





Para leer y como siempre todo lo que viene del Padre Cantalmessa es sin desperdicio
Nota hecha en el 2008
Por Silvina Premat
De la Redacción de LA NACION
Hoy, en la sociedad y en la propia vida de la Iglesia, "la ausencia de Cristo es espantosa y lamentablemente, la Iglesia es identificada como la que custodia las leyes, la que defiende los principios morales". Lo afirma nada menos que el predicador del Papa, el padre Raniero Cantalamessa, que vino al país para dar un retiro espiritual a los obispos argentinos.
Participaron una treintena de prelados que se adhirieron a la propuesta de la comisión ejecutiva del Episcopado: reflexionar junto al sacerdote que cada viernes durante la Cuaresma y el Adviento diserta frente al Santo Padre, los cardenales, obispos y sacerdotes del Vaticano.
Cantalamessa fue designado predicador de la Casa Pontificia por Juan Pablo II en 1980 y ratificado por Benedicto XVI. Es franciscano capuchino, doctor en teología y en literatura, especializado en cristología y fiel seguidor del movimiento de Renovación Carismática.
En su segunda visita al país -donde había estado hace once años-, el sacerdote franciscano, autor también de libros de espiritualidad, fue uno de los principales oradores en un encuentro ecuménico realizado por católicos y evangélicos en el Luna Park, habló ante un auditorio de unos 2000 oyentes y dictó un retiro a sacerdotes en Córdoba.
Con los obispos
El encuentro con los obispos argentinos no fue el primero -en su anterior visita predicó un ejercicio espiritual a un grupo de presbíteros entre los que había siete obispos-, aunque sí el más importante por haber sido invitado por la Conferencia Episcopal.
En vísperas del inicio de ese retiro, Cantalamessa bromeó entre los periodistas presentes en el Luna Park: "Intentaré, sin decir nada, hacer pasar al Espíritu Santo entre los obispos". ¿Lo logró?
"Al inicio de cada meditación hablamos del Espíritu Santo; ellos lo necesitan mucho, tienen sed de él, porque ellos más que nadie experimentan la necesidad del poder de lo alto", dijo en un diálogo con LA NACION este "humilde sacerdote", como él mismo se describió.
-¿Cuál fue el tema del retiro con los obispos?
-Seguimos la Carta a los Romanos, de San Pablo, porque estoy convencido de que este texto es el mejor programa para una nueva evangelización, y oramos juntos. Hablamos de la situación del pecado del hombre, de la necesidad de una redención, y después de la venida del Espíritu Santo. Es el orden ideal, porque lamentablemente muchas veces se invierte y primero se habla de los deberes, de lo que la gente tiene que hacer, como si la gracia fuera una consecuencia de lo que hacemos. Esto es equivocado y podía funcionar antes, cuando la sociedad era cristiana. Ahora ya no es así.
-¿Cómo es ahora?
-El mundo de hoy está más cerca del mundo de los apóstoles que del mundo de la Edad Media, en el sentido de que los primeros tenían que evangelizar a un mundo precristiano y nosotros tenemos que hacerlo a un mundo poscristiano.
- Así como hace medio siglo se hablaba del olvido de Dios, ¿ahora se podría hablar de un olvido de Cristo?
-Sí. Es verdad que en un tiempo se hablaba de la muerte del Padre y se exaltaba a Cristo y hoy se tiene que hablar de una muerte o de un olvido de Cristo. Entre nosotros hemos intentado prescindir de Cristo; hay un desconocimiento de él. En cierta forma, Jesús tiene mucha popularidad en la cultura actual; se habla mucho de él en los espectáculos y las novelas. Pero si miramos el ámbito de la fe, que es el propio de Cristo, notamos una ausencia espantosa.
-¿También en la Iglesia?
-Sí. En el diálogo entre fe y filosofía, Jesús está prácticamente ausente. Incluso cuando se les pregunta a los creyentes en qué creen, responden que en un Dios creador o en el más allá, y ninguno parece darse cuenta de que la fe cristiana no es simplemente en un ser supremo y creador, sino en Jesucristo, muerto y resucitado. Todos los cristianos, no sólo los católicos, debemos anunciar a Cristo hoy, partir de nuevo desde el principio.
-¿Cómo sería esto?
-Tenemos que aprender el método de los Padres: predicar el kerigma , anunciar a Jesús muerto y resucitado. Proclamar primero a Cristo, hacer que la gente tenga un encuentro personal con él y, después, se puede educar la fe hasta las exigencias más radicales. Lamentablemente, la Iglesia hoy está identificada como la que custodia las leyes, la que defiende los principios morales. Pero la enseñanza de la Iglesia no será aceptada sin Cristo.
-¿Qué conciencia hay de esto entre los obispos y cardenales?
-Cada vez que he propuesto esta reflexión también en la Casa Pontifica y entre obispos y cardenales, he visto que todos estaban convencidos de esto. En su primera encíclica, el Papa va a lo esencial del mensaje evangélico, que es el amor. Porque incluso la muerte y resurrección de Cristo son las pruebas de que Dios nos ama. La insistencia en la belleza y la alegría de la vocación cristina va dirigida a que el cristiano se dé cuenta de Jesús. Es una cuestión de fe y no solamente de disciplina y de moral.
-Hay católicos que parecen descansar en los sacerdotes y religiosos.
