
¿Si no la ven al pasar?
Una familia sufre la pérdida de un familiar muy querido. Este familiar era la parte dulce de la familia, la parte emocional. Como toda estructura, cuando falta una pieza, se descompensa y comienzan los problemas, las cuestiones y las distintas respuestas a la vida y comunicación con Dios.
Cada uno, a su manera, sintió la falta. Algunos pidieron a Dios, otros reclamaron a Dios, y otros se enojaron con Dios por haberse llevado esta pieza tan importante. Ninguno pudo ser capaz de pensar en las palabras de Dios; y por el contrario fueron egoístas con quien había marchado a la tierra prometida.
Cada uno con Dios manifestó su dolor.
-¿Por qué te la llevaste? preguntaban a Dios.
- Si tu puedes hacer lo imposible ¿por qué no la resucitas? reclamaban a Dios.
- No me amas tanto como dicen, no te la hubieras llevado si así fuera, reprochaban a Dios.
... Dios, sólo escuchaba.
Las lágrimas y la constante necesidad de esta pieza llevó a que la persona que estaba en el cielo tuviera una reunión con Dios.
- Míralos Dios, mira cómo están tristes, cómo en vez de encontrar la paz buscan formas alternativas de olvidarme y necesitarme más. Fíjate como se alejan entre ellos, pierden la noción de la vida, hacen cosas feas y sufren. He visto llorar a escondidas a algunos, maldecir a otros y llamarme a cada rato. Tampoco yo puedo tener paz aquí en el cielo y disfrutar de este lugar donde nada necesitamos porque tenemos de todo. ¿qué podemos hacer Dios? , le dijo ella.
- ¿Tú quieres volver?, le preguntó Dios.
Y ella respondió que no. Pero que tampoco podía vivir su vida así, sin paz en el cielo, eso también la hacía sufrir a ella.
Más preocupada por esta situación preguntó a Dios:
- Entonces, ¿qué haremos Señor?
Y Dios dijo:
- Yo ya pensé en todo antes de todo.
Intrigada, le preguntó a Dios - ¿Cómo resolverás esta situación?
Y el Señor le dijo:
- Fíjate en este cofre del mañana y observa lo que les he preparado a ellos por ti.
Ella observó y abrazó a Dios diciendo: gracias Padre.
Y Dios le dijo:
- Tú disfruta del cielo como puedas mientras ellos vivan los tiempos hasta que llegue el momento.
Sabiendo que el Señor es grande en Misericordia, se retiró en busca de la paz dando fin a la reunión.
Pasaban los años y Dios sólo observaba a cada uno de los familiares desde su Reino. Sin abandonarlos, aunque algunos no querían ni escuchar hablar de Dios, les fue respondiendo y dejándolos en libertad, sin culparlos y comprendiéndolos.
Un buen día llega a esta familia una joven. Algunos de los familiares pudieron conocerla y encontraban detalles que parecían respuestas de Dios pero que a la vez no deducían e ignoraron.
Desde el cielo sólo observaban y esperaban que las cosas estuvieran bien.
Iba pasando el tiempo y las cosas aún seguían mal. Algunas se acomodaban pero a su vez otras no.
Preocupada por la situación, la mujer en el cielo volvió a pedir reunión con Dios.
Dios accedió.
- Señor, cuando me retiré la última vez que hablamos, tú me dijiste que vaya en paz... Sin embargo no la tengo. No puedo descansar. Aún siguen sus lamentos, sus broncas contigo; y aunque veo que le has dado lo que me mostraste, tampoco se han solucionado las cosas. Es más, están empeorando. ¿Hasta cuándo?
Y Dios le respondió.
- Hasta que ellos aprendan a verme, a escucharme y a conocer mi gran amor. Como a todos mis hijos, les doy lo mejor, pero nada que yo les de en la tierra será perfecto; sino nunca comprenderán que la perfección no existe en lo terrenal sino en lo celestial y que en la vida hay que convivir, compartir y encontrar todo en el corazón no en lo exterior.
