ramal: católico apostólico romano.

martes, 19 de enero de 2010

COMPARTIENDO (UN HERMOSO REGALO QUE ME HIZO MI AMIGA SILVIA)

La Santa Misa
Testimonio de Catalina
Lo que ocurre durante la Santa Misa es invisible a los ojos de los hombres, pero es tan tangible como lo debe ser nuestra fe en Dios. Y son los ojos de nuestra fe los que deben ver lo que Dios nos enseña hoy: aprender a vivir la Misa, por Sus propios consejos y los de Su Madre.
¡Cómo podemos perdernos esta enorme Gracia del Cielo!
Catalina Rivas es un instrumento de Jesús que ha recibido, entre muchas otras revelaciones, esta hermosa enseñanza sobre lo que ocurre realmente durante la Santa Misa. Jesús y María nos revelan, a través de Catalina, el mundo espiritual que envuelve cada celebración de la Presencia Eucarística del Señor. Todo cristiano debiera leer este texto, para poder comprender en lo profundo del corazón lo que ocurre en el momento más importante de nuestras vidas: el encuentro con Dios Vivo en la Eucaristía.
Catalina inició su apostolado en Cochabamba, Bolivia, dentro de un movimiento creado allí alrededor de las gracias Celestiales recibidas, llamado el APOSTOLADO DE LA NUEVA EVANGELIZACION (ANE) (www.a-n-e.net ). Desde el ANE y desde www.jesucristovivo.org se difunden los escritos de Catalina, como un paso fundamental en la Obra de Dios en nuestros tiempos. La aprobación del libro La Santa Misa fue otorgada por Monseñor José Oscar Barahona C., Obispo de San Vicente, El Salvador, C.A., el 2 de marzo de 2004.
Jesús ha dictado a Catalina una gran cantidad de libros que son un regalo de Dios para todos nosotros. Jesús, a través de los mensajes que le entrega a Catalina, se transforma en un verdadero Maestro que nos explica los Evangelios, interpreta el mundo que vivimos en la actualidad, y nos lleva de Su mano y de la de Su amadísima Madre, a la Patria Celestial.
¡Gracias Jesús por ser nuestro Maestro en estos difíciles tiempos!


DEDICATORIA
A Su Santidad, Juan Pablo II
Primer Apóstol de la Nueva Evangelización
De cuyo ejemplo los laicos
recibimos fe, valor y piedad
Con inmensa gratitud y amor
A todos los sacerdotes:
cordón umbilical de Dios con los hombres,
que transmiten la gracia divina a través del perdón
y de la Consagración Eucarística
Catalina
La Santa Misa

