
05/01/2010, Martes de la 2ª semana de Navidad
PRIMERA LECTURA
Hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 11-21
Queridos hermanos: Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No seamos como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas. No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie; nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 99, 1-2. 3. 4. 5
R. Aclama al Señor, tierra entera.
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. R. Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre. R. «El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.» R.
SEGUNDA LECTURA
EVANGELIO
Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: - «Sígueme.» Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: - «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó: - «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» Felipe le contestó: - «Ven y verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: - «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay en-gaño.» Natanael le contesta: - «¿De qué me conoces?» Jesús le responde: - «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: - «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: - «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: - «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Palabra del Señor.
COMENTARIO
No os sorprenda que el mundo os odie
5-01-2010
1Ju 3,11-21; Sal 99; Ju 1,43-51
¿Que nos odie?, ¿y por qué? Sólo hay una razón: por seguirle. Su palabra hacia nosotros es única. Sígueme. Y, junto a los apóstoles, le seguimos. Nos encontró, también, quizá, debajo de una higuera. Nos miró. Se dirigió a nosotros; veníamos acompañados de alguien que antes de nosotros había tomado ya la decisión de seguirle. Nos conoce. Descubre lo que somos, nuestras cavilaciones, nuestros anhelos; sabe que buscamos, mas sin percibir ni qué ni a quién. Antes, nuestros amigos nos han dicho: lo hemos encontrado. ¿De Nazaret puede venir algo bueno? De nuevo se pronuncian esas palabras maravillosas; pero ahora nos las dicen los apóstoles; las decimos nosotros a nuestros amigos. Ven y verás. Y fuimos y vimos. No vimos ningún qué, nada que fuera imperio o gaseosidad de superhombres con superpoderes. Nos encontramos desnudamente con una persona: Jesús de Nazaret. ¿Por qué de Nazaret? ¿No es alguien demasiado al modo de nosotros mismos?, siendo así, como es obvio, ¿qué novedad puede ofrecernos? Es Jesús quien nos ve acercarnos a él. Descubre al punto quiénes somos y de dónde procedemos. ¿De qué me conoces? La sorpresa nos embarga: ¿cómo es posible que me conozca desde antes, cuando estaba bajo la higuera en mis historias y cavilaciones? ¿Qué representa la higuera? No importa; es, simplemente, el lugar espiritual en donde estábamos. Esperábamos, sin saber ni qué ni a quién. Tú eres el Hijo de Dios, el Rey del Universo. Curioso que, en un de pronto, ante su mirada, comprendamos quién se nos ha acercado, a quién hemos visto. Porque fuimos y vimos. Apenas nada: todo ha quedado en la profundidad de la mirada que nos llega hasta el hondón de nosotros mismos. Y, al punto, nuestra vida cambia para siempre. Seguir el camino, pues llegará un día en que le veremos tal cual es. El cielo se abrirá y los ángeles de Dios subirán y bajarán sobre Jesús. En un momento, encontrándonos con él, llevados de la mano de nuestros amigos los apóstoles, descubrimos de quién es la profundidad de esa mirada. Venid y ved.
Entremos en su presencia, aclamando al Señor con alegría. Pues él es Dios. Nos hizo y somos suyos. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Entraremos por las puertas de su Iglesia con acción de gracias. Porque el Señor es bueno y su misericordia con nosotros es eterna.
¿Como será todo esto? Amándonos unos a otros. Ese es el mensaje. Esa es su palabra. Ahí está la profundidad de su mirada. Verle a él, irse con él, es estar con los hermanos y buscar que todos sean hermanos. Hermanos y hermanas en el mismo amor. Un amor que genera obras de misericordia. No os sorprenda, pues, que el mundo os odie. Si al menos quedáramos encerrados en nuestra pequeña sacristía cantando aleluyas; pero sin molestar a nadie, sin querer mostrar a otros, a todos, que ese es el camino, que ahí se da el amor. Permaneceríamos en verdad muertos; pero el mundo nos soportaría. No muy bien, pero nos dejaría estar. Mas él dio su vida por nosotros, y, por eso, arrastrados por su ejemplo, llenos de su mirada, alentados por su palabra obediente al Padre, también nosotros daremos nuestra vida por los hermanos. ¿O no? ¿Nos cerraremos a ellos?, ¿seremos homicidas, como Caín? ¿Taponaremos nuestro corazón a su grito menesteroso? ¿Amaremos de palabra y de boca? Quien tiene la mirada de Jesús en lo profundo de su ser, amará de verdad y con obras.
