abogada en el plan de salvación de Dios. Ya para el Siglo II Sn, Irineo había dicho: "Y mientras Eva habla desobedecido a Dios, María fue persuadida de obedecer a Dios, tal que la Virgen María se convierta en abogada (advocata) de la virgen Eva" (Adversus Haereses V, C. 19, l), Sn. Efraín llamó a María la "Abogada amigable de los pecadores" (S, Ephaem Syri tesfim, de B.V.M. mediatione, Ephemerides Theologicae Lovanienses, IV, Fasc. 2, 1927). Otros Padres de la Iglesia que se refieren a la abogacía de María fueron: Sn. Germano de Constantinopla, Sn. Romanos el cantante y Bernardo de Clairvaux.
También debe anotarse que las antiguas oraciones Marianas manifestaban confianza en el poder de intercesión maternal de María, en tiempos difíciles para su hijos espirituales en la fe. Una de tales oraciones fue la de Sub Tuum (Siglo I): "Bajo tu amparo nos acogemos ¡Oh Santa Madre de Dios!, no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todos los peligros ¡Oh Virgen gloriosa y bendita!".
La abogacía de María no implica de ninguna manera que no podamos rezar directamente a Dios por nosotros mismos; más aún, Jesús mismo nos enseñó a rezar a "Nuestro Padre" que está en los cielos. No obstante, los Cristianos han conocido desde hace mucho tiempo la poderosa intercesión de Nuestra Señora ante Dios, y por tanto, han invocado desde los primeros días de la Iglesia a la Madre de Jesús para que una sus oraciones a las de sus hijos, como se puede ver en la oración de Sub Tuum.
¿Cuál es la exposición razonada para este Dogma?
Los Padres del Concilio Vaticano II aseveraron manifiestamente, que su tratamiento a la Madre de Jesús no constituía una "doctrina completa sobre María", puesto que esa no era su intención. Por tanto, Vaticano II reconoció la necesidad de una mayor clarificación y desarrollo teológico, para completar la doctrina sobre María. (cf. Lumen Gentium, n.54).
El cuerpo de la doctrina Mariana permanecerá incompleta, hasta que la Iglesia presente un dogma que defina directamente la naturaleza del rol de María con el Redentor en la obra de nuestra salvación, y su relación con nosotros como la Madre de todos los Cristianos. Los primeros cuatro Dogmas Marianos definen las verdades que identifican los dones y prerrogativas personales de Nuestra Señora (Madre de Dios, Virginidad Perpetua, Inmaculada Concepción y Asunción Gloriosa). Aún tenemos que definir la verdad total sobre la Madre del Redentor en su relación con nosotros, con la Iglesia y de su participación en la redención al servicio de la Iglesia.
Adicionalmente, este nuevo Dogma Mariano traerá grandes beneficios a la Iglesia, particularmente con respecto a la relación de cada persona con la Madre del Redentor. La definición proveerá una fundamentación urgentemente requerida para el afluencia de la devoción Mariana contemporánea, la que sin bases dogmáticas corre el peligro de extremos devocionales, ya sea 'Talsa exageración" o "una actitud demasiado sumaria" (cf. Lumen Gentium, n. 67). El auténtico amor a María como una devoción, debe estar firmemente fundado en la verdad sobre María como un dogma.
Tenemos hoy en día las muy ricas enseñanzas del Pontífice actual sobre María, el Papa Juan Pablo II, con especial atención dada a la corredención y mediación de María. Contamos también con las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la corredención y mediación Mariana, claramente manifiestas en Lumen Gentium, no. 56-62. Adicionalmente, estas mismas verdades doctrinales están presentes en la rica tradición del magisterio papal de los Siglos XIX y XX. Agregados a esto, están las muy distinguidas voces de dentro de la Iglesia que están pidiendo la definición solemne, incluyendo a más de 500 obispos, 44 cardenales y aproximadamente 4.8 millones de peticiones de fieles Católicos de 157 países de los 5 continentes.
