ramal: católico apostólico romano.

miércoles, 3 de junio de 2009

"UNA FUERZA QUE NO PUEDE SER VENCIDA..."

Para vencer cada obstáculo, debemos pensar en María, gran ejemplo y modelo de vida.
Si seguimos su vida desde el nacimiento de su hijo hasta que éste llegó al calvario, veremos que fue una vida muy complicada"
María tenía muchas cosas que podían preocuparla. (Como todos nosotros y ¡muchísimo más!)
El hecho de ser madre de Jesús era algo que no podía terminar de entender, de captar, a través del razonamiento humano. Su vida fue mucho más compleja de lo que podemos imaginar pero, a pesar de todo, causa admiración la serenidad con que dio cada paso, en cada momento. Nosotros, ¿actuamos así?
Hay algo que tenemos que teenr muy en cuenta, ella siempre supo decir: "hágase en mí Tu Voluntad". Aprendió a ver lo positivo dentro de lo negativo. Vio que Dios obra misteriosamente en su interior. (pasarn cosas buenaso malas) y jamás perdió la esperanza. Es difícil, ¿NO? ¡Hay que tener mucha paciencia para lograr vencer las preocupaciones!
¿Saben porque hago referencia a la paciencia? Porque la paciencia y la comprensión sobre los hechos se pierden cuando hay cansancio psíquico, y este cansancio se da porque no hay paz interior.
María siempre se matuvo firme en su decisión de aceptar y vivir la gracia de Dios.
A veces, uno dice que le fue posiborque fue una elegida de Dios, que fue por eso que pudo soportar todo. Pero la historia de la humanidad nos mestra que, cuando un ser humano es positivo y está dispuesto a luchar, todo lo alcanza. Y es que Dios da la gracia.
Dios está presente en cada uno de nosotros como lo estuvo en María; aunque hayamos cometido muchos errores, nunca nos niega su misericordia.
La historia nos dice que no sólo María, también muchas otras personostraron que, cuando hay paz y pensamientos positivos, se puede lograr lo increíble.
Por ejemplo Beethoven: un musicosordo. Uno puede preguntarse: ¿Cómo un sordo va a componer música? Sin embargo, todo el mundo habla de sus grandes obras.
Ago admirable en la vida de Beethoven fue su Sinfonía N° 9. La compuso para un montón de instrumentos y para muchísimas voces; pero, no sabía como finalizarla.
Como era un hombre de much paciencia ¿saben qué hizo? Fue componiendo el final "nota tras nota". Así concluyó una de las maravillas musicales más grandes del mundo.
Beethoven; un sordo que, con mucha paciencia, nota a nota, paso a paso, logró componer una obra de arte.
¡Cuántas cosas uando uno tiene paciencia y fe! ¿no?
la paciencia nos permite recuperar energías luego de cada tropiezoo dolor. (Como la recuperaba María)
María conservaba la gracia de Dios en el fondo de su corazón; con ella soportó los momentos más difíciles, soportó hasta lo imposible. Es que la energía dentro le dio fortaleza para sobrellevar hasta el calvario de su hijo, y llegar hasta la resurrección.
Si están pasando por malos tiempos, les dejo este ejemplo:
Los bulbos de ciertas plantas, están debajo de la tiera durante la época de nieve. cundo llega el invierno la planta desaparece de la superficie, uno cree que ha muerto debido al intenso frío pero...; el bulbo que está debajo de la tierra está luchando por sobre.
¿Saben cómo lo hace?
Todos conocemos que los rayos solares son indispensables para que exista vida sobre la tierra (tanto para los seres humanos como para los animales y las plantas) entonces, cuando es primavera o verano, estas pantas absorben energía solar, y la acumulan, para poder sobrevivir durante el invierno, bajo la nieve. ¡Qué maravilla!
En cambio el ser humano, que es más poderoso que todo esto, a veces, no sabe retner lo valioso.
jesús nos enseña que lo más importante para acumular en tiempos buenos es la gracia de dios, porque es lo que nos permite adquirir fuerza espiritual, la fuerza de la fe, para sobrellevar los momentos difíciles.
Amigos: los invito entonces, a que renueven fuerzas, descansen sus mentes y desde este mes comiencen a componer sinfonía ¡la mejor! como lo hizo Beethoven, con mucha paciencia, nota por nota, aunque no escuchen; aunque la realidad parezca ser otra.
Recuerden: es normal tener altibajos en la vida, pero nunca se dejen amedrentar.
Deben conservar la energía de la Luz de dios reforzar sus vidas con su Gracia, para poder sobrevivir en los momentos difíciles y mostrar que, a pesar de que la nieve y el invierno nos cubran, pueden surgir hermosas flores; porque dentro de nosotros hay una fuerza que no puede ser vencida: la paz interior.
Pidamos hoy que esa paz y la fuerza de dios nos acompañen.
Vivamos positivamente. tomemos distancia, recuperemos fuerzas ayudados por la bondad de dios y retomemos el camino con humildad, dispuestos a triunfar.
Ojalá la fuerza spiritual, la fe y la paz interior los ayuden a vivir el mejor año de sus vidas.
PADRE IGNACIO PERIES.


