ramal: católico apostólico romano.

jueves, 25 de junio de 2009

LAS CAMPANAS, SÍMBOLO DE DIOS.

La campana es un instrumento musical en forma de copa invertida. Se divide en tres partes: jubo, copa y badajo.
El jubo es de madera; también los hay de hierro. Lleva unos tirantes sujetos con unas tuercas y en cada extremo, se hallan incrustados los ejes, que descansan dentro de unos cojinetes; uno exterior, de madera, y otro interior, de metal.
La copa es generalmente de bronce. El badajo es una pieza metálica que cuelga de su centro y sirve para tocarla; los hay también de madera. La pera o coronilla es de hierro macizo.
La sonoridad de las campanas depende de la mezcla de sus metales, que debe estar constituida por un bronce compuesto de cobre con un 25% de estaño. Como el bronce se oxida, toda campana de más de diez años de fundida presenta el conocido color oscuro.
Se atribuye el nombre de las campanas a la Campania de Italia, por haberse empezado a fundir allí las campanas más grandes y de mayor calidad en bronce.
En la época de los romanos, indicaban la apertura del mercado y la hora de los baños; avisaban el paso de los criminales al suplicio, la aproximación de un eclipse y otros acontecimientos. Además, se colgaban en el cuello de las bestias como amuleto para ahuyentar a los lobos.
Durante los años 604 a 606, se mandó que en todas las iglesias católicas se colocaran campanas que tocaran en los Divinos Oficios, misas solemnes y festividades.
Al crecer el número de campanas y el volumen de las mismas, se vio la necesidad de construir torres para colocarlas debidamente y que su sonoridad pudiera esparcirse más.
Una disposición canónica dice que las catedrales deben tener cinco o más campanas; las parroquias, dos o tres; y las iglesias de órdenes mendicantes u oratorios particulares, una.
Las campanas son propiedad de las iglesias, cualesquiera que sean sus donadores, si han recibido la consagración episcopal, que las convierte en cosas eclesiásticas. Antes de dedicar las campanas al culto, la Iglesia acostumbra bendecirlas con un rito especial; es incorrecto decir "bautizarlas".
Los Concilios celebrados en el Siglo XVI prohibieron que las campanas se destinaran a otros usos que los religiosos, pero se dispensó de tal prohibición en casos de utilidad pública, anunciando fuego, mal tiempo y otras emergencias.
Las campanas son voces perpetuas de las grandes ciudades que, desde la magnificencia de sus torres, llaman a los fieles. Sus toques han sido un medio de comunicación tradicional que transmite mensajes que la gente escucha y sabe interpretar, en los que lo religioso y lo civil están completamente mezclados.
Se conocen diversos tipos de toques de campanas:
Alba, o toque de la oración a la salida del Sol
Toque de oración
Toque de queda
Doble por el fallecimiento de personalidades
Toque vacante por el fallecimiento de prelados
Vuelo de campanas por festejos civiles
Toque de plegaria o rogativa
Toque de fuego El campanero es el anunciador que atrae a la Iglesia a una multitud de personas, cuando éstas oyen los sonidos acordes de las campanas.
No es cualquier cosa tocar una campana, ni es fácil su manejo. Repicar las campanas, doblarlas al viento y hacerlas cantar es, más que un oficio, un arte.
La profesión es ardua y no permite ensayo alguno; más bien se aprende de oído y con la práctica. Se dice que el campanero nace, no se hace. Por lo general, este oficio se hereda de padres a hijos.
Antiguamente los campaneros solían combinar su oficio con otro, como el de zapatero, que les permitiera subir a la torre las seis o siete veces que tenían que hacerlo al día. En lugares como Teruel, España, los campaneros viven todavía en la torre.
En los días Jueves Santo y Viernes Santo, las campanas enmudecen. Para señalar los actos del culto, se usa la carraca o matraca, una rueda de madera que, al dar vuelta, resuena produciendo un chirrido seco y extraño, que no obstante se percibe a bastante distancia.