Como hay una gran efusión de gracias posterior a cualquier dogma de la Iglesia, la proclamación solemne de la Santísima Virgen María como Co-redentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada, también será una ocasión de grandes gracias para la Iglesia y para el mundo, derramadas por Ella, que es verdaderamente la Madre de todos los pueblos. Estos títulos, que están doctrinalmente establecidos, deberían ser proclamados como un dogma para la mayor gloria y honor de Dios, para el incremento de reverencia y honor debido a su Madre, y para el incremento de nuestra propia disposición para recibir la gracia de Dios.
Finalmente, debemos hacemos esta pregunta muy apropiada mientras llegamos al umbral del Tercer Milenio: ¿Cómo podemos celebrar adecuadamente la Encarnación de nuestro Señor en el Año 2000, sin honrar adecuadamente a la mujer y madre que lo hizo posible?
¿La designación de María como Co-redentora o Mediadora de todas las Gracias distrae de la singularidad y de la suficiencia de Jesucristo, el único Redentor y el único Mediador?
Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre redime a la familia humana, mientras que María como Co-redentora, participa con el Redentor en su único perfecto Sacrificio de una manera completamente subordinada y dependiente. La palabra clave aquí es "participación" en aquello que es exclusivamente verdad de Jesucristo. El título de "Co-redentora" nunca pone a María a nivel de igualdad con nuestro Señor; al contrario, se refiere a la participación única e íntima de María con su Hijo divino en la obra de la redención. "Co-redentora" es una palabra latina; el prefijo "co" en este título, se deriva de la palabra del Latín "cum", que significa "con", no "igual a". Los sufrimientos de María son eficaces para la redención del hombre, porque están totalmente enraizados en las gracias redentivas de Cristo y unidas a Su voluntad redentora.
Igualmente, como Mediadora, la Madre de Jesús no "rivaliza" con la mediación de Cristo, sino más bien participa en la única mediación de Jesucristo. Imaginemos el agua de un estanque que llega a la gente a través de un sistema de acueductos o canales. Por analogía, Jesús es el "estanque" infinito de toda gracia, la cual nos es distribuida a través de María. Jesús, el único mediador, no excluye mediadores secundarios y subordinados. En la audiencia del Miércoles 1 de Octubre de 1997, el Papa Juan Pablo II habla sobre este tema específico:
"La mediación maternal de María no obscurece la única y perfecta mediación de Cristo. En verdad, después de llamar a María 'Mediadora', el Concilio es cuidadoso de explicar que esto "Ni toma nada ni agrega nada a la dignidad y eficacia de Cristo el único Mediador' (Lumen Gentium, n. 62) ... Adicionalmente, el Concilio establece que 'la funci6n de María como Madre del hombre de ninguna manera obscurece o disminuye esta única mediación, sino más bien, muestra su poder' (Lumen Gentium, n. 60).
"Por tanto, lejos de ser un obstáculo al ejercicio de la única mediación de Cristo, María más bien pone de relieve su fecundidad y eficacia ... Al proclamar a Cristo el único mediador (cf. 1 Tm 2:5-6), el texto de la Carta de San Pablo a Timoteo excluye cualquier otra mediación paralela, pero no la mediación subordinada. De hecho, enfatizando la única exclusiva mediación de Cristo, el autor urge 'que súplicas, oraciones, intercesiones y agradecimientos sean hechos por todos los hombres (2:1). ¿No son acaso las oraciones una forma de mediación? En verdad, de acuerdo a Sn. Pablo, la mediación única de Cristo estimula otras formas de mediación dependientes y ministeriales. Al proclamar la singularidad de la mediación de Cristo, el Apóstol intenta únicamente excluir cualquier mediación autónoma o rival, y no otras formas compatibles con el valor infinito de la obra del Salvador.