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6 de Enero La Epifanía del Señor o La visita de los Reyes Magos
PRIMERA LECTURA
La gloria del Señor amanece sobre ti
Lectura del libro de Isaías 60, 1-6
¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13
R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.
Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R. Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R. Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. R. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenla protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.
SEGUNDA LECTURA
Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de la promesa
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Venimos de Oriente a adorar al Rey
Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: - «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y , venimos a adorarlo. » Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: - «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."» Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: - «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.» Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
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Epifanía significa: manifestación o presentación en público. Se llama así esta fiesta porque en ella se recuerda como Jesús se manifestó ante los Magos para ser adorado. Esta fiesta se celebra el 6 de enero en la Iglesia Católica desde el año 400.
La adoración de los Magos al Niño Jesús la narra el evangelio de San Mateo en el Capítulo 2, y es una de las narraciones más bellas de la S. Biblia.
Magos: llamaban en Oriente a ciertos sabios que se dedicaban a estudiar los astros y a profundizar en ciencias religiosas, y se les consideraba como personas de gran santidad y sabiduría, que empleaban su vida en la búsqueda de la verdad.
El evangelio no dice cuántos eran pero el Papa San León dice que probablemente eran tres. Y esto lo deduce de los tres regalos que le trajeron. La tradición les ha dado los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar.
Venían de Oriente: Los países de oriente de Israel eran: Arabia, Persia (o Irán) y Asiria o Babilonia (Irak). Muchos creen que probablemente eran persas, porque las gentes de ese país eran muy religiosas.
Se presentaron en Jerusalén diciendo: ¿dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Tuvieron que averiguar en Jerusalén porque al llegar a esa ciudad desapareció la estrella que los venía guiando. Y de esto se valió Dios para anunciar en esa Ciudad Santa el nacimiento de su Hijo.
Pues vimos su estrella en Oriente. El profeta Balaam había anunciado: "Hacia Israel avanzará una estrella, y es que un nuevo reinado aparecerá en Israel" (Números 24,17) Suetonio y Tácito y otros historiadores que narran hechos del siglo primero, cuentan que había en Oriente una creencia muy extendida de que de Palestina iba a salir uno que gobernaría al mundo entero. Aquellos hombres vieron una estrella nueva y desconocida y la fueron siguiendo hasta llegar a Jerusalén. Estaban convencidos de que ella los guiaría hasta el sitio donde había nacido el nuevo rey que iba a gobernar al pueblo creyente.
Y hemos venido a adorarle: No vienen por curiosidad ni por interés, sino a adorarlo como a Dios. Es un viaje de fe el que han hecho estos hombres. Se llama peregrinación a un viaje para ir a rezar y a adorar. El viaje de estos magos fue una verdadera peregrinación.
Herodes era un rey sumamente desconfiado y mataba sin más ni más a toda persona que a él le pareciera que le podía quitar el puesto de rey. Así mató a su esposa Mariamme, a su madre Alejandra y a su hijo Anipater y a sus dos nietos Alejandro y Aristóbulo. César Augusto decía por burla que mejor ser Cerdo de Herodes (cerdo se dice "Hus") que ser hijo de Herodes (hijo se dice "Huios").
Así que en casa de Herodes era más seguro ser "Hus" (cerdo) que "Huios" (hijo) porque a los cerdos no los mandaba matar, pero a los hijos sí.
Herodes se llenó de afán al saber que había nacido un niño que iba a ser rey. Y tuvo miedo de que le pudiera quitar a él su alto puesto. Jerusalén también se llenó de emoción por dos causas: por miedo a las medidas de crueldad que Herodes podría tomar contra todos los niños recién nacidos, y por la esperanza de que ahora sí hubiera llegado el tiempo de tener un rey que les concediera la libertad y el mando.
Convocó a los Sumos Sacerdotes y a los escribas y les averiguó el sitio donde debía nacer Cristo.
Ellos eran los que más conocían la Biblia y podían darle la respuesta precisa. Y así lo hicieron.
Ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: "Y tú Belén de Judá no eres el pueblo menor entre los principales, porque de ti nacerá el caudillo que será pastor de mi pueblo Israel" (Miq. 5,1).
Le estaban citando el capítulo 5 del profeta Miqueas.
Herodes llamó a los magos y les averiguó el tiempo de la aparición de la estrella.
Quería saber desde qué edad debía mandar matar los niños. Todos los que hubieran nacido en los años cercanos a la aparición de la estrella.
