
Cuesta pero vale la pena
Todos los seres humanos tenemos fe. Hay quienes depositan su fe en el progreso económico. Unos ponen toda su esperanza en tener gobernantes que se preocupen realmente por el bien del pueblo. Otros viven esperando que algún golpe de suerte los lleve a ser completamente felices.
Y unos cuantos simplemente tienen fe en la fe, esperando siempre soluciones mágicas y respuestas instantáneas y que no requieran ningún tipo de esfuerzo.
Cuando pienso en esto recuerdo un episodio conmovedor en la vida de un matrimonio que conocí hace algún tiempo. Al año de casarse y faltando muy poco para que terminaran sus estudios en el Seminario Teológico, nació su primer hijo. Eso significo para ellos una enorme alegría, pero esta alegría rápidamente se esfumó, al enterarse que el bebé padecía una seria e incurable anomalía genética, debido a lo cual los médicos sólo le daban poco tiempo de vida.
Familiares y amigos se acercaron para alentarlos e inspirarlos para que confiaran en que todo iba a salir bien. Pero finalmente no fue así, a las pocas semanas el pequeño falleció.
Días después la madre le comento a unos de sus familiares: ¿Sabes cuál fue la experiencia más difícil en toda esta situación? Escuchar de labios de un amigo, que nuestro bebé había muerto porque no tuvimos la suficiente fe como para que él se sanara.
A pesar del gran dolor que significa la perdida de nuestro único hijo, mi esposo y yo decidimos que jamás creeríamos una mentira tan grande como esa.
La fe no es un elemento místico y mágico para mover el destino a nuestro antojo, sino una realidad que nos ayuda a atravesar todas las circunstancias de nuestra existencia; las que nos parecen buenas y las que no nos parecen tan buenas, tomados de la mano de Dios.
San Pedro escribió: “La confianza que ustedes tienen en Dios es como el oro: así como la calidad del oro se pone a prueba con el fuego, la confianza que ustedes tienen en Dios se prueba por medio de los problemas. Si ustedes pasan la prueba, su confianza será más valiosa que el oro” 1ª Pedro 1: 7
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El mago y el ratón
Era un extraordinario y famoso mago. Un día, mientras paseaba vio a un ratoncito y se le ocurrió hacer algo realmente importante con él.
Se dirigió entonces al frágil ratoncito y le dijo:
-Has pasado por mi camino y me ha cautivado tu fragilidad, así que ya no serás más un ratón, te voy a convertir en la más bella de las mujeres, la más habilidosa y la más llena de todas las virtudes.
Y al instante se convirtió, en una bella doncella.
-Ahora ¿qué deseas?, pídeme lo que quieras. Le dijo el mago.
La doncella, le respondió:
-Quiero casarme con el ser más poderoso del mundo.
Muy bien, dijo el mago:
-Te casarás con el Sol, él es quién da luz y calor a todo el planeta.
Pero entonces intervino el Sol y dijo:
-No soy tan poderoso, piensa que unas cuantas nubes pueden cubrirme y ocultar mi luz y mi calor.
EL mago reflexionó y dijo:
-Es cierto, entonces, te casaras con las Nubes que son capaces de dejar sin luz y calor al Sol y que nos dan la lluvia tan indispensable para la vida.
Pero las Nubes respondieron:
-No es tanta nuestra fuerza o importancia, ya que el viento nos lleva de un lado al otro, a su antojo.
Nuevamente el mago, dijo:
-Es cierto, te casaremos con el Viento.
Pero el Viento que estaba oyendo la conversación, dijo:
-Yo no tengo tanto poder como pensáis. Una montaña puede detenerme e impedirme que pase al otro lado y solo puedo quedarme donde ella decida.
El mago se quedó razonando nuevamente:
-Entonces te casarás con la Montaña, nadie la podrá mover.
Pero la montaña, respondió:
-Yo no soy la más poderosa de la tierra. Date cuenta que un simple ratoncito puede excavar y roer donde más le gusta y hacer su madriguera dentro de mí.
Después de escuchar al Sol, las Nubes, el Viento y la Montaña el mago sin decir ni una sola palabra convirtió a la bella mujer nuevamente en un ratoncito.