"De hecho, 'así como el sacerdocio de Cristo es compartido de varias maneras tanto con los ministros como con los fieles, y como la bondad de Dios es radiada de diferentes manera entre sus criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino más bien hace surgir una co-operación múltiple que no es otra cosa que la participación de la misma fuente' (Lumen Gentium, n.62) ... En verdad, ¿qué es la mediación maternal de María sino un regalo del Padre para la humanidad' (Papa Juan Pablo II, 1 de Octubre de 1997).
¿Qué efectos tendrá este Dogma en el Ecumenísmo?
La meta de un auténtico Ecumenismo, como nos lo recuerda el Papa Juan Pablo II en Ut Unum Sint, n. 77, es el restablecer la unidad total visible entre todos los Cristianos en la totalidad de la Fe Católica y Apostólica: "El mayor entendimiento mutuo y las convergencias doctrinales que se han logrado entre nosotros, que han resultado en un crecimiento afectivo y efectivo en la comunión, no puede ser suficiente para la conciencia de los Cristianos que profesan que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica. La meta última del movimiento ecuménico es restablecer la unidad total visible entre todos los bautizados".
En el terreno del ecumenismo, esta última meta ecuménica sirve como el criterio propio por el cual debemos juzgar la legitimidad, o la falta de ésta, de un propuesto nuevo Dogma. La plenitud de la verdad doctrinal Católica, la que necesariamente incluye la verdad total sobre María, lejos de ser un obstáculo para el ecumenismo, es de hecho el fundamento mismo de la verdadera unidad Cristiana. Cualquier entendimiento del ecumenismo como requiriendo, o aún estimulando, la reducción o minimización de la verdad doctrinal como está definida y enseñada por la Iglesia, la que necesariamente incluye el dominio de la doctrina Mariana, puede ser considerada solamente una especie lamentable de "pseudo-ecumenismo", Como tal, irónicamente se convierte en el verdadero obstáculo de la auténtica y perdurable unión Cristiana, porque diezma los fundamentos mismos del éxito esencial ecuménico.
El Papa Juan Pablo II escribe: "La comunión total tendrá que darse, desde luego, a través de la aceptación de la verdad total dentro de la cual el Espíritu Santo guía a los discípulos de Cristo. Por tanto, todas las formas de reduccionismo o de fácil 'acuerdo o pacto' debe ser absolutamente evitado" (Ut Ununi Sint, n. 36); y más aún: "La unidad querida por Dios puede ser alcanzada sólo por la adhesión a todo el contenido de la fe revelada en su totalidad. En materia de fe, transigir está en contradicción con Dios que es Verdad. En el Cuerpo de Cristo, 'el Camino, la Verdad y la Vida' (Jn 14:6), ¿quién puede considerar legítima una reconciliación lograda a expensas de la verdad?" (Ut Unum Sint, n, 18); y nuevamente: "El sostener una visión de unidad que tome en cuenta todas las demandas de la verdad revelada, no significa poner un freno al movimiento ecuménico. Al contrario, significa prevenirlo del establecimiento de soluciones aparentes que conduzcan a resultados no firmes ni sólidos. La obligación de respetar la verdad es absoluta. ¿No es acaso ésta la ley del Evangelio?" (cf. Ut Unum Sint, n.79; cf. Alocución dada a los Cardenales y la Curía Romana (28 de Junio de 1985), 6:AAS 77 (1985), 1153).
Una formulación dogmática precisa de este Dogma Mariano distinguirá, ciertamente, el rol corredentívo secundario y subordinado de la Santísima Virgen María en la obra de la redención, del único triunfo redentor del Salvador, una distinción que algunas veces se percibe por otros Cristianos como faltante en la teología y piedad Católica. Este beneficio ecuménico inmediato resultante de una solemne definición, está nítidamente resumido en la carta del Cardenal O'Connor de New York, apoyando el Dogma: "Evidentemente, una definición formal sería enunciada en una tan precisa terminología, que otros Cristianos perderían su inquietud de que no sabemos distinguir adecuadamente entre la excepcional asociación de María con la redención y el poder redentor ejercido por Cristo solo".