TESTIMONIO DE CATALINA
SOBRE LA SANTA MISA
En la maravillosa catequesis con la que el Señor y la Virgen María nos
han ido instruyendo -en primer lugar enseñándonos la forma de rezar el
Sto. Rosario, de orar con el corazón, de meditar y disfrutar de los
momentos de encuentro con Dios y con nuestra Madre bendita; la
manera de confesarse bien- está la del conocimiento de lo que sucede en
la Santa Misa y la forma de vivirla con el corazón.
Este es el testimonio que debo y quiero dar al mundo entero, para mayor
Gloria de Dios y para la salvación de todo aquel que quiera abrir su
corazón al Señor. Para que muchas almas consagradas a Dios, reaviven
el fuego del amor a Cristo, unas que son dueñas de las manos que tienen
el poder de traerlo a la tierra para que sea nuestro alimento, las otras,
para que pierdan la “costumbre rutinaria” de recibirlo y revivan el
asombro del encuentro cotidiano con el amor. Para que mis hermanos y
hermanas laicos del mundo entero vivan el mayor de los Milagros con el
corazón: la celebración de la Santa Eucaristía.
Era la vigilia del día de la Anunciación y los componentes del grupo
nuestro habíamos ido a confesarnos. Algunas de las señoras del grupo
de oración no alcanzaron a hacerlo y dejaron su confesión para el día
siguiente antes de la Santa Misa.
Cuando llegué al día siguiente a la Iglesia un poco atrasada, el señor
Arzobispo y los sacerdotes ya estaban saliendo al presbiterio. Dijo la
Virgen con aquella voz tan suave y femenina que a una le endulza el
alma.
“Hoy es un día de aprendizaje para ti y quiero que prestes mucha
atención, porque de lo que seas testigo hoy, todo lo que vivas en
este día, tendrás que participarlo a la humanidad”. Me quedé
sobrecogida sin entender pero procurando estar muy atenta.
Lo primero que percibí es que había un coro de voces muy hermosas que
cantaban como si estuviesen lejos, a momentos se acercaba y luego se
alejaba la música como con el sonido del viento.
El señor Arzobispo empezó la Santa Misa, y al llegar a la Oración
Penitencial, dijo la Santísima Virgen:
“Desde el fondo de tu corazón, pide perdón al Señor por todas
tus culpas, por haberlo ofendido, así podrás participar
dignamente de este privilegio que es asistir a la Santa Misa.”
Seguramente que por una fracción de segundo pensé: “Pero si estoy en
Gracia de Dios, me acabo de confesar anoche”.
Ella contestó: “¿Y tú crees que desde anoche no has ofendido al
Señor? Déjame que Yo te recuerde algunas cosas. Cuando salías
para venir aquí, la muchacha que te ayuda se acercó para pedirte
algo y como estabas con retraso, a la apurada, le contestaste no
de muy buena forma. Eso ha sido una falta de caridad de tu parte
y dices no haber ofendido a Dios...?”
“De camino hacia acá un autobús se atravesó en tu camino, casi
te choca y te expresaste en forma poco conveniente contra ese
pobre hombre, en lugar de venir haciendo tus oraciones,
preparándote para la Santa Misa. Has faltado a la caridad y has
perdido la paz, la paciencia. ¿Y dices no haber lastimado al
Señor...?”
“En el último momento llegas, cuando ya la procesión de los
celebrantes está saliendo para celebrar la Misa...y vas a
participar de ella sin una previa preparación....”
-Ya, Madre Mía, ya no me digas más, no me recuerdes más cosas
porque me voy a morir de pesar y vergüenza- contesté.
“¿Por qué tienen que llegar en el último momento? Ustedes
deberían estar antes para poder hacer una oración y pedir al
Señor que envíe Su Santo Espíritu, que les otorgue un espíritu de
paz que eche fuera el espíritu del mundo, las preocupaciones, los
problemas y las distracciones para ser capaces de vivir este
momento tan sagrado. Pero llegan casi al comenzar la
celebración, y participan como si participaran de un evento
cualquiera, sin ninguna preparación espiritual. ¿Por qué? Es el
Milagro más grande, van a vivir el momento de regalo más
grande de parte del Altísimo y no lo saben apreciar.”
Era bastante. Me sentía tan mal que tuve más que suficiente para pedir
perdón a Dios, no solamente por las faltas de ese día, sino por todas las
veces que, como muchísimas otras personas, esperé a que termine la
homilía del sacerdote para entrar en la Iglesia. Por las veces que no supe
o me negué a comprender lo que significaba estar allí, por las veces que
tal vez habiendo estado mi alma llena de pecados más graves, me había
atrevido a participar de la Santa Misa.
Era día de Fiesta y debía recitarse el Gloria. Dijo nuestra Señora: -
“Glorifica y bendice con todo tu amor a la Santísima Trinidad
en tu reconocimiento como criatura Suya”.
Qué distinto fue aquel Gloria. De pronto me veía en un lugar lejano,
lleno de luz ante la Presencia Majestuosa del Trono de Dios, y con
cuánto amor fui agradeciendo al repetir: “...Por tu inmensa Gloria Te
alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damos
gracias, Señor, Dios Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso y evoqué el
rostro paternal del Padre lleno de bondad... Señor, Hijo único
Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que quitas
el pecado del mundo...” Y Jesús estaba delante de mí, con ese rostro
lleno de ternura y Misericordia: “...porque sólo Tú eres Dios, sólo Tú,
Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo...” el Dios del Amor hermoso,
Aquel que en ese momento estremecía todo mi ser...
Y pedí: “Señor, libérame de todo espíritu malo, mi corazón te pertenece,
Señor mío envíame tu paz para conseguir el mejor provecho de esta
Eucaristía y que mi vida dé sus mejores frutos. Espíritu Santo de Dios,
transfórmame, actúa en mí, guíame ¡Oh Dios, dame los dones que
necesito para servirte mejor...!”
Llegó el momento de la Liturgia de la Palabra y la Virgen me hizo
repetir: “Señor, hoy quiero escuchar Tu Palabra y producir fruto
abundante, que Tu Santo Espíritu limpie el terreno de mi corazón, para
que Tu Palabra crezca y se desarrolle, purifica mi corazón para que esté
bien dispuesto.”