- LA FE MUEVE MONTAÑAS -
"ESTE ES EL AÑO, 2009, UN AÑO DISTINTO, QUE DARÁ BUENOS FRUTOS"

Les dejo algo muy dulce también, que me ha ayudado a pasar varias... (sobre todo, cuando el 27 de junio del 2008, el Padre Ignacio me lo puso sobre mi cuerpo y me brazó con él, diciéndome: Aquí está el Niño Jesús, aquí está Dios: PEDILE, PEDILE A ÉL...."
dE AHÍ EN ADELANTE, A PESAR DE LOS ALTIBAJOS QUE PUEDO TENER, NADA ME HACE QUEBRAR Y AÚN EN LAS LÁGRIMAS ENCUENTRO LA FUERZA PARA CONTINUAR. FUE UNA DE LAS EXPERIENCIAS MÁS HRMOSAS QUE VIVÍ EN NTIVIDAD DEL SEÑOR, QUE NO PUEDO DESCRIBIR POR SU GRANM CONOTCIÓN EMOCIONAL Y ESPIRITUAL, además, hoy se uma que es la fecha de cumpleaños de mi abuelo, quein en febrero de este año se unió al cielo para guiarme desde allá....ya no creo en las casualidades...)

LA DEVOCIÓN AL NIÑITO JESÚS.
DIVINO NIÑO JESÚS
Un amigo que nunca falla.

Desde tiempos muy antiguos los católicos han tenido mucha devoción al Divino Niño Jesús, y han honrado su santa infancia, considerando esta edad de Jesucristo como una maravilla de inocencia y amabilidad.
Ya hacia el año 1200 San Francisco de Asís dispuso recordar con mucha solemnidad la Navidad haciendo un pesebre lo más parecido posible al de Belén y celebrando así entre pastores, ovejas, bueyes y asnos la misa de la medianoche, y haciendo él mismo un hermoso sermón de Nochebuena recordando la gran bondad del Hijo de Dios al quererse hacer hombre en Belén por salvar nuestra alma.
Más tarde San Antonio de Padua fue un devoto tan entusiasta del Niño Jesús que según las imágenes que de él se conservan, mereció que el Divino Niño se le apareciera.
Otro santo al que se le presenta en las imágenes teniendo entre sus brazos al Niño Jesús es San Cayetano, el cual lo que necesitaba pedir lo pedía por los méritos de la infancia de Jesús.
Modernamente los santos que más contribuyeron a difundir la devoción al Niño de Belén fueron Santa Teresa y San Juan de la Cruz.
Santa Teresa de Jesús le tenía un amor tan grande al Divino Niño que un día al subir una escalera obtuvo tener una visión en la que contemplaba al Niño Jesús tal cual había sido en la tierra. En recuerdo de esta visión la santa llevó siempre en sus viajes una estatua del Divino Niño, y en cada casa de su comunidad mandó tener y honrar una bella imagen del Niño Jesús que casi siempre ella misma dejaba de regalo al despedirse.
Millones de creyentes han hecho la experiencia de pedir favores a Dios por los méritos de la infancia de Jesús y han conseguido maravillas. Y nosotros vamos a hacer lo mismo. Queremos honrar la infancia de Jesús y darle gracias por haber nacido en Belén para salvarnos.
Desde hace unos trescientos años la devoción al Niño Jesús se ha extendido rápidamente por Europa, América, Asia, Africa y Oceanía. Las gentes empezaron a experimentar que cuando piden favores a Dios por los méritos de la infancia de Jesús consiguen maravillas.
Existen alrededor de todo el mundo muchas figuras e imágenes representando al Niño Jesús mediante las cuales se han obtenido grandes milagros. Entre las más conocidas se encuentran: El Niño Jesús de Praga, en Checoslovaquia; el Santo Niño de Atocha, en México; el Divino Niño de Arenzano, en Italia y el milagroso Niño Jesús de Bogotá en Colombia, entre otros.
En el año 1636 Nuestro Señor le hizo a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento esta promesa: "Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y tu oración será escuchada".