El verdadero ecumenismo, que está cimentado en oración y caridad fraternal, implica necesariamente el entendimiento de la posición de cada quien. Puesto que el Dogma no introduce ninguna doctrina nueva, debemos esperar que conducirá a un aumento en el entendimiento mutuo de las verdades que ya existen.
La búsqueda Católica de este nuevo Dogma Mariano es eminentemente ecuménica, Busca el reconocer y utilizar el poder total de mediación de Nuestra Señora, como Madre de la familia Cristiana, precisamente para unirnos, a nosotros sus hijos, en el único Cuerpo de Cristo.
¿Qué piensa el Magisterio de la Iglesia de la propuesta de este Dogma?
No ha existido ninguna declaración oficial del magisterio del presente Pontífice, refiriéndose específicamente de si y cuando declarará este Dogma, ni tampoco esperamos tal declaración, hasta que el Vicario de Cristo esté listo para hacerlo. Aún así, las muy extensivas catequesis del Santo Padre sobre la corredención, mediación y abogacía Mariana les da a aquellos que proponen el Dogma, el estímulo e ímpetu necesario para continuar sus esfuerzos en tener estas prerrogativas Marianas definidas como dogma.
De hecho, los fieles Cristianos son animados por el Santo Padre a continuar su rol en el progreso de la doctrina Mariana:
"La Mariología es un campo particular de la investigación teológica: en él, el amor de los Cristianos por María intuye, frecuentemente con anticipación, ciertos aspectos del misterio de la Santísima Virgen, llamando hacia estos la atención de los teólogos y pastores ... El rol particular de la grey Cristiana emerge al irse desarrollando la Mariología. Coopera, por la afirmación y testimonio de su fe, en el progreso de la doctrina Mariana, la que no es sólo el trabajo de teólogos, aún si su tarea es indispensable para profundizar y explicar claramente los datos de fe y la experiencia Cristiana en si misma" (Papa Juan Pablo II, L'Osservatore Romano, edición semanal en Inglés, 15 de Noviembre de 1995, p.1).
En Junio de 1997, una comisión teológica emitió una opinión negativa sobre la posibilidad de la definición del dogma sobre la mediación maternal de María, La comisión estaba compuesta de quince teólogos Católicos, además de otros no Católicos incluyendo un Anglicano, un Luterano y tres Ortodoxos, Varias de las conclusiones de la comisión fueron corregidas por Juan Pablo II, en sus audiencias de los Miércoles 24 de Septiembre y 1 de Octubre de 1997. Aunque el Papa no se refirió directamente a la comisión, sus enseñanzas estuvieron en completo contraste con las conclusiones de aquella.
Sabemos también por la historia reciente de la Iglesia, que varias comisiones teológicas asesoras solicitadas por la Santa Sede, han llegado a conclusiones que finalmente no fueron aceptadas por la misma. El ejemplo más radical, fue la comisión teológica pedida por la Santa Sede para examinar el asunto del control artificial de la natalidad, de la que las conclusiones fueron anuladas por el Papa Paulo VI cuando reafirmó en 1968, en su Encíclica Humanae Vitae, las constantes enseñanzas de la Iglesia contra el control artificial de la natalidad.
Una investigación mucho más completa y concienzuda en las posibilidades teológicas de este Dogma Mariano, fue conducida por otra asociación de teólogos y mariólogo, procedentes de varios continentes, muchos países y tres comunidades Cristianas. Sus hallazgos quedaron en favor de una definición y han sido publicados en dos volúmenes dedicados al tema de la Mediación Maternal de María: María Co-redentora, Mediadora y Abogada: Bases Teológicas, ¿Hacia una Definición Papal?, y, María Co_ redentora, Mediadora y Abogada: Bases Teológicas 11, Papales, Pneumatológicas y Ecuménicas (1995 y 1997 respectivamente), Queenship Publishing, Santa Bárbara, CA).