“Quiero que estés atenta a las lecturas y a toda la homilía del
sacerdote. Recuerda que la Biblia dice que la Palabra de Dios no
vuelve sin haber dado fruto. Si tú estás atenta, va a quedar algo
en ti de todo lo que escuches. Debes tratar de recordar todo el día
esas Palabras que dejaron huella en ti. Serán dos frases unas
veces, luego será la lectura del Evangelio entera, tal vez solo una
palabra, paladear el resto del día y eso hará carne en ti porque
esa es la forma de transformar la vida, haciendo que la Palabra
de Dios lo transforme a uno”.
“Y ahora, dile al Señor que estás aquí para escuchar lo que
quieres que El diga hoy a tu corazón”.
Nuevamente agradecí a Dios por darme la oportunidad de escuchar Su
Palabra y le pedí perdón por haber tenido el corazón tan duro por tantos
años y haber enseñado a mis hijos que debían ir a Misa los domingos,
porque así lo mandaba la Iglesia, no por amor, por necesidad de llenarse
de Dios...
Yo que había asistido a tantas Eucaristías, más por compromiso; y con
ello creía estar salvada. De vivirla, ni soñar, de poner atención en las
lecturas y la homilía del sacerdote, menos.
¡Cuánto dolor sentí por tantos años de pérdida inútil, por mi
ignorancia!... ¡Cuánta superficialidad en las Misas a las que asistimos
porque es una boda, una Misa de difunto o porque tenemos que
hacernos ver con la sociedad! ¡Cuánta ignorancia sobre nuestra Iglesia
y sobre los Sacramentos! ¡Cuánto desperdicio en querer instruirnos y
culturizarnos en las cosas del mundo, que en un momento pueden
desaparecer sin quedarnos nada, y que al final de la vida no nos sirven
ni para alargar un minuto a nuestra existencia! Y sin embargo, de
aquello que va a ganarnos un poco del cielo en la tierra y luego
la vida eterna, no sabemos nada, ¡Y nos llamamos hombres y
mujeres cultos…!
Un momento después llegó el Ofertorio y la Santísima Virgen dijo
“Reza así: ( y yo la seguía) Señor, te ofrezco todo lo que soy, lo
que tengo, lo que puedo, todo lo pongo en Tus manos. Edifica Tú,
Señor con lo poco que soy. Por los méritos de Tu Hijo,
transfórmame, Dios Altísimo. Te pido por mi familia, por mis
bienhechores, por cada miembro de nuestro Apostolado, por
todas las personas que nos combaten, por aquellos que se
encomiendan a mis pobres oraciones... Enséñame a poner mi
corazón en el suelo para que su caminar sea menos duro. Así
oraban los santos, así quiero que lo hagan”.
Y es que así lo pide Jesús, que pongamos el corazón en el suelo para que
ellos no sientan la dureza, sino que los aliviemos con el dolor de aquel
pisotón. Años después leí un librito de oraciones de un Santo al que
quiero mucho: José María Escrivá de Balaguer y allá pude encontrar
una oración parecida a la que me enseñaba la Virgen. Tal vez este Santo
a quien me encomiendo, agradaba a la Virgen Santísima con aquellas
oraciones.
De pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto
antes. Era como si del lado de cada persona que estaba en la Catedral,
saliera otra persona y aquello se llenó de unos personajes jóvenes,
hermosos. Iban vestidos con túnicas muy blancas y fueron saliendo
hasta el pasillo central dirigiéndose hacia el Altar.
Dijo nuestra Madre: “Observa, son los Ángeles de la Guarda de
cada una de las personas que está aquí. Es el momento en que su
Ángel de la Guarda lleva sus ofrendas y peticiones ante el Altar
del Señor.”
En aquel momento, estaba completamente asombrada, porque esos seres
tenían rostros tan hermosos, tan radiantes como no puede uno
imaginarse. Lucían unos rostros muy bellos, casi femeninos, sin
embargo la complexión de su cuerpo, sus manos, su estatura era de
hombre. Los pies desnudos no pisaban el suelo, sino que iban como
deslizándose, como resbalando. Aquella procesión era muy hermosa.
Algunos de ellos tenían como una fuente de oro con algo que brillaba
mucho con una luz blanca-dorada, dijo la Virgen: -“Son los Ángeles
de la Guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa
Misa por muchas intenciones, aquellas personas que están
conscientes de lo que significa esta celebración, aquellas que
tienen algo que ofrecer al Señor...”
“Ofrezcan en este momento..., ofrezcan sus penas, sus dolores,
sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus peticiones.
Recuerden que la Misa tiene un valor infinito por lo tanto, sean
generosos en ofrecer y en pedir.”
Detrás de los primeros Ángeles venían otros que no tenían nada en las
manos, las llevaban vacías. Dijo la Virgen: -“Son los Ángeles de las
personas que estando aquí, no ofrecen nunca nada, que no tienen
interés en vivir cada momento litúrgico de la Misa y no tienen
ofrecimientos que llevar ante el Altar del Señor.”
En último lugar iban otros Ángeles que estaban medio tristones, con las
manos juntas en oración pero con la mirada baja. -“Son los Ángeles de
la Guarda de las personas que estando aquí, no están, es decir de
las personas que han venido forzadas, que han venido por
compromiso, pero sin ningún deseo de participar de la Santa Misa
y los Ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el Altar,
salvo sus propias oraciones.”
“No entristezcan a su Ángel de la Guarda... Pidan mucho, pidan
por la conversión de los pecadores, por la paz del mundo, por sus
familiares, sus vecinos, por quienes se encomiendan a sus
oraciones. Pidan, pidan mucho, pero no sólo por ustedes, sino por
los demás.”
“Recuerden que el ofrecimiento que más agrada al Señor es cuando
se ofrecen ustedes mismos como holocausto, para que Jesús, al
bajar, los transforme por Sus propios méritos. ¿Qué tienen que
ofrecer al Padre por sí mismos? La nada y el pecado, pero al
ofrecerse unidos a los méritos de Jesús, aquel ofrecimiento es grato
al Padre.”
Aquel espectáculo, aquella procesión era tan hermosa que difícilmente
podría compararse a otra. Todas aquellas criaturas celestiales haciendo
una reverencia ante el Altar, unas dejando su ofrenda en el suelo, otras