ORIGEN DE LA DEVOCIÓN AL NIÑO JESÚS DE PRAGA
Fernando II, Emperador de Alemania, para manifestar su gratitud a Nuestro Señor por la insigne victoria alcanzada en una batalla, fundó en 1620, en la ciudad de Praga, un convento de Padres Carmelitas. Difíciles en extremo eran los tiempos que atravesaba Bohemia cuando llegaron estos excelentes religiosos, pues se hallaba asolada por guerras sangrientas que tenían a Praga presa de las más indecibles calamidades, a tal punto que el monasterio mismo de Carmelitas carecía de lo indispensable para sobrevivir a las necesidades más premiosas de la vida. En esa época, vivía en Praga la piadosa princesa Polixena Lobkowitz, quien sintiendo en el alma las apremiantes necesidades de los Carmelitas, resolvió entregarles una pequeña estatua de cera, de 48 cm., que representaba un hermoso Niño Dios, de pie, con la mano derecha levantada, en actitud de bendecir, mientras con la izquierda sostenía un globo dorado. Su rostro era muy amable y lleno de gracia, la túnica y el manto habían sido arreglados por la misma princesa, la cual, al dar la estatua a esos religiosos, les dijo: "Padres míos, os entrego lo más caro que poseo en el mundo: Honrad mucho a este Niño Jesús y nada os faltará."
La estatua fue recibida con gratitud y colocada en el oratorio interior del convento, donde fue objeto de la veneración de todos aquellos buenos Padres, distinguiéndose entre todos el Padre Cirilo, que con toda verdad podría titularse el apóstol del divino Niño Jesús de Praga.
La promesa de la augusta donante se cumplió a la letra, y los maravillosos efectos de la protección del divino Niño no tardaron en manifestarse, pues muy pronto, y en varias ocasiones se verificaron prodigios y fueron milagrosamente socorridas las necesidades del monasterio.
Entre tanto, estalló de nuevo la guerra en Bohemia. En 1631, el ejército de Sajonia se apoderó de la ciudad de Praga. Los Padres Carmelitas creyeron prudente trasladarse a Munich.
Durante esa época tan desastrosa, especialmente para Praga, la devoción al Niño Jesús cayó en el olvido. Los herejes destruyeron la iglesia, saquearon el monasterio, penetraron en el oratorio interior, hicieron burla de la estatua del Niño Jesús, y quebrándole las manos, la arrojaron con desprecio detrás del altar.
Al año siguiente, retiróse el enemigo de Praga y pudieron los religiosos volver a su convento, pero nadie se acordó de la preciosa estatua. Por esto, sin duda, se vio reducido el monasterio a la miseria como el resto de la población, pues carecían los religiosos de alimentos para ellos, y de los recursos indispensables para restaurar su casa.
Mas, después de 7 años de tanta desolación, volvió a Praga el Padre Cirilo, en el año 1637, cuando Bohemia se hallaba en peligro inminente de sucumbir y hasta de perder el don inestimable de la fe, y cuando la ciudad estaba por todas partes rodeada de enemigos. En tales aprietos, y al tiempo que el Padre Guardián exhortaba a sus religiosos que instasen a Dios para que pusiese término a tantos males, le habló el Padre Cirilo de la inolvidable estatua del Divino Niño y obtuvo licencia de buscarla. La encontró al fin entre los escombros, detrás del altar. La limpió, la cubrió de besos y de lágrimas, y como aún conservaba intacto el rostro la expuso en el coro a la veneración de los religiosos, quienes llenos de confianza en su protección, cayeron de rodillas ante el Divino Infante y le suplicaron fuese su refugio, su fortaleza y amparo en todo sentido.
Desde el momento en que fue colocada en su puesto de honor, el enemigo levantó el sitio y el covento se vio provisto en el acto de cuanto necesitaban los religiosos.
Encontrábase un día el Padre Cirilo en oración, delante de la estatua, cuando oyó claramente estas palabras: "Tened piedad de mí y yo me apiadaré de vosotros. Devolvedme mis manos y yo os devolveré la paz. Cuanto más me honrareis, tanto más os bendeciré".
En efecto, le faltaban las manos, cosa que, al encontrarla no había advertido el Padre Cirilo, enajenado como estaba por el gozo. Sorprendido el buen Padre, corrió inmediatamente a la celda del Padre Superior y le contó lo ocurrido, pidiéndole que hiciese reparar la estatua. El Superior se negó a ello, alegando la extremada pobreza del Convento. El humilde devoto de Jesús fue llamado a auxiliar a un moribundo, Benito Maskoning, quien le dio 100 florines de limosna. Se los llevó al Superior con la convicción de que con ellos haría reparar la estatua, pero este juzgó que era mejor comprar otra más hermosa y así lo hizo. El Señor no tardó en manifestar su desagrado; pues el mismo día de la inauguración de la nueva efigie, un candelabro que estaba fijo y muy asegurado en la pared, se desprendió y cayendo sobre la estatua, la redujo a pedazos. Al mismo tiempo, el P. Superior cayó enfermo y no pudo terminar su período de mando.
Elegido un nuevo Superior, el P. Cirilo volvió a suplicarle que hiciera reparar la estatua, pero recibió nueva repulsa. Entonces sin desmayar, se dirigió a la Santísima Virgen. Apenas acabada su oración, lo llamaron a la Iglesia; se le acercó una señora de venerable aspecto, que dejó en sus manos una cuantiosa limosna, y desapareció sin que nadie la hubiese visto entrar y salir de la Iglesia. Lleno de gozo, el P. Cirilo fue a dar cuenta al Superior de lo que pasaba; pero éste no le dio más que medio florín (25 centavos); siendo insuficiente para el objeto esta suma, todo quedó en el mismo estado.