En 1997 apareció una racha de reportes conflictivos en los medios, en respuesta a una declaración hecha el 18 de Agosto por el vocero del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, relativo a este posible Dogma Mariano, Kenneth L. Woodward, Editor sobre Religión de la revista Newsweek, corrigió los reportes erróneos del llamado "anuncio oficial" de la Santa Sede, de que el Papa no proclamaría el dogma: 'Primero, nadie en el Vaticano ha dicho públicamente que él no lo hará. Esta sola frase faxeada al Newsweek, es la declaración más firme de aquel cuartel en respuesta a mi indagación, hecha por Navarro-Valls, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, y que fue recibida después de la publicación del artículo en el Newsweek: 'No hay estudio en proceso en este momento en el tiempo, por el Santo Padre Juan Pablo II o por la Congregación de la Doctrina de la Fe en la materia, sobre la posibilidad de una definición papal en este tema , ".
Algunos editoriales tomaron esta declaración significando que el Papa "no definirá el dogma". De alguna manera la prensa interpretó las palabras "no hay estudio en proceso en este momento en el tiempo", como implicando "no definirá el dogma". Esa distinción es clave, porque la última, (la interpretación de los medios), conota que la decisión del Santo Padre ha sido tomada, mientras que la primera (la declaración del Vaticano), simplemente declara que el asunto no está bajo estudio "en este momento en el tiempo".
Sigue siendo la misión de Vox Populi Mariae Mediatrici el hacer exactamente lo que el Magisterio Papal de nuestro Santo Padre nos invita a hacer: "Cooperar, por medio de la afirmación y testimonio de su fe, en el progreso de la doctrina Mariana", en "llamar la atención de teólogos y pastores" al "misterio de la Santísima Virgen". En obediencia, esperamos la decisión final y autorizada del Pontífice sobre el Dogma potencial, De ninguna manera la campaña de peticiones es una iniciativa "democrática". Aquellos que firman la petición desean que el Dogma sea proclamado, pero solamente de acuerdo a la voluntad del Pontífice Romano.
¿Cuál es la urgencia por este Dogma?
El Dogma clarificará y definirá el contenido de la Fe Católica, especialmente cuando las enseñanzas del magisterio ordinario sobre María Co_-edentora, Mediadora y Abogada han sido actualmente socavadas en ciertas partes dentro de la Iglesia. El frenesí contemporáneo de la desinformación en los medíos en la prensa Católica en relación a estos roles, manifiesta la necesidad extrema de la definición papal.
La definición de cualquier dogma es acompañada por una efusión de gracias de Dios, de la que la Iglesia y el mundo de hoy están en urgentísima necesidad. La recientemente fallecida Madre Teresa de Calcuta escribió: "La definición papal de María como Co-redentora, Mediadora y Abogada, traerá grandes gracias a la Iglesia". De hecho, este Dogma también incrementaría nuestra disposición para recibir las gracias que Dios quiere darle a la humanidad, puesto que nuestra capacidad de recibir la gracia depende de nuestra humildad. Somos humildes cuando honramos "los medios" que Dios escoge para prodigar sus gracias sobre nosotros, y cuando somos agradecidos no sólo con Dios, sino también con todas la criaturas que libremente nos ayudan.
Muchos creen que este Dogma Mariano iniciará el Triunfo de nuestra Santísima Madre sobre Satanás, como está profetizado en el Génesis y en Fátima, Es la llave que abre las gracias del Triunfo, Sus títulos son sus obras, sus títulos son sus funciones, y la solemne proclamación de los títulos de nuestra Madre conducirán a la liberación total de sus más poderosas funciones santificantes de gracia y paz, sobre las muchas crisis experimentadas en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Le permitirá interceder con la máxima mediación posible dada a Ella por Dios para este Triunfo, en favor de la Iglesia y de la humanidad.