Tú no quisiste volver a la tierra, sino yo te hubiera devuelto. Pero como sé que quien llega a mi Reino no quiere volver, tengo que responder a mis hijos de otra forma. No pude mandarte físicamente, pero pude responderles con lo que les faltaba. Tu eras la pieza de la dulzura y lo emocional, esa fue la pieza que les dí como me pidieron. Pero tendrán que ver con los ojos del alma no con los ojos de los hombres.
Muy triste miró hacia abajo y volviendo su mirada al Señor le dijo:
- Entonces hasta que ellos lleguen a ese punto, por lo que veo, dificilmente tendré paz aquí arriba. ¿no habrá algo por hacer aún Señor?, le pregunto ella.
Y Dios le dijo:
- Mira otra vez en el cofre del mañana. Fíjate bien en ella. Porque esa joven imperfecta, sensible, de temperamento y gran corazón, confiará ciegamente en mí y abrirá las puertas de lo imposible con su fe.
La mujer vio dentro del cofre y apenada le dijo a Dios: - Pero esa joven está sola, sufrirá, sufrirá más de lo que debería, inclusive por mí.
Y Dios le dijo:
- Recuerda que yo antes de todo, pensé en todo. Nada doy a mis hijos que no puedan hacer y ella también deberá aprender a vivir. Pero quien está en mí, estoy en él y así andará día a día avanzando aún en su gran dolor.
Sabiendo de la Misericordia de Dios, la mujer se retiró a disfrutar del cielo otra vez. Pero antes de irse le preguntó: - Señor y ¿si no la ven al pasar?
Dios se sonrió y con eso bastó para darle la paz.
............................
¿Cuántas veces Dios nos responde y no nos damos cuenta?
Están quienes no tienen un padre, una madre, abuelos, hermanos, hijos,...pero Dios nunca deja un lugar vacío, por el contrario lo llena hasta sobrar. Está claro que nadie reemplaza a nadie, sino que de una forma mejor Dios compensa la pérdida, la falta, la vida.
¿Cuántas veces uno se paraliza en el egoísmo o no deja en paz a quienes partieron al cielo, por reclamarlos u obrar mal?
¿Cuánto más fuerte es nuestra soberbia, rebeldía, bronca, ambición... que la aceptación de la realidad y los hermosos valores que Dios nos ha inculcado a través de Jesús?
¿Cuántas cosas hemos perdido por no verlas al pasar? ¿A caso no fueron más de las que perdimos una vez?
Dios siempre nos da lo que pedimos; pero eso no se haya en la mirada de los hombres, sino en la mirada que parte del corazón de los hombres. Uno de los misterios más hermosos de Dios.
Muchas veces pedimos a Dios sin confiar en Él. Sólo pedimos y esperamos lo que queremos como si fuera la compra de un producto. A veces no nos damos cuenta de lo que Dios nos da, mucho más de lo que pretendemos tener.
Pedimos una flor y nos da un jardín, semillas y herramientas para tener miles de flores.
En situaciones muy extremas pedimos que un familiar que falleció regrese a la tierra, sin embargo es difícil que quieran volver, por eso Dios nos da amigos, hijos, nietos, sobrinos, novios, novias,... otras personas que pueden aportarnos otras experiencias de vida y compensar la falta. No nos damos cuenta, el gran error es no darnos cuenta en el momento justo de nuestro egoísmo y la falta de vista u oído. Aún así, Dios siempre nos responde. Mientras más abramos el corazón hacia Él y confiemos en su palabra, en su obra, más que en nosotros mismos, comprenderemos este misterio divino y encontraremos la verdadera felicidad y vida en abundancia.
Con fe y con amor, miremos bien en este año 2010 todo lo que día a día Dios nos da y ojalá seamos capaces no perder nada que esté a nuestro alcance; y que al pasar no desperdiciemos la gracia.
Dios nos ayude por los que estamos en la tierra y por el eterno descanso de los que están en el cielo; con respeto y sinceridad vivamos en la caridad del amor.