Al salir de Jerusalén vieron otra vez la estrella y se llenaron de alegría y ella los guió y se detuvo encima del sitio donde estaba el Niño.
Dato curioso: no se lee que alguno de Jerusalén se haya tomado la molestia de acompañarlos hasta Belén. Y sólo queda a unos pocos kilómetros. ¡Cuanta pereza a veces para ir a dar culto y adoración a Cristo!
Entraron en la casa y encontraron al Niño con su madre María y arrodillándose lo adoraron.
Entraron en la casa: O sea que Jesús, María y José ya no estaban en la cueva sino que ya habían conseguido una casita en arriendo para vivir en Belén.
Encontraron a Jesús con su Madre María: a Jesús lo encontramos con su Santísima Madre. Por eso para ir a Jesús, nosotros tratamos de ser devotos con María.
Abriendo sus cofres le ofrecieron oro, incienso y mirra.
Oro: es lo que se llevaba de regalo al primer mandatario de la nación. Jesús es rey.
Incienso: se le llevaba de regalo a los dioses en sus templos. Jesús es Dios. Hijo Unico del Unico Dios.
Mirra: es un ungüento muy costoso. Se empleaba mucho para evitar que los cuerpos se pudrieran en el sepulcro. El cuerpo de Jesús no se pudrirá en el sepulcro, sino que resucitará glorioso.
Oro, incienso y mirra: La Iglesia Católica siempre ha visto figurados en estos tres regalos, los tres obsequios que nosotros debemos ofrecer siempre a Jesucristo: Oro, nuestras ayudas económicas al culto y para los pobres. Incienso: nuestra oración. Mirra (amarga) nuestros sacrificios.
Señor Jesús: que a imitación de los Magos de Oriente vayamos también nosotros frecuentemente a adorarte en tu Casa que es el Templo y no vayamos jamás con las manos vacías. Que te llevemos el oro de nuestras ofrendas, el incienso de nuestra oración fervorosa, y la mirra de los sacrificios que hacemos para permanecer fieles a Ti, y que te encontremos siempre junto a tu Madre Santísima María, a quien queremos honrar y venerar siempre como Madre Tuya y Madre nuestra. Amén.
PRIMERA LECTURA
Hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 11-21
Queridos hermanos: Este es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No seamos como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas. No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie; nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. Pero si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 99, 1-2. 3. 4. 5
R. Aclama al Señor, tierra entera.
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. R. Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre. R. «El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.» R.
SEGUNDA LECTURA
EVANGELIO
Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: - «Sígueme.» Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice: - «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó: - «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» Felipe le contestó: - «Ven y verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: - «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay en-gaño.» Natanael le contesta: - «¿De qué me conoces?» Jesús le responde: - «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: - «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: - «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: - «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
Palabra del Señor.
COMENTARIO
No os sorprenda que el mundo os odie
5-01-2010
1Ju 3,11-21; Sal 99; Ju 1,43-51
¿Que nos odie?, ¿y por qué? Sólo hay una razón: por seguirle. Su palabra hacia nosotros es única. Sígueme. Y, junto a los apóstoles, le seguimos. Nos encontró, también, quizá, debajo de una higuera. Nos miró. Se dirigió a nosotros; veníamos acompañados de alguien que antes de nosotros había tomado ya la decisión de seguirle. Nos conoce. Descubre lo que somos, nuestras cavilaciones, nuestros anhelos; sabe que buscamos, mas sin percibir ni qué ni a quién. Antes, nuestros amigos nos han dicho: lo hemos encontrado. ¿De Nazaret puede venir algo bueno? De nuevo se pronuncian esas palabras maravillosas; pero ahora nos las dicen los apóstoles; las decimos nosotros a nuestros amigos. Ven y verás. Y fuimos y vimos. No vimos ningún qué, nada que fuera imperio o gaseosidad de superhombres con superpoderes. Nos encontramos desnudamente con una persona: Jesús de Nazaret. ¿Por qué de Nazaret? ¿No es alguien demasiado al modo de nosotros mismos?, siendo así, como es obvio, ¿qué novedad puede ofrecernos? Es Jesús quien nos ve acercarnos a él. Descubre al punto quiénes somos y de dónde procedemos. ¿De qué me conoces? La sorpresa nos embarga: ¿cómo es posible que me conozca desde antes, cuando estaba bajo la higuera en mis historias y cavilaciones? ¿Qué representa la higuera? No importa; es, simplemente, el lugar espiritual en donde estábamos. Esperábamos, sin saber ni qué ni a quién. Tú eres el Hijo de Dios, el Rey del Universo. Curioso que, en un de pronto, ante su mirada, comprendamos quién se nos ha acercado, a quién hemos visto. Porque fuimos y vimos. Apenas nada: todo ha quedado en la profundidad de la mirada que nos llega hasta el hondón de nosotros mismos. Y, al punto, nuestra vida cambia para siempre. Seguir el camino, pues llegará un día en que le veremos tal cual es. El cielo se abrirá y los ángeles de Dios subirán y bajarán sobre Jesús. En un momento, encontrándonos con él, llevados de la mano de nuestros amigos los apóstoles, descubrimos de quién es la profundidad de esa mirada. Venid y ved.