La consagración del mundo al Corazón Inmaculado, inclusive de Rusia, fue consumada, cumpliendo la petición de Nuestra Señora del Rosario en Fátima. ¿Porqué fue tan importante? Porque le permitió a nuestra Santísima Madre el interceder de una manera poderosa. Ella respeta nuestra libertad al igual que Dios Padre nos la respeta, Nuestra Madre Celestial está limitada por nuestra libertad a ejercer en su plenitud el poder de mediación e intercesión dado por Dios. Debemos reconocerla libremente como la Madre de todos los Pueblos, Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada, para que pueda ejercer con plenitud estos roles en favor de nosotros en este parte aguas de la historia de la humanidad, por las muchas crisis experimentadas en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Entre estas gracias, estará la gracia necesaria para una auténtica unidad Cristiana y la reafirmación de la autoridad del Magisterio papal para el fruto de una mayor unidad eclesial.
Arca de la Alianza
En el Antiguo Testamento, el Arca de la Alianza (Exodo 25, 2 Samuel 6), era el lugar de la presencia de Dios.
Los Israelitas llevaban el Arca de la Alianza en las batallas para tener con ellos el poder de Dios. El Arca derrumbó las murallas de Jericó (Josué 6); derrotó a los filisteos en muchas batallas (Números 10, 35).
La Virgen María es la madre de Dios. Es por eso que, de forma análoga, llamamos a la Virgen el Arca de la Nueva Alianza, pues ella es la theotokos, la portadora de Dios en su bendito vientre.
El Apocalipsis, capítulo 12, la mujer es el Arca de la Alianza. Esta es la Iglesia y también es María, que hace batalla contra el Dragón.
Las sagradas Escrituras celebran la belleza del Carmelo, donde el profeta Elías defendió la pureza de la fe de Israel en el Dios vivo. En el siglo XII, algunos eremitas se retiraron a aquel monte, constituyendo más tarde una Orden dedicada a la vida contemplativa, bajo el patrocinio de la Virgen María. Ver: Nuestra Señora del Carmen
María, antes de concebir corporalmente, concibió en su espíritu
De los sermones de San León Magno, papaSermón 1 en la Natividad del Señor, 2. 3: PL 54, 191-192
Dios elige a una virgen de la descendencia real de David; y esta virgen, destinada a llevar en su seno el fruto de una sagrada fecundación, antes de concebir corporalmente a su prole, divina y humana a la vez, la concibió en su espíritu. Y, para que no se espantara, ignorando los designios divinos, al observar en su cuerpo unos cambios inesperados, conoce, por la conversación con el ángel, lo que el Espíritu Santo ha de operar en ella. Y la que ha de ser Madre de Dios confía en que su virginidad ha de permanecer sin detrimento. ¿Por qué había de dudar de este nuevo género de concepción, si se le promete que el Altísimo pondrá en juego su poder? Su fe y su confianza quedan, además, confirmadas cuando el ángel le da una prueba de la eficacia maravillosa de este poder divino, haciéndole saber que Isabel ha obtenido también una inesperada fecundidad: el que es capaz de hacer concebir a una mujer estéril puede hacer lo mismo con una mujer virgen.
Así, pues, el Verbo de Dios, que es Dios, el Hijo de Dios, que en el principio estaba junto a Dios, por medio del cual se hizo todo, y sin el cual no se hizo nada, se hace hombre para librar al hombre de la muerte eterna; se abaja hasta asumir nuestra pequeñez, sin menguar por ello su majestad, de tal modo que, permaneciendo lo que era y asumiendo lo que no era, une la auténtica condición de esclavo a su condición divina, por la que es igual al Padre; la unión que establece entre ambas naturalezas es tan admirable, que ni la gloria de la divinidad absorbe la humanidad, ni la humanidad disminuye en nada la divinidad.