Una familia sufre la pérdida de un familiar muy querido. Este familiar era la parte dulce de la familia, la parte emocional. Como toda estructura, cuando falta una pieza, se descompensa y comienzan los problemas, las cuestiones y las distintas respuestas a la vida y comunicación con Dios.
Cada uno, a su manera, sintió la falta. Algunos pidieron a Dios, otros reclamaron a Dios, y otros se enojaron con Dios por haberse llevado esta pieza tan importante. Ninguno pudo ser capaz de pensar en las palabras de Dios; y por el contrario fueron egoístas con quien había marchado a la tierra prometida.
Cada uno con Dios manifestó su dolor.
-¿Por qué te la llevaste? preguntaban a Dios.
- Si tu puedes hacer lo imposible ¿por qué no la resucitas? reclamaban a Dios.
- No me amas tanto como dicen, no te la hubieras llevado si así fuera, reprochaban a Dios.
... Dios, sólo escuchaba.
Las lágrimas y la constante necesidad de esta pieza llevó a que la persona que estaba en el cielo tuviera una reunión con Dios.
- Míralos Dios, mira cómo están tristes, cómo en vez de encontrar la paz buscan formas alternativas de olvidarme y necesitarme más. Fíjate como se alejan entre ellos, pierden la noción de la vida, hacen cosas feas y sufren. He visto llorar a escondidas a algunos, maldecir a otros y llamarme a cada rato. Tampoco yo puedo tener paz aquí en el cielo y disfrutar de este lugar donde nada necesitamos porque tenemos de todo. ¿qué podemos hacer Dios? , le dijo ella.
- ¿Tú quieres volver?, le preguntó Dios.
Y ella respondió que no. Pero que tampoco podía vivir su vida así, sin paz en el cielo, eso también la hacía sufrir a ella.
Más preocupada por esta situación preguntó a Dios:
- Entonces, ¿qué haremos Señor?
Y Dios dijo:
- Yo ya pensé en todo antes de todo.
Intrigada, le preguntó a Dios - ¿Cómo resolverás esta situación?
Y el Señor le dijo:
- Fíjate en este cofre del mañana y observa lo que les he preparado a ellos por ti.
Ella observó y abrazó a Dios diciendo: gracias Padre.
Y Dios le dijo:
- Tú disfruta del cielo como puedas mientras ellos vivan los tiempos hasta que llegue el momento.
Sabiendo que el Señor es grande en Misericordia, se retiró en busca de la paz dando fin a la reunión.
Pasaban los años y Dios sólo observaba a cada uno de los familiares desde su Reino. Sin abandonarlos, aunque algunos no querían ni escuchar hablar de Dios, les fue respondiendo y dejándolos en libertad, sin culparlos y comprendiéndolos.
Un buen día llega a esta familia una joven. Algunos de los familiares pudieron conocerla y encontraban detalles que parecían respuestas de Dios pero que a la vez no deducían e ignoraron.
Desde el cielo sólo observaban y esperaban que las cosas estuvieran bien.
Iba pasando el tiempo y las cosas aún seguían mal. Algunas se acomodaban pero a su vez otras no.
Preocupada por la situación, la mujer en el cielo volvió a pedir reunión con Dios.
Dios accedió.
- Señor, cuando me retiré la última vez que hablamos, tú me dijiste que vaya en paz... Sin embargo no la tengo. No puedo descansar. Aún siguen sus lamentos, sus broncas contigo; y aunque veo que le has dado lo que me mostraste, tampoco se han solucionado las cosas. Es más, están empeorando. ¿Hasta cuándo?
Y Dios le respondió.
- Hasta que ellos aprendan a verme, a escucharme y a conocer mi gran amor. Como a todos mis hijos, les doy lo mejor, pero nada que yo les de en la tierra será perfecto; sino nunca comprenderán que la perfección no existe en lo terrenal sino en lo celestial y que en la vida hay que convivir, compartir y encontrar todo en el corazón no en lo exterior.