El convento se vio sujeto a nuevas calamidades; los religiosos no tenían posibilidad de pagar la renta de una finca que habían arrendado y que no les producía nada. Los rebaños murieron, la peste desoló la ciudad, muchos carmelitas, inclusive el Superior, sufrieron este azote. Todos acudieron al Niño Jesús. El Superior se humilló y prometió celebrar 10 misas ante la estatua y propagar su culto. La situación mejoró notablemente, pero como la estatua continuaba en el mismo estado, el P. Cirilo no cesaba de clamar sus quejas ante su dadivoso protector, cuando oyó de sus divinos labios estas palabras: "Colócame a la entrada de la Sacristía, y encontrarás quien se compadezca de mí."
En efecto, se presentó un desconocido, el cual, notando que el hermoso Niño no tenía manos, se ofreció espontáneamente a hacérselas poner, no tardando en recibir su recompensa, pues ganó a los pocos días un pleito casi perdido, con lo que salvó su honor y su fortuna.
Los beneficios innumerables que todos alcalzaban del milagroso Niño, multiplicaban día a día el número de sus devotos. Por esto deseaban los carmelitas edificarle una capilla pública, teniendo en cuenta que el sitio donde debían levantarla, había sido ya indicado por la Santísima Virgen al P. Cirilo, pero faltaban los recursos y además, temían emprender esta nueva construcción en un tiempo en el que los calvinistas arrasaban todas las iglesias. Se contentaron con colocarlo en la Capilla exterior, sobre el altar mayor, hasta el año 1642, en el que la princesa Lobkowitz mandó edificar un nuevo santuario que se inauguró en 1644, el día de la fiesta del Santo Nombre de Jesús.
De todas partes acudían a postrarse delante del milagroso Niño, los pobres, los ricos, los enfermos, en fin, toda clase de personas hallaban en Él remedio de sus tribulaciones.
En 1655, el Conde Martinitz, Gran Marqués de Bohemia, regaló una preciosa corona de oro esmaltada con perlas y diamantes. El Reverendo D. José de Corte se la colocó al Niño Jesús en una solemne ceremonia de coronación.
Las gracias y maravillas innumerables debidas al "pequeño Grande" (así llaman en Alemania al Niño Jesús de Praga), se divulgaron hasta en las comarcas más lejanas, con lo que su culto se ha extendido en nuestros días de una manera prodigiosa.
En todas las naciones fue acogida con amor la devoción al Niño Jesús de Praga, monasterios, colegios, escuelas, familias le han dedicado magníficos tronos, numerosas parroquias poseen la real estatua y en cuantas partes se le honra, derrama sobre sus devotos un caudal de inestimables favores. El Divino Niño desea colmaros de gracias, venerémosle, hagámosle conocer y amar, y Él nos abrirá los tesoros de su bondad. Numerosas son las prácticas piadosas establecidas en honra del Niño Jesús de Praga; pero aquéllas en las que tiene especial complacencia son: las Letanías del Nombre de Jesús; la recitación de 5 padrenuestros, avemarías y glorias seguidas de esta jaculatoria: "Sea bendito el Nombre del Señor ahora y por los siglos de los siglos." que se repite también 5 veces; la oración eficaz del P. Cirilo; la recitación del Rosario del Niño Jesús; y por fin la celebración de su fiesta, que es la de Su Santísimo Nombre, el 2º domingo después de la epifanía.
Leyendo la historia de este milagroso Niño Jesús de Praga, se nota que muy a menudo concede los favores solicitados, después de una novena de súplicas y oraciones recitadas en honra suya. Así mismo es de notar, que fácilmente se obtienen del Niño Jesús las gracias especiales que se le piden, mandando celebrar misas en su honor, dando limosna a los pobres en su nombre, ofreciendo acercarse a los sacramentos, o bien publicar y dar a conocer la gracia concedida.
Por medio de esta nueva y simpática manifestación del amor divino, Jesús quiere remediar una calamidad actual, muy general en el mundo a saber: la perdición de la infancia por la educación anticristiana. Nuestro Señor Jesucristo que siempre ha profesado un amor de predilección a los niños, manifiesta claramente, por medio de esta devoción, el gran deseo que tiene de ser honrado especialmente como Rey y Salvador de la infancia, y quiere para esto aplicar al mundo entero, y en especial a la niñez, los méritos de las humillaciones sufridas en su divina infancia.
Dediquémonos pues a honrar a este amabilísimo Niño, ya que tan abundantemente podemos obtener sus bendiciones. Y en particular, vosotros, inocentes niños, que teneis la dicha de ser los predilectos del corazón de ese amante Niño Jesús, debéis profesar una devoción fervorosa y práctica al Dios que se ha hecho Niño, como vosotros y por vosotros. Imitad las virtudes de su Divina Infancia: a ejemplo suyo, sed obedientes, castos, amables, caritativos y piadosos, recurrid a Él con entera confianza en todas vuestras necesidades y confiadle las penas de vuestro corazón infantil.
Pedidle mucho por vosotros mismos, por la iglesia, por vuestros padres, familiares, maestros y amigos, amadle sinceramente y no le disgusteis en lo más mínimo, entregaos a Él con cuanto poseéis, dadle vuestra alma, vuestro cuerpo y vuestro corazón para que lo conserve puro e inocente. A fin de merecer su constante protección, llevad con amor su medalla, besad con respeto su imagen, de vez en cuando practicad en su honor alguna mortificación, rezadle todos los días algunas de las oraciones que conocéis y de este modo experimentaréis cuán bueno y generoso es el Niño Jesús de Praga, el Niño Rey, el Dios amante de los niños.
Nota: La fiesta del Niño Jesús de Praga se celebra actualmente el primer domingo del mes de junio.