Quedando, pues, a salvo el carácter propio de cada una de las naturalezas, y unidas ambas en una sola persona, la majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible, Dios verdadero y hombre verdadero se conjugan armoniosamente en la única persona del Señor; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres pudo a la vez morir y resucitar, por la conjunción en él de esta doble condición. Con razón, pues, este nacimiento salvador había de dejar intacta la virginidad de la madre, ya que fue a la vez salvaguarda del pudor y alumbramiento de la verdad.
Tal era, amadísimos, la clase de nacimiento que convenía a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios; con él se mostró igual a nosotros por su humanidad, superior a nosotros por su divinidad. Si no hubiera sido Dios verdadero, si no hubiera podido remediar nuestra situación; si no hubiera sido hombre verdadero, no hubiera podido darnos ejemplo.
Por eso, al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Gloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Ellos ven, en efecto, que la Jerusalén celestial se va edificando por medio de todas las naciones del orbe. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso?
El Santo RosarioEs un sacramental que nos ayuda en la oración, es arma poderosa entregada por la Virgen María, es recomendado por los Papas y rezado por innumerables santos."Recitar el santo rosario, en efecto, es en realidad contemplar con María el rostro de Cristo" -Rosarium Virginis Mariae #3
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El Secreto Admirable del Santísimo RosarioS. Louis María Grignon de Montfort Testimonios del Poder del Rosario Rosario: Arma poderosaLepanto: El Rosario y la Victoria, 1571Pontmain: El rosario trae paz entre Francia y Prusia, 1871Hiroshima: Con el rosario salen ilesos de explosión atómica Austria: El Rosario Protege a Austria del Comunismo, 1955Filipinas salvada por el Rosario, 1646 y 1986Perú: Paz por el Rosario, 1992Padre Pío y otros devotos sobre el rosarioExhortaciones de la Virgen a favor del rosario El Santo Rosario.info
"Como continuación del pensamiento de nuestros predecesores, deseamos recomendar fervientemente la recitación del Rosario familiar… No cabe duda de que… el Rosario debe ser considerado como una de las mejores y más eficaces oraciones comunitarias a que pueda ser exhortada la familia cristiana"-Papa Juan Pablo II en Familiaris Consortio
"El Rosario, en efecto, en su sencillez y profundidad, es un verdadero compendio del Evangelio y conduce al corazón mismo del mensaje cristiano: «Tanto amó Dios al mundo que dió a su Hijo único, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16)." Amor que aparece ya inmediatamente del primer pecado: "Ella aplastará tu cabeza". -JPII a los jóvenes en su visita a España, 3 Mayo 2003
BIENVENIDOS A ESTA VENTANA DE ESPERANZA Y OPTIMISMO PARA LA VIDA. NO SÓLO VAS A CREER EN DIOS... VAS A QUERER FORMAR PARTE DE ESTA ALIANZA PARA DESCUBRIR LA VERDADERA FELICIDAD Y EL SENTIDO DE TU EXISTENCIA. Aquí hay: Homilías, Testimonios de Fe, Relatos e historias, Propuestas para ayudarnos comprometidos con la palabra de Dios por un mundo mejor. "Cuando 2 o más personas se unen en Dios, las tristezas disminuyen y las alegrías se multiplican" AÑO 2011
jueves, 23 de abril de 2009
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JUAN PABLO II
Nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Su familia estaba conformada por su padre Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro, su madre, Emilia Kaczorowsky, una joven sileciana de origen lituano, y un hermano adolescente de nombre Edmund.
Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los pocos días de nacer en la iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941 murió su padre.
De joven, el futuro Pontífice mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias polacas tan grande que aún en el colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología y lingüística polaca. Sin embargo, un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que tenía impresa -entonces aún sin develarse plenamente- en el corazón: el sacerdocio.