El ratoncito viendo el mago alejarse comprendió que:
"Nadie es más fuerte y nadie es mejor, Dios creo todo lo que existe de acuerdo a un plan divino desde la eternidad y ordenó todas las cosas en su lugar. Cada uno de nosotros somos parte de un plan estratégicamente diseñado, tanto el ratoncito, como tu y yo somos sumamente importantes para que todo se cumpla según su propósito”
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El banquero y el pescador
Un banquero y experto en inversiones, estaba en el muelle de un pequeño pueblo caribeño, cuando llegó un pescador en su bote.
Dentro del bote había varios atunes amarillos bastante grandes y el banquero elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó:
-¿Cuánto tiempo le tomo pescarlos?
-Muy poco tiempo, respondió el pescador.
-¿Porqué no se quedó más tiempo pescando, podría haber traído mas peces? Preguntó el banquero.
-Si, seguramente, pero esto es suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de mi familia, dijo el pescador
-Pero permíteme que te pregunte, dijo el banquero ¿qué haces con el resto de tu tiempo?,
-Después de pescar, descanso un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta, luego acompaño a mi esposa hacer las compras y por las noches me reúno con los amigos para pasar un buen rato conversando. Llevo una vida tranquila y despreocupada, dijo el pescador.
-Mira, yo soy un especialista en marketing y asesor de grandes empresas y podría ayudarte a desarrollar un negocio. Lo que tendrías que hacer, es dedicar más tiempo a la pesca y con los ingresos podrías comprar un bote más grande. Al tener un bote más grande puedes pescar mucho más que ahora, de manera que duplicarías las ganancias. Con el tiempo podrías comprar varios botes y tener empleados que pesquen para ti.
El siguiente paso es que en lugar de vender el pescado a un intermediario, lo podrías vender directamente a la empresa que distribuye el pescado una vez envasado y empaquetado y con el tiempo podrías tener la distribución para la provincia o el país entero.
Claro cuando eso ocurra, tendrías que dejar este pequeño pueblo para instalarte en la gran ciudad, desde donde manejarías tu empresa, sin tener que salir a pescar.
-¿Pero, cuánto tiempo hace falta para que ocurra todo eso? Preguntó el pescador.
-Entre diez y quince años, dijo el banquero.
-¿Y luego qué? Dijo el pescador.
-Después se puede anunciar una IPO (Oferta Inicial de Acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te harás millonario.
-¿Y luego qué? Le preguntó sonriendo al banquero.
-Luego te puedes retirar. Te compras una casita en un pueblecito de la costa, donde puedes descansar, dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, ir con tu esposa de compras y reunirte con tus amigos y familiares para pasarlo bien. Dijo el banquero.
-¿Acaso no es eso lo que ya tengo?
Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos. La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos mal por aquello que no tenemos.
.....................
A proposito de Jesús
Jesús nació en una aldea insignificante…
Creció en un barrio sencillo y humilde...
Trabajó hasta los treinta años en una carpintería...
No fue a la universidad...
Nunca tuvo un puesto de importancia...
Nunca escribió un libro...
Nunca puso sus pies en lo que consideraríamos una gran ciudad...
Nunca viajó a más de trescientos kilómetros de su ciudad natal...
No formó una familia...
No hizo ninguna de las cosas que generalmente hacen los grandes personajes...
Durante tres años fue predicador ambulante...
No tuvo más credenciales que su propia persona...
La opinión popular se puso en contra suya...
Sus amigos huyeron...
Uno de ellos incluso lo traicionó...
Fue entregado a sus enemigos...
Tuvo que soportar la farsa de un proceso judicial...
Lo asesinaron clavándolo en una cruz, entre dos ladrones...
Mientras agonizaba, los encargados de su ejecución se disputaron la única cosa que tenía en propiedad: una túnica...
Lo sepultaron en una tumba prestada, gracias a la compasión de un amigo...
Según las normas sociales y humanas, su vida fue un fracaso total...
Pero han pasado más de veinte siglos y hoy continua siendo la pieza central de la historia humana.
No es exagerado decir que aunque pusiéramos juntos todos los ejércitos, gobiernos, sabios, parlamentos, reyes o autoridades de todos los tiempos, no serian capaces de afectar tan poderosamente la existencia del ser humano sobre la tierra, como lo ha hecho la sencilla vida de Jesús...