En Zaragoza, por Semana Santa, mataban a las campanas. Decían que como Dios estaba muerto, las campanas morían también. Las ataban en posición horizontal y no sonaban hasta el Sábado de Gloria. En el Pilar mataban incluso a la campana Pilar, que era la que estaba en el centro.
Es famosa la campana de Velilla en Aragón, porque tañe sola, o mejor dicho lo hacía, porque ya hace siglos que nadie ha visto repetirse el prodigio. Perteneciente a la Iglesia de San Nicolás, se cuenta que en otro tiempo repicaba por sí sola cuando iba a ocurrir alguna desgracia, por lo que se le llamó la Campana del Milagro.
Además, en vez de moverse normalmente, el badajo repicaba en cruz, señalando los cuatro puntos cardinales. Se afirma que jamás fue posible detenerlo mientras estaba repicando.
Por el contrario, la campana de Saint-Gall, fundida por el monje Tanco para Carlomagno, no tañía jamás y su silencio era para castigar una grave falta del fundidor. Tanco había hecho una campana magnífica, pero no pudiendo resistir a la tentación, se había guardado la plata que debía entrar en su fundición, sustituyéndola por vulgar estaño.
Una vez colgada de su campanario, el campanero, el sacristán, los chantres o cantores del coro y hasta los soldados de la guardia del emperador hicieron varios esfuerzos para hacerla repicar, pero la campana permanecía muda.
Por último, el monje fundidor, temblando de espanto, se acercó y tiró a su vez de la cuerda; el badajo se desprendió por sí solo, cayendo y aplastándolo en castigo por su crimen.
En las costas de Holanda, donde la historia y la tradición citan tantas ciudades y aún provincias enteras sumergidas, los marinos aseguran que en tiempo de calma se ven a través del agua transparente los campanarios de las iglesias y que los domingos se oye perfectamente el repique de sus campanas.
Entre las campanas legendarias hay que mencionar a la Saufang, la más antigua del mundo, que se conserva en el Museo de Colonia, Alemania. Su nombre significa "hallada por una cerda", porque se dice que una marrana la desenterró en el año 613, entre las iglesias de San Pedro y Santa Cecilia.
La campana de Nuestra Señora de París también tiene su leyenda; aunque no la tuviera, la extravagante figura del campanero Cuasimodo bastaría para hacerla célebre.
En algunas partes, los niños creen que durante los Días Santos las campanas se van a Roma. La campana de Nuestra Señora va, naturalmente, dirigiendo en tan largo viaje a las demás campanas de Francia.
En la India, las campanas simbolizan el oído y el sonido que éste percibe, que es reflejo de la vibración primordial. Así, la mayoría de los sonidos en las experiencias del Yoga son tañidos de campana.
En el Islam, la resonancia de la campana es el sonido sutil de la revelación coránica, la repercusión de la Potencia Divina en la existencia. La percepción de su sonido disuelve las limitaciones de la condición temporal.
En China, el repique de las campanas se relaciona con el trueno, asociado también al tambor, pero la música de campanas simboliza la armonía universal. Las campanas más antiguas datan del Siglo XII antes de Cristo y eran de dos tipos: las denominadas chung, que sin badajo son para tocarse con un martillo y las ling, que cuentan con badajo.
El canon búdico asimila las voces divinas al sonido de una campana de oro. Las campanillas suspendidas de los techos de las pagodas orientales tienen como finalidad hacer percibir el sonido de la ley de Buda.
La campana tibetana, con su asidero en forma de rayo, simboliza la bóveda celeste y el eje del mundo que la atraviesa por su cúspide. Opuesta al rayo, activo y masculino, representa el elemento pasivo y femenino, la Sabiduría opuesta al Método.
El tintineo de las campanillas tiene universalmente un poder de exorcismo y purificación: alejan las malas influencias, o al menos advierten de su proximidad. Según la tradición, las campanas protegen contra las desgracias.
A las campanas se les considera un símbolo de la conexión entre el Cielo y la Tierra; llaman a la oración y recuerdan la armonía cósmica. El sonido de la campana es considerado “la voz de Dios" que, cuando se escucha, conduce al alma más allá de los confines de lo mundano.