UN MINUTOCON EL NIÑO JESÚS
Bendiceme, Niño Jesús y ruega por mi sin cesar. Aleja de mí, hoy y siempre el pecado. Si tropiezo, tiende tu mano hacia mi. Si cien veces caigo, cien veces levántame. Si me dejas Niño, ¿que será de mi? En los peligros del mundo asísteme. Quiero vivir y morir bajo tu manto. Quiero que mi vida te haga sonreír. Mirame con compasión, no me dejes Jesús mio. Y, al final, sal a recibirme y llevame junto a Ti. Tu bendición me acompañe hoy y siempre. Amén. Aleluya. Rezar un gloria.
__________
ANTE LA ADVERSIDAD
Niño Jesús: Tú eres el Rey de la Paz, ayúdame a aceptar sin amarguras las cosas que no puedo cambiar.
Tú eres la fortaleza del cristiano; dame valor para transformar aquello que en mí debe mejorar.
Tú eres la sabiduría eterna; enséñame en cada instante como debo obrar para agradar más a Dios y hacer mayor bien a las demás personas. Te lo suplico, por los méritos de tu infancia a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
__________
ORACIÓN PARA OBTENER UN FAVOR
Alabada y bendita sea la hora en que el Hijo de Dios nació de la más pura virgen María, a medianoche, en Belén, en medio de un frío penetrante. En esa hora concediste, oh Dios mío, escuchar mi rezo y concederme mis deseos, por los méritos de nuestro Salvador Jesucristo, y por su Bendita Madre. Amén.
Rezar con fervor esta oración quince veces cada día desde la fiesta de San Andrés (30 de noviembre) hasta Navidad (25 de diciembre).