postrándose de rodillas con la frente casi en el suelo y luego que llegaban
allá desaparecían a mi vista.
Llegó el momento final del Prefacio y cuando la asamblea decía:
“Santo, Santo, Santo” de pronto, todo lo que estaba detrás de los
celebrantes desapareció. Del lado izquierdo del señor Arzobispo hacia
atrás en forma diagonal aparecieron miles de Ángeles, pequeños, Ángeles
grandes, Ángeles con alas inmensas, Ángeles con alas pequeñas, Ángeles
sin alas, como los anteriores; todos vestidos con unas túnicas como las
albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos.
Todos se arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia
inclinaban la cabeza. Se escuchaba una música preciosa, como si fueran
muchísimos coros con distintas voces y todos decían al unísono junto con
el pueblo: Santo, Santo, Santo…
Había llegado el momento de la Consagración, el momento del más
maravilloso de los Milagros... Del lado derecho del Arzobispo hacia atrás
en forma también diagonal, una multitud de personas, iban vestidas con
la misma túnica pero en colores pastel: rosa, verde, celeste, lila,
amarillo; en fin, de distintos colores muy suaves. Sus rostros también
eran brillantes, llenos de gozo, parecían tener todos la misma edad. Se
podía apreciar (y no puedo decirlo por qué) que había gente de distintas
edades, pero todos parecían igual en las caras, sin arrugas, felices. Todos
se arrodillaban también ante el canto de “Santo, Santo, Santo, es el
Señor...”
Dijo nuestra Señora: -“Son todos los Santos y Bienaventurados
del cielo y entre ellos, también están las almas de los familiares
de ustedes que gozan ya de la Presencia de Dios.” Entonces la vi.
Allá justamente a la derecha del señor Arzobispo... un paso detrás del
celebrante, estaba un poco suspendida del suelo, arrodillada sobre unas
telas muy finas, transparentes pero a la vez luminosas, como agua
cristalina, la Santísima Virgen, con las manos unidas, mirando atenta y
respetuosamente al celebrante. Me hablaba desde allá, pero
silenciosamente, directamente al corazón, sin mirarme.
-“¿Te llama la atención verme un poco más atrás de Monseñor,
verdad?. Así debe ser... Con todo lo que Me ama Mi Hijo, no Me
Ha dado la dignidad que da a un sacerdote de poder traerlo entre
Mis manos diariamente, como lo hacen las manos sacerdotales.
Por ello siento tan profundo respeto por un sacerdote y por todo
el milagro que Dios realiza a través suyo, que me obliga a
arrodillarme aquí.”
¡Dios mío, cuánta dignidad, cuánta gracia derrama el Señor sobre las
almas sacerdotales y ni nosotros, ni tal vez muchos de ellos estamos
concientes!
Delante del altar, empezaron a salir unas sombras de personas en color
gris que levantaban las manos hacia arriba. Dijo la Virgen Santísima: -
“Son las almas benditas del Purgatorio que están a la espera de
las oraciones de ustedes para refrescarse. No dejen de rezar por
ellas. Piden por ustedes, pero no pueden pedir por ellas mismas,
son ustedes quienes tienen que pedir por ellas para ayudarlas a
salir para encontrarse con Dios y gozar de Él eternamente.”
-“Ya lo ves, aquí Estoy todo el tiempo... La gente hace
peregrinaciones y busca los lugares de Mis apariciones, y está
bien por todas las gracias que allá se reciben, pero en ninguna
aparición, en ninguna parte Estoy más tiempo presente que en la
Santa Misa. Al pie del Altar donde se celebra la Eucaristía, siempre
Me van a encontrar; al pie del Sagrario permanezco Yo con los
Ángeles, porque Estoy siempre con Él.”
Ver ese rostro hermoso de la Madre en aquel momento del “Santo”, al igual
que todos ellos, con el rostro resplandeciente, con las manos juntas en
espera de aquel milagro que se repite continuamente, era estar en el mismo
cielo. Y pensar que hay gente, habemos personas que podemos estar
en ese momento distraídas, hablando... Con dolor lo digo, muchos
varones más que mujeres, que de pie cruzan los brazos, como
rindiéndole un homenaje de pie al Señor, de igual a igual.
Dijo la Virgen: “Dile al ser humano, que nunca un hombre es más
hombre que cuando dobla las rodillas ante Dios.”
El celebrante dijo las palabras de la “Consagración”. Era una persona de
estatura normal, pero de pronto empezó a crecer, a volverse lleno de luz,
una luz sobrenatural entre blanca y dorada lo envolvía y se hacía muy
fuerte en la parte del rostro, de modo que no podía ver sus rasgos. Cuando
levantaba la forma vi sus manos y tenían unas marcas en el dorso de las
cuales salía mucha luz. ¡Era Jesús!... Era Él que con Su Cuerpo envolvía el
del celebrante como si rodeara amorosamente las manos del señor
Arzobispo. En ese momento la Hostia comenzó a crecer y crecer enorme y
en ella, el Rostro maravilloso de Jesús mirando hacia Su pueblo.
Por instinto quise bajar la cabeza y dijo nuestra Señora: “No agaches la
mirada, levanta la vista, contémplalo, cruza tu mirada con la Suya
y repite la oración de Fátima: Señor, yo creo, adoro, espero y Te
amo, Te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no
esperan y no Te aman. Perdón y Misericordia... Ahora dile cuánto lo
amas, rinde tu homenaje al Rey de Reyes.”
Se lo dije, parecía que sólo a mí me miraba desde la enorme Hostia, pero
supe que así contemplaba a cada persona, lleno de amor... Luego bajé la
cabeza hasta tener la frente en el suelo, como hacían todos los Ángeles y
bienaventurados del Cielo. Por fracción de un segundo tal vez, pensé qué
era aquello que Jesús tomaba el cuerpo del celebrante y al mismo tiempo
estaba en la Hostia que al bajarla el celebrante se volvía nuevamente
pequeña. Tenía yo las mejillas llenas de lágrimas, no podía salir de mi
asombro.
Inmediatamente Monseñor dijo las palabras consagratorias del vino y
junto a sus palabras, empezaron unos relámpagos en el cielo y en el
fondo. No había techo de la Iglesia ni paredes, estaba todo oscuro
solamente aquella luz brillante en el Altar.
De pronto suspendido en el aire, vi a Jesús, crucificado, de la cabeza a la