Tú no quisiste volver a la tierra, sino yo te hubiera devuelto. Pero como sé que quien llega a mi Reino no quiere volver, tengo que responder a mis hijos de otra forma. No pude mandarte físicamente, pero pude responderles con lo que les faltaba. Tu eras la pieza de la dulzura y lo emocional, esa fue la pieza que les dí como me pidieron. Pero tendrán que ver con los ojos del alma no con los ojos de los hombres.
Muy triste miró hacia abajo y volviendo su mirada al Señor le dijo:
- Entonces hasta que ellos lleguen a ese punto, por lo que veo, dificilmente tendré paz aquí arriba. ¿no habrá algo por hacer aún Señor?, le pregunto ella.
Y Dios le dijo:
- Mira otra vez en el cofre del mañana. Fíjate bien en ella. Porque esa joven imperfecta, sensible, de temperamento y gran corazón, confiará ciegamente en mí y abrirá las puertas de lo imposible con su fe.
La mujer vio dentro del cofre y apenada le dijo a Dios: - Pero esa joven está sola, sufrirá, sufrirá más de lo que debería, inclusive por mí.
Y Dios le dijo:
- Recuerda que yo antes de todo, pensé en todo. Nada doy a mis hijos que no puedan hacer y ella también deberá aprender a vivir. Pero quien está en mí, estoy en él y así andará día a día avanzando aún en su gran dolor.
Sabiendo de la Misericordia de Dios, la mujer se retiró a disfrutar del cielo otra vez. Pero antes de irse le preguntó: - Señor y ¿si no la ven al pasar?
Dios se sonrió y con eso bastó para darle la paz.
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¿Cuántas veces Dios nos responde y no nos damos cuenta?
Están quienes no tienen un padre, una madre, abuelos, hermanos, hijos,...pero Dios nunca deja un lugar vacío, por el contrario lo llena hasta sobrar. Está claro que nadie reemplaza a nadie, sino que de una forma mejor Dios compensa la pérdida, la falta, la vida.
¿Cuántas veces uno se paraliza en el egoísmo o no deja en paz a quienes partieron al cielo, por reclamarlos u obrar mal?
¿Cuánto más fuerte es nuestra soberbia, rebeldía, bronca, ambición... que la aceptación de la realidad y los hermosos valores que Dios nos ha inculcado a través de Jesús?
¿Cuántas cosas hemos perdido por no verlas al pasar? ¿A caso no fueron más de las que perdimos una vez?
Dios siempre nos da lo que pedimos; pero eso no se haya en la mirada de los hombres, sino en la mirada que parte del corazón de los hombres. Uno de los misterios más hermosos de Dios.
Muchas veces pedimos a Dios sin confiar en Él. Sólo pedimos y esperamos lo que queremos como si fuera la compra de un producto. A veces no nos damos cuenta de lo que Dios nos da, mucho más de lo que pretendemos tener.
Pedimos una flor y nos da un jardín, semillas y herramientas para tener miles de flores.
En situaciones muy extremas pedimos que un familiar que falleció regrese a la tierra, sin embargo es difícil que quieran volver, por eso Dios nos da amigos, hijos, nietos, sobrinos, novios, novias,... otras personas que pueden aportarnos otras experiencias de vida y compensar la falta. No nos damos cuenta, el gran error es no darnos cuenta en el momento justo de nuestro egoísmo y la falta de vista u oído. Aún así, Dios siempre nos responde. Mientras más abramos el corazón hacia Él y confiemos en su palabra, en su obra, más que en nosotros mismos, comprenderemos este misterio divino y encontraremos la verdadera felicidad y vida en abundancia.
Con fe y con amor, miremos bien en este año 2010 todo lo que día a día Dios nos da y ojalá seamos capaces no perder nada que esté a nuestro alcance; y que al pasar no desperdiciemos la gracia.
Dios nos ayude por los que estamos en la tierra y por el eterno descanso de los que están en el cielo; con respeto y sinceridad vivamos en la caridad del amor.
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