CARIÑOS,
SABRI.

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SAN JOSÉ OBRERO

SAN JOSÉ OBRERO

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

Nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Su familia estaba conformada por su padre Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro, su madre, Emilia Kaczorowsky, una joven sileciana de origen lituano, y un hermano adolescente de nombre Edmund.
Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los pocos días de nacer en la iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941 murió su padre.
De joven, el futuro Pontífice mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias polacas tan grande que aún en el colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología y lingüística polaca. Sin embargo, un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que tenía impresa -entonces aún sin develarse plenamente- en el corazón: el sacerdocio.
Al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta situación, Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera. Según relata el hoy Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.
El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense".
El 23 de setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco. Asistió al Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios de distracción y aventura al aire libre.
El 13 de enero de 1964 falleció Monseñor Baziak por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.
En junio de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974, el nuevo Purpurado ordenó a 43 nuevos presbíteros, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
En 1978 muere Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani, de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa", sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.

JUAN PABLO II EN ARGENTINA

Visitas de Juan Pablo II a la Argentina
Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» y «tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus trece visitas hasta el presente».
11 de junio
A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.
En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció un alocución e impartió la bendición a los presentes.
En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.
Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.
Sábado 12
El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que le dirigió un mensaje a puertas cerradas.
Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.
Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».
Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987
En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Lunes 6 de abril
En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».
Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la catedral metropolitana, distante 8, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.
Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.
Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.
Martes 7 de abril
Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.
El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo caracter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».
Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor Candido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 465 kilómetros, donde pasó la noche.
Miércoles 8 de abril
En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose a la catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.
Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.
Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.
Jueves 9 de abril
Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.
Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».
Por la tarde viajó a Paraná, que dista 510 kilómetros. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.
Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.
Viernes 10 de abril
El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.
Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la catedral de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.
Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su vida, el obispo de San Justo, monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.
Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.
Sábado 11 de abril
A las 8 de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 204 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M. López, le dió la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.
Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.
Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Italo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.
A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.
Domingo 12 de abril
El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.
Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.
El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa ·«envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.
Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Angelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.
Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.
Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.
Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.

SAN ANTONIO DE PADUA

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SAN CAYETANO

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Santuario de San Cayetano | +54 11 4641-0583 o +54 11 4641-1572 | Cuzco 150 | Buenos Aires | Argentina | santuario@sancayetano.org.ar.

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Oración a San Cayetano Glorioso San Cayetano, Tú pasaste por la vida viendo a Cristo en los hermanos, especialmente a los más necesitados, y experimentaste la asistencia providencial de Dios. Ayúdanos a construir una sociedad en la que todos participemos con nuestro trabajo y podamos reencontrar los valores que nos fueron arrebatados: la solidaridad, el respeto, el bien común, la honestidad y la alegría.

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SANTA RITA - De los casos imposibles.

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FRASE

A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso.
JOSE INGENIEROS

Los tiempos de Dios son distintos a los tiempos humanos.

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TIEMPOS DIVINOS

SAN EXPEDITO

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VIRGEN DESATANUDOS

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"EL TIEMPO QUE SE PIERDE POR ALGUIEN,
ES TIEMPO QUE SE GANA PARA LA ETERNIDAD"
"EL QUE PIERDA SU VIDA LA GANARÁ,
PERO AQUEL QUE LA GUARDE PARA SÍ, LA PERDERÁ"