parte baja del pecho. El tronco transversal de la cruz estaba sostenido
por unas manos grandes, fuertes. De en medio de aquel resplandor se
desprendió una lucecita como de una paloma muy pequeña muy
brillante, dio una vuelta velozmente toda la Iglesia y se fue a posar en el
hombro izquierdo del señor Arzobispo que seguía siendo Jesús, porque
podía distinguir Su melena y Sus llagas luminosas, Su cuerpo grande,
pero no veía Su Rostro.
Arriba, Jesús crucificado, estaba con el rostro caído sobre el lado derecho
del hombro Podía contemplar el rostro y los brazos golpeados y
descarnados. En el costado derecho tenía una herida en el pecho y salía a
borbotones, hacia la izquierda sangre y hacia la derecha, pienso que
agua pero muy brillante; más bien eran chorros de luz que iban
dirigiéndose hacia los fieles moviéndose a derecha e izquierda. ¡Me
asombraba la cantidad de sangre que fluía hacia del Cáliz. Pensé que iba
a rebalsar y manchar todo el Altar, pero no cayó una sola gota!
Dijo la Virgen en ese momento: “-Este es el milagro de los milagros,
te lo He repetido, para el Señor no existe ni tiempo ni distancia y
en el momento de la consagración, toda la asamblea es
trasladada al pie del Calvario en el instante de la crucifixión de
Jesús.
¿Puede alguien imaginarse eso? Nuestros ojos no lo pueden ver, pero
todos estamos allá, en el momento en que a Él lo están crucificando y
está pidiendo perdón al Padre, no solamente por quienes lo matan, sino
por cada uno de nuestros pecados: “¡Padre, perdónalos porque no
saben lo que hacen!”
A partir de aquel día, no me importa si me toman como a loca, pero pido
a todos que se arrodillen, que traten de vivir con el corazón y toda la
sensibilidad de que son capaces aquel privilegio que el Señor nos
concede.
Cuando íbamos a rezar el Padrenuestro, habló el Señor por primera
vez durante la celebración y dijo: “Aguarda, quiero que ores con la
mayor profundidad que seas capaz y que en este momento,
traigas a tu memoria a la persona o a las personas que más daño
te hayan ocasionado durante tu vida, para que las abraces junto
a tu pecho y les digas de todo corazón: “En el Nombre de Jesús
yo te perdono y te deseo la paz. En el Nombre de Jesús te pido
perdón y deseo mi paz. Si esa persona merece la paz, la va a
recibir y le hará mucho bien; si esa persona no es capaz de
abrirse a la paz, esa paz volverá a tu corazón. Pero no quiero que
recibas y des la paz a otras personas cuando no eres capaz de
perdonar y sentir esa paz primero en tu corazón.”
“Cuidado con lo que hacen” – continuó el Señor - “Ustedes repiten
en el Padrenuestro: perdónanos así como nosotros perdonamos a
los que nos ofenden. Si ustedes son capaces de perdonar y no
olvidar, como dicen algunos, están condicionando el perdón de
Dios. Están diciendo perdóname únicamente como yo soy capaz
de perdonar, no más allá.”
No sé cómo explicar mi dolor, al comprender cuánto podemos herir al
Señor y cuánto podemos lastimarnos nosotros mismos con tantos
rencores, sentimientos malos y cosas feas que nacen de los complejos y
de las susceptibilidades. Perdoné, perdoné de corazón y pedí perdón a
todos los que me habían lastimado alguna vez, para sentir la paz del
Señor.
El celebrante decía: “....concédenos la paz y la unidad... y luego: “la
paz del Señor esté con todos ustedes...”
De pronto vi que en medio de algunas personas que se abrazaban (no
todos), se colocaba en medio una luz muy intensa, supe que era Jesús y
me abalancé prácticamente a abrazar a la persona que estaba a mi lado.
Pude sentir verdaderamente el abrazo del Señor en esa luz, era Él que
me abrazaba para darme Su paz, porque en ese momento había sido yo
capaz de perdonar y de sacar de mi corazón todo dolor contra otras
personas. Eso es lo que Jesús quiere, compartir ese momento de alegría
abrazándonos para desearnos Su Paz.
Llegó el momento de la comunión de los celebrantes, ahí volví a notar la
presencia de todos los sacerdotes junto a Monseñor. Cuando él
comulgaba, dijo la Virgen:
“Este es el momento de pedir por el celebrante y los sacerdotes
que lo acompañan, repite junto a Mí: Señor, bendícelos,
santifícalos, ayúdalos, purifícalos, ámalos, cuídalos, sostenlos
con Tu Amor... Recuerden a todos los sacerdotes del mundo, oren
por todas las almas consagradas...”
Hermanos queridos, ese es el momento en que debemos pedir porque
ellos son Iglesia, como también lo somos nosotros los laicos. Muchas
veces los laicos exigimos mucho de los sacerdotes, pero somos incapaces
de rezar por ellos, de entender que son personas humanas, de
comprender y valorar la soledad que muchas veces puede rodear a un
sacerdote.
Debemos comprender que los sacerdotes son personas como nosotros y
que necesitan comprensión, cuidado, que necesitan afecto, atención de
parte de nosotros, porque están dando su vida por cada uno de nosotros,
como Jesús, consagrándose a él.
El Señor quiere que la gente del rebaño que le ha encomendado
Dios ore y ayude en la santificación de su Pastor. Algún día,
cuando estemos al otro lado, comprenderemos la maravilla que
el Señor ha hecho al darnos sacerdotes que nos ayuden a salvar
nuestra alma.
Empezó la gente a salir de sus bancas para ir a comulgar. Había llegado
el gran momento del encuentro, de la “Comunión”, el Señor me dijo: -
“Espera un momento, quiero que observes algo...” por un impulso
interior levanté la vista hacia la persona que iba a recibir la comunión
en la lengua de manos del sacerdote.
Debo aclarar que esta persona era una de las señoras de nuestro grupo
que la noche anterior no había alcanzado a confesarse, y lo hizo recién
esa mañana, antes de la Santa Misa. Cuando el sacerdote colocaba la
Sagrada Forma sobre su lengua, como un flash de luz, aquella luz muy
dorada-blanca atravesó a esta persona por la espalda primero y luego fue
bordeándola en la espalda, los hombros y la cabeza. Dijo el Señor:
“¡Así es como Yo Me complazco en abrazar a un alma que viene