Las campanas eran un instrumento conocido entre los aztecas, mayas, incas y otros pueblos que florecieron antes de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo.
Sin embargo, el uso de los metales fue muy restringido en las culturas prehispánicas y los ejemplares que se conservan eran más bien modestos. Las campanas no eran significativas para el desarrollo cultural de los pueblos americanos.
Consumada la Conquista, Hernán Cortés empleó cañones de bronce para fundir las numerosas campanas que hubo necesidad de colocar en los nuevos templos que se edificaban.
Se conservan algunas campanas del Siglo XVI, que se caracterizan por su forma alargada, que poco a poco fue desapareciendo para dotarlas de mayor diámetro. Entre estas primitivas campanas están las del convento de Acolman.
Una de las piezas de mayor interés es la campana mayor de la catedral de Puebla, llamada Santa María de la Concepción. Hubo que fundirla repetidas veces entre 1625 y 1720. La campana actual fue hecha en 1730 y pesa casi 9 toneladas.
En la Catedral Metropolitana de México, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, hay un grupo importante de campanas fijas, algunas con siglos de antigüedad, siendo la mayor Doña María.
Una pieza de máxima importancia histórica para nuestro país es la Campana de la Independencia con la que, según la tradición, Don Miguel Hidalgo y Costilla realizó el repique que marcó el inicio del movimiento insurgente, durante la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en Dolores, Guanajuato. Cada año es tocada en la ceremonia conmemorativa del Grito de Independencia.
En esa época, las campanas fueron utilizadas tanto por el movimiento de Independencia como por sus opositores. Por ejemplo, se consigna históricamente el repique de todas las campanas de los templos oaxaqueños ordenado por el obispo Antonio Bergosa y Jordán en 1811, a la caída de los insurgentes Hidalgo, Allende y Abasolo.
Pese a una tradición que decía que la madrina debía arrojar algunas de sus alhajas de oro a la mezcla de metales, la verdadera riqueza de una campana radica en su forma, su voz, su ornamentación y su valor histórico.
Como instrumento musical, las campanas han estado asociadas a la señalización del tiempo desde el Siglo XVI. Son incontables los ejemplos que se conservan de campanas acopladas a relojes para marcar las horas.
Un carillón típico podía estar constituido por dieciocho campanas. Al correr los años, los carillones fueron complicándose gradualmente. Por ejemplo, el de la Catedral de Bruselas, de 1642, consta de 38 campanas que abarcan un intervalo de tres octavas y media. En estos conjuntos, es claro que se puede tocar prácticamente cualquier tipo de melodía.
En el Siglo XVII empezaron a hacerse esfuerzos para afinar las campanas que formarían parte de un conjunto armónico o de carillón, con el fin de que tuvieran un tono reconocible. El ajuste podía hacerse variando el espesor del metal.
En cuanto a obras musicales, tal vez el más conocido ejemplo sea el de la “Obertura 1812” de Tchaikovsky, en cuyas interpretaciones se combina el uso de campanas y cañones para dar mayor impresión de realismo por la victoria de los rusos contra las tropas napoleónicas.
Recientemente ha adquirido gran fama el español Llorens Barber, con sus monumentales "Conciertos Campaneros" para el conjunto de todas las iglesias de una ciudad, como es el caso de Cholula.
Para recibir el año 2000, se dio en el Zócalo de la Ciudad de México una interpretación de su "Concierto para Fin de Milenio". Las 28 campanas de Catedral, 13 quintetos de metales, 4 bandas militares y 4 grupos prehispánicos de percusión y caracoles unieron su música, en medio de los estruendos de fuegos artificiales que marcaban los compases musicales.
En tiempos modernos, la fundición de campanas y la fabricación de relojes de campanarios se hace en empresas que han heredado la tradición desde hace muchos siglos. Hay ejemplos de muy alta reputación en Bélgica, Inglaterra y Holanda.