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Todos los seres humanos tenemos fe. Hay quienes depositan su fe en el progreso económico. Unos ponen toda su esperanza en tener gobernantes que se preocupen realmente por el bien del pueblo. Otros viven esperando que algún golpe de suerte los lleve a ser completamente felices.
Y unos cuantos simplemente tienen fe en la fe, esperando siempre soluciones mágicas y respuestas instantáneas y que no requieran ningún tipo de esfuerzo.
Cuando pienso en esto recuerdo un episodio conmovedor en la vida de un matrimonio que conocí hace algún tiempo. Al año de casarse y faltando muy poco para que terminaran sus estudios en el Seminario Teológico, nació su primer hijo. Eso significo para ellos una enorme alegría, pero esta alegría rápidamente se esfumó, al enterarse que el bebé padecía una seria e incurable anomalía genética, debido a lo cual los médicos sólo le daban poco tiempo de vida.
Familiares y amigos se acercaron para alentarlos e inspirarlos para que confiaran en que todo iba a salir bien. Pero finalmente no fue así, a las pocas semanas el pequeño falleció.
Días después la madre le comento a unos de sus familiares: ¿Sabes cuál fue la experiencia más difícil en toda esta situación? Escuchar de labios de un amigo, que nuestro bebé había muerto porque no tuvimos la suficiente fe como para que él se sanara.
A pesar del gran dolor que significa la perdida de nuestro único hijo, mi esposo y yo decidimos que jamás creeríamos una mentira tan grande como esa.
La fe no es un elemento místico y mágico para mover el destino a nuestro antojo, sino una realidad que nos ayuda a atravesar todas las circunstancias de nuestra existencia; las que nos parecen buenas y las que no nos parecen tan buenas, tomados de la mano de Dios.
San Pedro escribió: “La confianza que ustedes tienen en Dios es como el oro: así como la calidad del oro se pone a prueba con el fuego, la confianza que ustedes tienen en Dios se prueba por medio de los problemas. Si ustedes pasan la prueba, su confianza será más valiosa que el oro” 1ª Pedro 1: 7
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El mago y el ratón
Era un extraordinario y famoso mago. Un día, mientras paseaba vio a un ratoncito y se le ocurrió hacer algo realmente importante con él.
Se dirigió entonces al frágil ratoncito y le dijo:
-Has pasado por mi camino y me ha cautivado tu fragilidad, así que ya no serás más un ratón, te voy a convertir en la más bella de las mujeres, la más habilidosa y la más llena de todas las virtudes.
Y al instante se convirtió, en una bella doncella.
-Ahora ¿qué deseas?, pídeme lo que quieras. Le dijo el mago.
La doncella, le respondió:
-Quiero casarme con el ser más poderoso del mundo.
Muy bien, dijo el mago:
-Te casarás con el Sol, él es quién da luz y calor a todo el planeta.
Pero entonces intervino el Sol y dijo:
-No soy tan poderoso, piensa que unas cuantas nubes pueden cubrirme y ocultar mi luz y mi calor.
EL mago reflexionó y dijo:
-Es cierto, entonces, te casaras con las Nubes que son capaces de dejar sin luz y calor al Sol y que nos dan la lluvia tan indispensable para la vida.
Pero las Nubes respondieron:
-No es tanta nuestra fuerza o importancia, ya que el viento nos lleva de un lado al otro, a su antojo.
Nuevamente el mago, dijo:
-Es cierto, te casaremos con el Viento.
Pero el Viento que estaba oyendo la conversación, dijo:
-Yo no tengo tanto poder como pensáis. Una montaña puede detenerme e impedirme que pase al otro lado y solo puedo quedarme donde ella decida.
El mago se quedó razonando nuevamente:
-Entonces te casarás con la Montaña, nadie la podrá mover.
Pero la montaña, respondió:
-Yo no soy la más poderosa de la tierra. Date cuenta que un simple ratoncito puede excavar y roer donde más le gusta y hacer su madriguera dentro de mí.
Después de escuchar al Sol, las Nubes, el Viento y la Montaña el mago sin decir ni una sola palabra convirtió a la bella mujer nuevamente en un ratoncito.