con el corazón limpio a recibirme!”
El matiz de la voz de Jesús era de una persona contenta. Yo estaba
atónita mirando a esa amiga volver hacia su asiento rodeada de luz,
abrazada por el Señor, y pensé en la maravilla que nos perdemos tantas
veces por ir con nuestras pequeñas o grandes faltas a recibir a Jesús,
cuando tiene que ser una fiesta.
Muchas veces decimos que no hay sacerdotes para confesarse a cada
momento y el problema no está en confesarse a cada momento, el
problema radica en nuestra facilidad para volver a caer en el mal. Por
otro lado, así como nos esforzamos por ir a buscar un salón de belleza o
los señores un peluquero cuando tenemos una fiesta, tenemos que
esforzarnos también en ir a buscar un sacerdote cuando necesitamos que
saque todas esas cosas sucias de nosotros, pero no tener la desfachatez
de recibir a Jesús en cualquier momento con el corazón lleno de cosas
feas.
Cuando me dirigía a recibir la comunión Jesús repetía: - “La última
cena fue el momento de mayor intimidad con los Míos. En esa
hora del amor, instauré lo que ante los ojos de los hombres
podría ser la mayor locura, hacerme prisionero del Amor.
Instauré la Eucaristía. Quise permanecer con ustedes hasta la
consumación de los siglos, porque Mi Amor no podía soportar
que quedaran huérfanos aquellos a quienes amaba más que a Mi
vida...”
Recibí aquella Hostia, que tenía un sabor distinto, era una mezcla de
sangre e incienso que me inundó entera. Sentía tanto amor que las
lágrimas me corrían sin poder detenerlas...
Cuando llegué a mi asiento, al arrodillarme dijo el Señor: -“Escucha...”
Y en un momento comencé a escuchar dentro de mí las oraciones de una
señora que estaba sentada delante de mí y que acababa de comulgar.
Lo que ella decía sin abrir la boca era más o menos así: “Señor,
acuérdate que estamos a fin de mes y que no tengo el dinero para pagar
la renta, la cuota del auto, los colegios de los chicos, tienes que hacer
algo para ayudarme... Por favor, haz que mi marido deje de beber tanto,
no puedo soportar más sus borracheras y mi hijo menor, va a perder el
año otra vez si no lo ayudas, tiene exámenes esta semana....... Y no te
olvides de la vecina que debe mudarse de casa, que lo haga de una vez
porque ya no la puedo aguantar... etc., etc.
De pronto el señor Arzobispo dijo: “Oremos” y obviamente toda la
asamblea se puso de pie para la oración final. Jesús dijo con un tono
triste: -“¿Te has dado cuenta? Ni una sola vez Me ha dicho que
Me ama, ni una sola vez ha agradecido el don que Yo le He hecho
de bajar Mi Divinidad hasta su pobre humanidad, para elevarla
hacia Mí. Ni una sola vez ha dicho: gracias, Señor. Ha sido una
letanía de pedidos... y así son casi todos los que vienen a
recibirme.”
“Yo He muerto por amor y Estoy resucitado. Por amor espero a
cada uno de ustedes y por amor permanezco con ustedes..., pero
ustedes no se dan cuenta que necesito de su amor. Recuerda que
Soy el Mendigo del Amor en esta hora sublime para el alma.”
¿Se dan cuenta ustedes de que Él, el Amor, está pidiendo nuestro amor
y no se lo damos? Es más, evitamos ir a ese encuentro con el Amor de
los Amores, con el único amor que se da en oblación permanente.
Cuando el celebrante iba a impartir la bendición, la Santísima Virgen
dijo: “Atenta, cuidado... Ustedes hacen un garabato en lugar de la
señal de la Cruz. Recuerda que esta bendición puede ser la
última que recibas en tu vida, de manos de un sacerdote. Tú no
sabes si saliendo de aquí vas a morir o no y no sabes si vas a
tener la oportunidad de que otro sacerdote te de una bendición.
Esas manos consagradas te están dando la bendición en el
Nombre de la Santísima Trinidad, por lo tanto, haz la señal de
la Cruz con respeto y como si fuera la última de tu vida.”
¡Cuántas cosas nos perdemos al no entender y al no participar todos los
días de la Santa Misa! ¿Por qué no hacer un esfuerzo de empezar el día
media hora antes para correr a la Santa Misa y recibir todas las
bendiciones que el Señor quiere derramar sobre nosotros?
Estoy consciente de que no todos, por sus obligaciones pueden hacerlo
diariamente, pero al menos dos o tres veces por semana, sí y sin
embargo tantos esquivan la Misa del domingo con el pequeño pretexto
de que tienen un niño chico o dos o diez y por lo tanto no pueden asistir
a Misa... ¿Cómo hacen cuando tienen otro tipo de compromisos
importantes? Cargan con todos los niños o se turnan y el esposo va a
una hora y la esposa a otra hora, pero cumplen con Dios.
Tenemos tiempo para estudiar, para trabajar, para divertirnos, para
descansar, pero NO TENEMOS TIEMPO PARA IR AL MENOS EL
DOMINGO A LA SANTA MISA.
Jesús me pidió que me quedara con Él unos minutos más luego de
terminada la Misa. Dijo:
“No salgan a la carrera terminada la Misa, quédense un
momento en Mi Compañía, disfruten de ella y déjenme disfrutar
de la de ustedes...”
Había oído a alguien de niña decir que el Señor permanecía en nosotros
como 5 o 10 minutos luego de la comunión. Se lo pregunté en ese
momento:
- Señor, verdaderamente, ¿cuánto tiempo te quedas luego de la
comunión con nosotros?
Supongo que el Señor se debió reír de mi tontera porque contestó:
“Todo el tiempo que tú quieras tenerme contigo. Si me hablas
todo el día, dedicándome unas palabras durante tus quehaceres,
te escucharé. Yo estoy siempre con ustedes, son ustedes los que
Me dejan a Mí. Salen de la Misa y se acabó el día de guardar,
cumplieron con el día del Señor y se acabó, no piensan que Me
gustaría compartir su vida familiar con ustedes, al menos ese
día.”
“Ustedes en sus casas tienen un lugar para todo y una
habitación para cada actividad: un cuarto para dormir, otro
para cocinar, otro para comer, etc. etc. ¿Cuál es el lugar que han
hecho para Mí? Debe ser un lugar no solamente donde tengan
una imagen que está empolvada todo el tiempo, sino un lugar
donde al menos 5 minutos al día la familia se reúna para