Al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta situación, Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera. Según relata el hoy Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.
El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense".
El 23 de setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco. Asistió al Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios de distracción y aventura al aire libre.
El 13 de enero de 1964 falleció Monseñor Baziak por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.
En junio de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974, el nuevo Purpurado ordenó a 43 nuevos presbíteros, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
En 1978 muere Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani, de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa", sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.
Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los pocos días de nacer en la iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941 murió su padre.
De joven, el futuro Pontífice mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias polacas tan grande que aún en el colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología y lingüística polaca. Sin embargo, un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que tenía impresa -entonces aún sin develarse plenamente- en el corazón: el sacerdocio.
Al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta situación, Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera. Según relata el hoy Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.
El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense".
El 23 de setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco. Asistió al Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios de distracción y aventura al aire libre.
El 13 de enero de 1964 falleció Monseñor Baziak por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.
En junio de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974, el nuevo Purpurado ordenó a 43 nuevos presbíteros, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
En 1978 muere Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani, de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa", sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.
JUAN PABLO II EN ARGENTINA
Visitas de Juan Pablo II a la Argentina
Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» y «tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus trece visitas hasta el presente».
11 de junio
A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.
En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció un alocución e impartió la bendición a los presentes.
En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.
Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.
Sábado 12
El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que le dirigió un mensaje a puertas cerradas.
Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.
Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».
Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987
En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Lunes 6 de abril
En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».
Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la catedral metropolitana, distante 8, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.
Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.
Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.
Martes 7 de abril
Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.
El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo caracter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».
Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor Candido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 465 kilómetros, donde pasó la noche.
Miércoles 8 de abril
En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose a la catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.
Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.
Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.
Jueves 9 de abril
Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.
Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».
Por la tarde viajó a Paraná, que dista 510 kilómetros. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.
Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.
Viernes 10 de abril
El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.
Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la catedral de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.
Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su vida, el obispo de San Justo, monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.
Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.
Sábado 11 de abril
A las 8 de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 204 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M. López, le dió la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.
Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.
Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Italo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.
A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.
Domingo 12 de abril
El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.
Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.
El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa ·«envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.
Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Angelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.
Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.
Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.
Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.
Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» y «tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus trece visitas hasta el presente».
11 de junio
A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.
En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció un alocución e impartió la bendición a los presentes.
En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.
Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.
Sábado 12
El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que le dirigió un mensaje a puertas cerradas.
Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.
Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».
Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987
En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Lunes 6 de abril
En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».
Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la catedral metropolitana, distante 8, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.
Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.
Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.
Martes 7 de abril
Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.
El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo caracter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».
Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor Candido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 465 kilómetros, donde pasó la noche.
Miércoles 8 de abril
En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose a la catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.
Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.
Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.
Jueves 9 de abril
Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.
Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».
Por la tarde viajó a Paraná, que dista 510 kilómetros. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.
Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.
Viernes 10 de abril
El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.
Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la catedral de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.
Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su vida, el obispo de San Justo, monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.
Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.
Sábado 11 de abril
A las 8 de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 204 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M. López, le dió la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.
Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.
Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Italo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.
A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.
Domingo 12 de abril
El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.
Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.
El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa ·«envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.
Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Angelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.
Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.
Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.
Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.
SAN CAYETANO
Santuario de San Cayetano | +54 11 4641-0583 o +54 11 4641-1572 | Cuzco 150 | Buenos Aires | Argentina | santuario@sancayetano.org.ar.
ORACIÓN A SAN CAYETANO
Oración a San Cayetano Glorioso San Cayetano, Tú pasaste por la vida viendo a Cristo en los hermanos, especialmente a los más necesitados, y experimentaste la asistencia providencial de Dios. Ayúdanos a construir una sociedad en la que todos participemos con nuestro trabajo y podamos reencontrar los valores que nos fueron arrebatados: la solidaridad, el respeto, el bien común, la honestidad y la alegría.
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