Entremos en su presencia, aclamando al Señor con alegría. Pues él es Dios. Nos hizo y somos suyos. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Entraremos por las puertas de su Iglesia con acción de gracias. Porque el Señor es bueno y su misericordia con nosotros es eterna.
¿Como será todo esto? Amándonos unos a otros. Ese es el mensaje. Esa es su palabra. Ahí está la profundidad de su mirada. Verle a él, irse con él, es estar con los hermanos y buscar que todos sean hermanos. Hermanos y hermanas en el mismo amor. Un amor que genera obras de misericordia. No os sorprenda, pues, que el mundo os odie. Si al menos quedáramos encerrados en nuestra pequeña sacristía cantando aleluyas; pero sin molestar a nadie, sin querer mostrar a otros, a todos, que ese es el camino, que ahí se da el amor. Permaneceríamos en verdad muertos; pero el mundo nos soportaría. No muy bien, pero nos dejaría estar. Mas él dio su vida por nosotros, y, por eso, arrastrados por su ejemplo, llenos de su mirada, alentados por su palabra obediente al Padre, también nosotros daremos nuestra vida por los hermanos. ¿O no? ¿Nos cerraremos a ellos?, ¿seremos homicidas, como Caín? ¿Taponaremos nuestro corazón a su grito menesteroso? ¿Amaremos de palabra y de boca? Quien tiene la mirada de Jesús en lo profundo de su ser, amará de verdad y con obras.
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6 de Enero La Epifanía del Señor o La visita de los Reyes Magos
PRIMERA LECTURA
La gloria del Señor amanece sobre ti
Lectura del libro de Isaías 60, 1-6
¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos. Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13
R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.
Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R. Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra. R. Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo. Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones; que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan. R. Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenla protector; él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.
SEGUNDA LECTURA
Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de la promesa
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 2-3a. 5-6
Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro. Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio, que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Venimos de Oriente a adorar al Rey
Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: - «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y , venimos a adorarlo. » Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: - «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."» Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: - «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.» Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
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Epifanía significa: manifestación o presentación en público. Se llama así esta fiesta porque en ella se recuerda como Jesús se manifestó ante los Magos para ser adorado. Esta fiesta se celebra el 6 de enero en la Iglesia Católica desde el año 400.
La adoración de los Magos al Niño Jesús la narra el evangelio de San Mateo en el Capítulo 2, y es una de las narraciones más bellas de la S. Biblia.
Magos: llamaban en Oriente a ciertos sabios que se dedicaban a estudiar los astros y a profundizar en ciencias religiosas, y se les consideraba como personas de gran santidad y sabiduría, que empleaban su vida en la búsqueda de la verdad.
El evangelio no dice cuántos eran pero el Papa San León dice que probablemente eran tres. Y esto lo deduce de los tres regalos que le trajeron. La tradición les ha dado los nombres de Gaspar, Melchor y Baltasar.
Venían de Oriente: Los países de oriente de Israel eran: Arabia, Persia (o Irán) y Asiria o Babilonia (Irak). Muchos creen que probablemente eran persas, porque las gentes de ese país eran muy religiosas.
Se presentaron en Jerusalén diciendo: ¿dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Tuvieron que averiguar en Jerusalén porque al llegar a esa ciudad desapareció la estrella que los venía guiando. Y de esto se valió Dios para anunciar en esa Ciudad Santa el nacimiento de su Hijo.
Pues vimos su estrella en Oriente. El profeta Balaam había anunciado: "Hacia Israel avanzará una estrella, y es que un nuevo reinado aparecerá en Israel" (Números 24,17) Suetonio y Tácito y otros historiadores que narran hechos del siglo primero, cuentan que había en Oriente una creencia muy extendida de que de Palestina iba a salir uno que gobernaría al mundo entero. Aquellos hombres vieron una estrella nueva y desconocida y la fueron siguiendo hasta llegar a Jerusalén. Estaban convencidos de que ella los guiaría hasta el sitio donde había nacido el nuevo rey que iba a gobernar al pueblo creyente.