agradecer por el día, por el don de la vida, para pedir por sus
necesidades del día, pedir bendiciones, protección, salud... Todo
tiene un lugar en sus casas, menos Yo”.
“Los hombres programan su día, su semana, su semestre, sus
vacaciones, etc. Saben qué día van a descansar, qué día ir al cine
o a una fiesta, a visitar a la abuela o los nietos, los hijos, a los
amigos, a sus diversiones. ¿Cuántas familias dicen una vez al
mes al menos: “Este es el día en que nos toca ir a visitar a Jesús
en el Sagrario” y viene toda la familia a conversar Conmigo, a
sentarse frente a Mí y conversarme, contarme cómo les fue
durante el último tiempo, contarme los problemas, las
dificultades que tienen, pedirme lo que necesitan... ¡Hacerme
partícipe de sus cosas!?. ¿Cuántas veces?”
“Yo lo sé todo, leo hasta en lo más profundo de sus corazones y
sus mentes, pero me gusta que me cuenten ustedes sus cosas, que
Me hagan partícipe como a un familiar, como al más íntimo
amigo” ¡Cuántas gracias se pierde el hombre por no darme un
lugar en su vida!”
Cuando me quedé aquel día con Él y en muchos otros días, fue
dándonos enseñanzas y hoy quiero compartir con ustedes en esta misión
que me han encomendado. Dice Jesús:
“Quise salvar a mi criatura, porque el momento de abrirles la
puerta del cielo ha sido preñado con demasiado dolor...”
“Recuerda que ninguna madre ha alimentado a su hijo con su
carne, Yo He llegado a ese extremo de Amor para comunicarles
mis méritos.”
“La Santa Misa Soy Yo mismo prolongando Mi vida y Mi
sacrificio en la Cruz entre ustedes. Sin los méritos de Mi vida y
de Mi Sangre, ¿qué tienen para presentarse ante el Padre? La
nada, la miseria y el pecado...”
“Ustedes deberían exceder en virtud a los Ángeles y Arcángeles,
porque ellos no tienen la dicha de recibirme como alimento,
ustedes sí. Ellos beben una gota del manantial, pero ustedes que
tienen la gracia de recibirme, tienen todo el océano para
beberlo.”
La otra cosa de la que habló con dolor el Señor fue de las personas que
hacen un hábito de su encuentro con Él. De aquellas que han
perdido el asombro de cada encuentro con Él. Que la rutina
vuelve a ciertas personas tan tibias que no tienen nada nuevo
que decirle a Jesús al recibirlo. De no pocas almas consagradas
que pierden el entusiasmo de enamorarse del Señor y hacen de su
vocación un oficio, una profesión a la que no se le entrega más
que lo que exige de uno, pero sin sentimiento...
Luego el Señor me habló de los frutos que debe dar cada comunión
en nosotros. Es que sucede que hay gente que recibe al Señor a diario y
que no cambia su vida. Que tienen muchas horas de oración y que hace
muchas obras, etc. etc. Pero su vida no se va transformando y una vida
que no se va transformando, no puede dar frutos verdaderos para el
Señor. Los méritos que recibimos en la Eucaristía deben dar frutos de
conversión en nosotros y frutos de caridad para con nuestros hermanos.
Los laicos tenemos un papel muy importante dentro de nuestra Iglesia,
no tenemos ningún derecho a callarnos ante el envío que nos hace el
Señor como a todo bautizado, de ir a anunciar la Buena Nueva. No
tenemos ningún derecho de absorber todos estos conocimientos y no
darlos a los demás y permitir que nuestros hermanos se mueran de
hambre teniendo nosotros tanto pan en nuestras manos.
No podemos mirar que se esté desmoronando nuestra Iglesia, porque
estamos cómodos en nuestras Parroquias, en nuestras casas, recibiendo
y recibiendo tanto del Señor: Su Palabra, las homilías del sacerdote, las
peregrinaciones, la Misericordia de Dios en el Sacramento de la
confesión, la unión maravillosa con el alimento de la comunión, las
charlas de tales o cuales predicadores.
En otras palabras, estamos recibiendo tanto y no tenemos el valor de
salir de nuestras comodidad, de ir a una cárcel, a un instituto
correccional, hablarle al más necesitado, decirle que no se entregue, que
ha nacido católico y que su Iglesia lo necesita, ahí, sufriente, porque ese
su dolor va a servir para redimir a otros, porque ese sacrificio le va a
ganar la vida eterna.
No somos capaces de ir donde los enfermos terminales en los hospitales
y rezando la coronilla a la Divina Misericordia, ayudarlos con nuestra
oración en ese momento de lucha entre el bien y el mal, para librarlos de
las trampas y tentaciones del demonio. Todo moribundo tiene temor y el
solo tomar la mano de uno de ellos y hablarle del amor de Dios y de la
maravilla que lo espera en el Cielo junto a Jesús y María, junto a sus
seres que partieron, los reconforta.
La hora que estamos viviendo, no admite filiaciones con la indiferencia.
Tenemos que ser la mano larga de nuestros sacerdotes para ir donde
ellos no pueden llegar. Pero para ello, para tener el valor, debemos
recibir a Jesús, vivir con Jesús, alimentarnos de Jesús.
Tenemos miedo a comprometernos un poco más y cuando el Señor dice:
“Busca primero el Reino de Dios y lo demás se te dará por
añadidura”, es el todo hermanos. Es el buscar el Reino de Dios por
todos los medios y con todos los medios y... ¡abrir las manos para recibir
TODO por añadidura; porque es el Patrón que mejor paga, el único que
está atento a tus menores necesidades!
Hermano, hermana, gracias por haberme permitido cumplir con
la misión que se me ha encomendado: hacerte llegar estas
páginas.
La próxima vez que asistas a la Santa Misa, vívela. Sé que el
Señor cumplirá contigo la promesa de que “Nunca más tu Misa
volverá a ser la de antes”, y cuando lo recibas: ¡Ámalo!
Experimenta la dulzura de sentirte reposando entre los pliegues
de Su costado abierto por ti, para dejarte Su Iglesia y Su Madre,
para abrirte las puertas de la Casa de Su Padre, para que seas
capaz de comprobar Su Amor Misericordioso a través de este
testimonio y trates de corresponderle con tu pequeño amor.
Que Dios te bendiga en esta Pascua de Resurrección.
Tu hermana en Jesucristo Vivo,
Catalina
Misionera laica del Corazón Eucarístico de Jesús