EN ARGENTINA:

SANTUARIO DEL SONIDO, MINA CLAVERO, CÓRDOBA.

Un museo tan particular como único. Conozca la historia, las curiosidades, los sonidos y las miles de formas de las quinientas campanas que se hallan en el lugar.

En Mina Clavero, se puede conocer el único museo de campanas de toda América Latina. Para hacerlo hay que dirigirse a la calle Urquiza al 900 e identificar el edificio de estilo colonial que posee una humilde espadaña en el umbral de su puerta. Una vez en el interior, se encuentra la verdadera historia de las campanas: desde las más famosas hasta las que marcaron una época.
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LA CAMPANA DE MAYOR VOLTEO DEL MUNDO ESTÁ EN SAN PASCUAL BAYLON.

El Santuario de San Pascual Baylón (de Sant Pasqual en valenciano), conocido popularmente como El Sant, se encuentra en la ciudad de Villarreal, en la provincia de Castellón (España). El conjunto está formado por el "Templo Votivo Eucarístico Internacional", proclamada basílica menor por el papa Juan Pablo II, la Real Capilla con el sepulcro de San Pascual Baylón, el museo del Pouet del Sant y el convento de clausura de las madres clarisas.
El convento tiene sus orígenes en el siglo XVI, pero es gracias a que en él vivió, murió y fue enterrado San Pascual Baylón, que alcanzó fama e importancia como lugar de peregrinación. La Real Capilla, construida en el siglo XVII para albergar los restos del santo, era considerada como el primer monumento del barroco valenciano en orden de tiempo y mérito. Sin embargo, la antigua iglesia conventual y la capilla barroca fueron destruidas por un incendio provocado en 1936 en el transcurso de la Guerra Civil Española. El nuevo templo no está terminado, aunque está abierto al culto. Sí está terminada la nueva Real Capilla, inaugurada en 1992 por el rey Juan Carlos I de España.
La restauración del monasterio ha consolidado vestigios tan característicos como el claustro, la escalera, la sala De Profundis, y en el refectorio, el asiento que ocupaba el santo frente al del beato Andrés Hibernón. Las dos torres campanario albergan un carrillón de 72 campanas y un conjunto de 12 campanas de volteo, entre ellas la mayor campana de volteo del mundo.
Los orígenes del santuario se remontan al siglo XVI, cuando en 1575 el Papa Gregorio XIII por medio de una bula pontificia concedió permiso a la Orden franciscana, que había sido reformada por San Pedro de Alcántara, para la creación de un nuevo convento en las tierras del Reino de Valencia. En un primer momento los frailes se instalaron en el ermitorio de la Virgen de Gracia, a orillas del río Mijares, en la misma localidad de Villarreal, pero finalmente, los Jurados del municipio les autorizaron para ocupar una pequeña ermita en las afueras de la villa, aunque tuvieron que disputarse el lugar con los dominicos que también lo pretendían. La ermita estaba situada en arrabal del camino de Castellón, el actual "Arrabal de San Pascual", que recibe este nombre por la presencia del convento y el templo.
La ermita estaba dedicada a Nuestra Señora del Rosario y había sido fundada el 14 de octubre de 1571 por el pueblo villarrealense para celebrar la victoria cristiana en la batalla de Lepanto frente al Imperio Otomano el 7 de octubre de ese mismo año, festividad de la Virgen del Rosario y de ahí su dedicación. Los franciscanos descalzos alcantarinos se instalaron en la ermita en noviembre de 1578 y procedieron a la ampliación de la misma y a la construcción del nuevo convento, eso sí, respetando la dedicación de la capilla a la Virgen del Rosario. En su construcción siguieron las normas de austeridad de la orden, como puede apreciarse aún en el claustro, escaleras interiores, sala De profundis, refectorio y paramentos exteriores.
El 17 de mayo de 1998, día de la festividad de San Pascual, se inauguraron el carillón y el conjunto de campanas de volteo que albergan las dos torres campanario de la basílica. Las 84 campanas fueron bendecidas por el cardenal Antonio María Javierre. Tanto el carillón como el conjunto de campanas de volteo fueron donados a la basílica y al pueblo de Villarreal por el empresario local José Gómez Mata. El concierto inaugural del carillón, que fue grabado y distribuido gratuitamente, fue interpretado por el carillonista belga Aimé Lombaert. El mismo día pero de 2001 se celebró un concierto extraordinario en honor de San Pascual y en memoria de Ana Viñes Rubert, esposa de José Gómez, interpretado por la japonesa Yuko M. Tajima, carillonista de la Alte Nicolaikirche de Fráncfort del Meno.
Las campanas que componen el carillón, con un peso de 23.500 kg de bronce sin contar los accesorios, fueron diseñadas e instaladas por la empresa belga Clock-o-Matic y fabricadas por la empresa neerlandesa Royal Eijsbouts, mientras que el conjunto de 12 campanas de volteo de la torre este fue fabricado por la empresa Fonderie Paccard en la Alta Saboya.
El conjunto de campanas de las dos torres gemelas de la basílica son el mayor instrumento musical del mundo ya que tienen mayor dotación de campanas que existe.
Son 8 las campanas de volteo automatizado, de unos 6.000 kg de peso total sin accesorios y situadas todas ellas en la Torre Este, están distribuidas en dos pisos y sus nombres religiosos son: Santísimo Sacramento, San Pascual, Virgen de Gracia, Virgen Purísima, Virgen del Rosario, San Francisco de Asís, San Pedro de Alcántara, Santa Clara, San José, Santa Ana, Natividad del Señor y Espíritu Santo. Las cuatro restantes campanas de esta torre están fijas y suenan mediante electromartillo. La campana de DO 3, denominada Santísimo Sacramento, situada en el primer piso y de 2.000 kg de peso en bronce y 3.360 kg contando los accesorios de la misma, es la mayor campana de volteo del mundo; mide 1,5 m de diámetro.El conjunto de las 12 campanas está afinado musicalmente y puede voltearse de forma manual.
Las 72 campanas del carrillón se encuentran en la Torrre Oeste. La mayor de ellas pesa 2.200 kg y las menores de ellas tan sólo 6.