El ratoncito viendo el mago alejarse comprendió que:
"Nadie es más fuerte y nadie es mejor, Dios creo todo lo que existe de acuerdo a un plan divino desde la eternidad y ordenó todas las cosas en su lugar. Cada uno de nosotros somos parte de un plan estratégicamente diseñado, tanto el ratoncito, como tu y yo somos sumamente importantes para que todo se cumpla según su propósito”
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El banquero y el pescador
Un banquero y experto en inversiones, estaba en el muelle de un pequeño pueblo caribeño, cuando llegó un pescador en su bote.
Dentro del bote había varios atunes amarillos bastante grandes y el banquero elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó:
-¿Cuánto tiempo le tomo pescarlos?
-Muy poco tiempo, respondió el pescador.
-¿Porqué no se quedó más tiempo pescando, podría haber traído mas peces? Preguntó el banquero.
-Si, seguramente, pero esto es suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de mi familia, dijo el pescador
-Pero permíteme que te pregunte, dijo el banquero ¿qué haces con el resto de tu tiempo?,
-Después de pescar, descanso un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta, luego acompaño a mi esposa hacer las compras y por las noches me reúno con los amigos para pasar un buen rato conversando. Llevo una vida tranquila y despreocupada, dijo el pescador.
-Mira, yo soy un especialista en marketing y asesor de grandes empresas y podría ayudarte a desarrollar un negocio. Lo que tendrías que hacer, es dedicar más tiempo a la pesca y con los ingresos podrías comprar un bote más grande. Al tener un bote más grande puedes pescar mucho más que ahora, de manera que duplicarías las ganancias. Con el tiempo podrías comprar varios botes y tener empleados que pesquen para ti.
El siguiente paso es que en lugar de vender el pescado a un intermediario, lo podrías vender directamente a la empresa que distribuye el pescado una vez envasado y empaquetado y con el tiempo podrías tener la distribución para la provincia o el país entero.
Claro cuando eso ocurra, tendrías que dejar este pequeño pueblo para instalarte en la gran ciudad, desde donde manejarías tu empresa, sin tener que salir a pescar.
-¿Pero, cuánto tiempo hace falta para que ocurra todo eso? Preguntó el pescador.
-Entre diez y quince años, dijo el banquero.
-¿Y luego qué? Dijo el pescador.
-Después se puede anunciar una IPO (Oferta Inicial de Acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te harás millonario.
-¿Y luego qué? Le preguntó sonriendo al banquero.
-Luego te puedes retirar. Te compras una casita en un pueblecito de la costa, donde puedes descansar, dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, ir con tu esposa de compras y reunirte con tus amigos y familiares para pasarlo bien. Dijo el banquero.
-¿Acaso no es eso lo que ya tengo?
Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos. La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos mal por aquello que no tenemos.
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A proposito de Jesús
Jesús nació en una aldea insignificante…
Creció en un barrio sencillo y humilde...
Trabajó hasta los treinta años en una carpintería...
No fue a la universidad...
Nunca tuvo un puesto de importancia...
Nunca escribió un libro...
Nunca puso sus pies en lo que consideraríamos una gran ciudad...
Nunca viajó a más de trescientos kilómetros de su ciudad natal...
No formó una familia...
No hizo ninguna de las cosas que generalmente hacen los grandes personajes...
Durante tres años fue predicador ambulante...
No tuvo más credenciales que su propia persona...
La opinión popular se puso en contra suya...
Sus amigos huyeron...
Uno de ellos incluso lo traicionó...
Fue entregado a sus enemigos...
Tuvo que soportar la farsa de un proceso judicial...
Lo asesinaron clavándolo en una cruz, entre dos ladrones...
Mientras agonizaba, los encargados de su ejecución se disputaron la única cosa que tenía en propiedad: una túnica...
Lo sepultaron en una tumba prestada, gracias a la compasión de un amigo...
Según las normas sociales y humanas, su vida fue un fracaso total...
Pero han pasado más de veinte siglos y hoy continua siendo la pieza central de la historia humana.
No es exagerado decir que aunque pusiéramos juntos todos los ejércitos, gobiernos, sabios, parlamentos, reyes o autoridades de todos los tiempos, no serian capaces de afectar tan poderosamente la existencia del ser humano sobre la tierra, como lo ha hecho la sencilla vida de Jesús...
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