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UNESCO

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SAN JOSÉ OBRERO

SAN JOSÉ OBRERO

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

Nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Su familia estaba conformada por su padre Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro, su madre, Emilia Kaczorowsky, una joven sileciana de origen lituano, y un hermano adolescente de nombre Edmund.
Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los pocos días de nacer en la iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941 murió su padre.
De joven, el futuro Pontífice mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias polacas tan grande que aún en el colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología y lingüística polaca. Sin embargo, un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que tenía impresa -entonces aún sin develarse plenamente- en el corazón: el sacerdocio.
Al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta situación, Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera. Según relata el hoy Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.
El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense".
El 23 de setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco. Asistió al Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios de distracción y aventura al aire libre.
El 13 de enero de 1964 falleció Monseñor Baziak por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.
En junio de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974, el nuevo Purpurado ordenó a 43 nuevos presbíteros, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
En 1978 muere Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani, de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa", sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.

JUAN PABLO II EN ARGENTINA

Visitas de Juan Pablo II a la Argentina
Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» y «tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus trece visitas hasta el presente».
11 de junio
A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.
En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció un alocución e impartió la bendición a los presentes.
En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.
Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.
Sábado 12
El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que le dirigió un mensaje a puertas cerradas.
Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.
Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».
Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987
En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Lunes 6 de abril
En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».
Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la catedral metropolitana, distante 8, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.
Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.
Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.
Martes 7 de abril
Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.
El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo caracter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».
Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor Candido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 465 kilómetros, donde pasó la noche.
Miércoles 8 de abril
En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose a la catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.
Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.
Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.
Jueves 9 de abril
Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.
Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».
Por la tarde viajó a Paraná, que dista 510 kilómetros. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.
Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.
Viernes 10 de abril
El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.
Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la catedral de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.
Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su vida, el obispo de San Justo, monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.
Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.
Sábado 11 de abril
A las 8 de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 204 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M. López, le dió la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.
Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.
Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Italo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.
A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.
Domingo 12 de abril
El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.
Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.
El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa ·«envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.
Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Angelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.
Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.
Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.
Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.

SAN ANTONIO DE PADUA

SAN ANTONIO DE PADUA
www.paduaweb.com.ar

SAN CAYETANO

SAN CAYETANO
Santuario de San Cayetano | +54 11 4641-0583 o +54 11 4641-1572 | Cuzco 150 | Buenos Aires | Argentina | santuario@sancayetano.org.ar.

ORACIÓN A SAN CAYETANO

Oración a San Cayetano Glorioso San Cayetano, Tú pasaste por la vida viendo a Cristo en los hermanos, especialmente a los más necesitados, y experimentaste la asistencia providencial de Dios. Ayúdanos a construir una sociedad en la que todos participemos con nuestro trabajo y podamos reencontrar los valores que nos fueron arrebatados: la solidaridad, el respeto, el bien común, la honestidad y la alegría.

LA HERMOSA VIRGEN DE LOURDES

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www.lourdes-france.org / www.mariavirgen.com.ar

MILAGROS NATURALES DE DIOS, SABILA / ALOE VERA

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Buscar en Internet la Receta del sacerdote franciscano para la cura del cáncer, para la diabetes. También está la planta: YACÓN. (EN ESTE BLOG HAY UN ARTÍCULO) También está el Método Bates para el ASTIGMATISMO- MIOPÍA - ESTRAVÍO DE VISTA) EL DLM (DRENÁJE LINFÁNTICO MANUAL PARA ACTIVAR ÓRGANOS Y CONDUCTOS DEL CUERPO.

SAN PANTALEON

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VIRGEN MARÍA

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VIRGEN DE SCHOENSTATT

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www.schoenstatt-mty.org

SAN BENITO

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SAN BENITO
www.sbenito.org.ar

MEDALLA DE SAN BENITO

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Inmaculada María

Inmaculada María
www.corazones.org/maria/.../inmaculada_conc.htm

Virgen de Fátima

Virgen de Fátima
www.fatimaentanti.com.ar

Virgen de la Medalla Milagrosa

Virgen de la Medalla Milagrosa
www.cruzadadelrosario.org.ar/.../his-medalla.htm

Virgen de Guadalupe

Virgen de Guadalupe
www.virgendeguadalupe.org.mx

VIRGEN DE SALTA

VIRGEN DE SALTA
www.lavirgendesalta.com

VIRGEN DE SALTA

VIRGEN DE SALTA
Señora del Sol

Santa Ana, madre de la Virgen María

Santa Ana, madre de la Virgen María
www.angeldelaguarda.com.ar/santa_ana.htm

Virgen de la Sonrisa

Virgen de la Sonrisa
www.virgendelasonrisa.org.ar

María Auxiliadora

María Auxiliadora
www.auxiliadora.com.ar

Santa Teresita

Santa Teresita
www.sta-teresita.com.ar/

Virgen de Itatí

Virgen de Itatí
www.virgendeitati.org

Santa Josefina B.

Santa Josefina B.
www.corazones.org/santos/josefina_bakhita.htm

SAN JORGE

SAN JORGE
www.altaresvirtuales.com/sanjorge.htm

SANTA RITA - De los casos imposibles.

SANTA RITA - De los casos imposibles.
www.sagradoweb.com/santos/rita/index.htm -

FRASE

A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso.
JOSE INGENIEROS

Los tiempos de Dios son distintos a los tiempos humanos.

Los tiempos de Dios son distintos a los tiempos humanos.
TIEMPOS DIVINOS

SAN EXPEDITO

SAN EXPEDITO
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VIRGEN DESATANUDOS

VIRGEN DESATANUDOS
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"EL TIEMPO QUE SE PIERDE POR ALGUIEN,
ES TIEMPO QUE SE GANA PARA LA ETERNIDAD"
"EL QUE PIERDA SU VIDA LA GANARÁ,
PERO AQUEL QUE LA GUARDE PARA SÍ, LA PERDERÁ"