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UNESCO

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SAN JOSÉ OBRERO

SAN JOSÉ OBRERO

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

Nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Su familia estaba conformada por su padre Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro, su madre, Emilia Kaczorowsky, una joven sileciana de origen lituano, y un hermano adolescente de nombre Edmund.
Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los pocos días de nacer en la iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941 murió su padre.
De joven, el futuro Pontífice mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias polacas tan grande que aún en el colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología y lingüística polaca. Sin embargo, un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que tenía impresa -entonces aún sin develarse plenamente- en el corazón: el sacerdocio.
Al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta situación, Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera. Según relata el hoy Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.
El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense".
El 23 de setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco. Asistió al Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios de distracción y aventura al aire libre.
El 13 de enero de 1964 falleció Monseñor Baziak por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.
En junio de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974, el nuevo Purpurado ordenó a 43 nuevos presbíteros, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
En 1978 muere Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani, de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa", sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.

JUAN PABLO II EN ARGENTINA

Visitas de Juan Pablo II a la Argentina
Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» y «tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus trece visitas hasta el presente».
11 de junio
A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.
En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció un alocución e impartió la bendición a los presentes.
En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.
Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.
Sábado 12
El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que le dirigió un mensaje a puertas cerradas.
Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.
Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».
Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987
En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Lunes 6 de abril
En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».
Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la catedral metropolitana, distante 8, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.
Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.
Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.
Martes 7 de abril
Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.
El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo caracter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».
Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor Candido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 465 kilómetros, donde pasó la noche.
Miércoles 8 de abril
En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose a la catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.
Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.
Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.
Jueves 9 de abril
Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.
Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».
Por la tarde viajó a Paraná, que dista 510 kilómetros. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.
Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.
Viernes 10 de abril
El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.
Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la catedral de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.
Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su vida, el obispo de San Justo, monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.
Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.
Sábado 11 de abril
A las 8 de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 204 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M. López, le dió la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.
Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.
Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Italo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.
A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.
Domingo 12 de abril
El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.
Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.
El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa ·«envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.
Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Angelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.
Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.
Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.
Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.

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SANTA RITA - De los casos imposibles.

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FRASE

A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso.
JOSE INGENIEROS

Los tiempos de Dios son distintos a los tiempos humanos.

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TIEMPOS DIVINOS

SAN EXPEDITO

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VIRGEN DESATANUDOS

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"EL TIEMPO QUE SE PIERDE POR ALGUIEN,
ES TIEMPO QUE SE GANA PARA LA ETERNIDAD"
"EL QUE PIERDA SU VIDA LA GANARÁ,
PERO AQUEL QUE LA GUARDE PARA SÍ, LA PERDERÁ"