Y hemos venido a adorarle: No vienen por curiosidad ni por interés, sino a adorarlo como a Dios. Es un viaje de fe el que han hecho estos hombres. Se llama peregrinación a un viaje para ir a rezar y a adorar. El viaje de estos magos fue una verdadera peregrinación.
Herodes era un rey sumamente desconfiado y mataba sin más ni más a toda persona que a él le pareciera que le podía quitar el puesto de rey. Así mató a su esposa Mariamme, a su madre Alejandra y a su hijo Anipater y a sus dos nietos Alejandro y Aristóbulo. César Augusto decía por burla que mejor ser Cerdo de Herodes (cerdo se dice "Hus") que ser hijo de Herodes (hijo se dice "Huios").
Así que en casa de Herodes era más seguro ser "Hus" (cerdo) que "Huios" (hijo) porque a los cerdos no los mandaba matar, pero a los hijos sí.
Herodes se llenó de afán al saber que había nacido un niño que iba a ser rey. Y tuvo miedo de que le pudiera quitar a él su alto puesto. Jerusalén también se llenó de emoción por dos causas: por miedo a las medidas de crueldad que Herodes podría tomar contra todos los niños recién nacidos, y por la esperanza de que ahora sí hubiera llegado el tiempo de tener un rey que les concediera la libertad y el mando.
Convocó a los Sumos Sacerdotes y a los escribas y les averiguó el sitio donde debía nacer Cristo.
Ellos eran los que más conocían la Biblia y podían darle la respuesta precisa. Y así lo hicieron.
Ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: "Y tú Belén de Judá no eres el pueblo menor entre los principales, porque de ti nacerá el caudillo que será pastor de mi pueblo Israel" (Miq. 5,1).
Le estaban citando el capítulo 5 del profeta Miqueas.
Herodes llamó a los magos y les averiguó el tiempo de la aparición de la estrella.
Quería saber desde qué edad debía mandar matar los niños. Todos los que hubieran nacido en los años cercanos a la aparición de la estrella.
Al salir de Jerusalén vieron otra vez la estrella y se llenaron de alegría y ella los guió y se detuvo encima del sitio donde estaba el Niño.
Dato curioso: no se lee que alguno de Jerusalén se haya tomado la molestia de acompañarlos hasta Belén. Y sólo queda a unos pocos kilómetros. ¡Cuanta pereza a veces para ir a dar culto y adoración a Cristo!
Entraron en la casa y encontraron al Niño con su madre María y arrodillándose lo adoraron.
Entraron en la casa: O sea que Jesús, María y José ya no estaban en la cueva sino que ya habían conseguido una casita en arriendo para vivir en Belén.
Encontraron a Jesús con su Madre María: a Jesús lo encontramos con su Santísima Madre. Por eso para ir a Jesús, nosotros tratamos de ser devotos con María.
Abriendo sus cofres le ofrecieron oro, incienso y mirra.
Oro: es lo que se llevaba de regalo al primer mandatario de la nación. Jesús es rey.
Incienso: se le llevaba de regalo a los dioses en sus templos. Jesús es Dios. Hijo Unico del Unico Dios.
Mirra: es un ungüento muy costoso. Se empleaba mucho para evitar que los cuerpos se pudrieran en el sepulcro. El cuerpo de Jesús no se pudrirá en el sepulcro, sino que resucitará glorioso.
Oro, incienso y mirra: La Iglesia Católica siempre ha visto figurados en estos tres regalos, los tres obsequios que nosotros debemos ofrecer siempre a Jesucristo: Oro, nuestras ayudas económicas al culto y para los pobres. Incienso: nuestra oración. Mirra (amarga) nuestros sacrificios.
Señor Jesús: que a imitación de los Magos de Oriente vayamos también nosotros frecuentemente a adorarte en tu Casa que es el Templo y no vayamos jamás con las manos vacías. Que te llevemos el oro de nuestras ofrendas, el incienso de nuestra oración fervorosa, y la mirra de los sacrificios que hacemos para permanecer fieles a Ti, y que te encontremos siempre junto a tu Madre Santísima María, a quien queremos honrar y venerar siempre como Madre Tuya y Madre nuestra. Amén.
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