-¡Ay de nosotros los católicos si esperamos que los sacerdotes y obispos anuncien a Cristo! Son demasiado pocos. Los hermanos evangélicos nos dan el ejemplo: entre ellos, los laicos anuncian el Evangelio con mucho entusiasmo. A veces, los laicos tienen más posibilidades que nosotros, los sacerdotes. Nosotros podemos ser pastores de ovejas más que pescadores de hombres. Estamos más preparados para lo primero porque no tenemos la posibilidad de ir en alta mar y encontrar a los que se han perdido.
-¿Qué papel desempeña en esto la experiencia?
-Tenemos que anunciar a Cristo a un mundo que le ha dado las espaldas. Ya no es tiempo de quedarnos en discusiones, sino, como decía el Papa, de transformar la materia de discusión teológica en experiencia vivida. No es el momento de discutir teorías, sino de esforzarse por hacer una experiencia de salvación gratuita por la fe en Cristo.
Un rezo por Bergoglio
El cardenal Jorge Bergoglio, presidente del Episcopado Argentino y arzobispo de Buenos Aires, participó de un tramo del encuentro ecuménico entre católicos y evangélicos, en el Luna Park. En un momento, Bergoglio se arrodilló en el escenario y los casi 7000 fieles presentes rezaron por él. Micrófono en mano, el padre Raniero Cantalamessa rezó: "Ruego para que su voz llegue no sólo al pueblo de la Argentina, sino al de toda la Iglesia". Después, al ser interrogado sobre ese gesto, el predicador de la Casa Pontificia dijo de Bergoglio: "Tenemos en la Iglesia un hombre abierto al Espíritu Santo, de quien el Señor puede hacer un uso tremendo".
Urge la lectura espiritual de la Biblia, advierte el padre Cantalamessa
En su meditación de Cuaresma al Papa y a la Curia
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 14 marzo 2008 (ZENIT.org).- Es apremiante la lectura espiritual de las Escrituras para que «liberen de verdad para nosotros el Espíritu que contienen», alerta el predicador de la Casa Pontifica en su meditación de Cuaresma ante el Papa.
En la mañana de este viernes, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio apostólico del Vaticano, el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap. cerró el ciclo de predicaciones de este tiempo litúrgico sobre el tema «Viva y eficaz es la Palabra de Dios» (Hebreos, 4, 12), con el que también ha ofrecido una preparación para el Sínodo de los obispos sobre la Palabra (del 5 al 26 de octubre).
Subrayó la importancia de tomar conciencia de que la Escritura no sólo es «inspirada por Dios», sino que también «respira a Dios», «emana a Dios».
«Después de haber dictado la Escritura, el Espíritu Santo es como si se hubiera encerrado en ella, la habita y la anima sin descanso con su soplo divino», precisó el predicador de la Casa Pontificia.
Pero «¿cómo acercarnos a las Escrituras de manera que "liberen" de verdad para nosotros el Espíritu que contienen?», planteó; y es que actualmente la tendencia, ante la Biblia, es «quedarse en la letra», considerando la Escritura incluso como «el más excelso de los libros humanos», pero «un libro sólo humano».
«La Biblia se explica por muchos estudiosos intencionadamente sólo con el método histórico-crítico», una actitud que incluso se registra en los estudiosos que se profesan creyentes, observó el padre Cantalamessa.
«La secularización de los sagrado en ningún caso se ha revelado tan aguda como en la secularización del Libro Sagrado», lamentó; «el análisis histórico-crítico, aunque se llevara al máximo de la perfección» sólo es «el primer escalón del conocimiento de la Biblia, el relativo a la letra».
En «cierta exégesis exclusivamente científica» «la Biblia se convierte en un objeto de estudio que el profesor debe "dominar"», pero en este caso único «más bien hay que dejarse dominar por ella»; «decir de un estudioso de la Escritura que él "domina" la palabra de Dios, pensándolo bien, es decir casi una blasfemia», reflexionó el predicador del Papa.
«La consecuencia de todo ello es el cierre y "replegamiento" de la Escritura sobre sí misma; vuelve a ser el libro «velado», «porque -dice san Pablo-- ese velo "sólo en Cristo desaparece", cuando existe la "conversión al Señor", o sea, cuando se reconoce, en las páginas de la Escritura, a Cristo», subrayó.
«No se explican de otro modo -en opinión del padre Cantalamessa-- las muchas crisis de fe de estudiosos de la Biblia» o «la pobreza y aridez espiritual» de «algunos seminarios y lugares de formación», pues «la Iglesia ha vivido y vive de lectura espiritual de la Biblia; truncado este canal que alimenta la vida de piedad, la fe, entonces todo se agosta y languidece».
«Una lectura espiritual de las Escrituras» es «una lectura con referencia a Cristo», ya sea del Antiguo o del Nuevo Testamento; «es la lectura más objetiva que existe -recalcó el padre Cantalamessa-- porque se basa en el Espíritu de Dios», realizada «bajo la guía, o a la luz, del Espíritu Santo que ha inspirado la Escritura».
«Se basa en un evento histórico, esto es, en el acto redentor de Cristo que, con su muerte y resurrección, cumple el proyecto de salvación, lleva a cabo todas las imágenes y las profecías, desvela todos los misterios ocultos y ofrece la verdadera clave de lectura de toda la Biblia», resumió.
«¿Podrá la exégesis, agostada por el prolongado exceso de filologismo, reencontrar el impulso y la vida que tuvo en otros momentos de la historia de la Iglesia?», interrogó el predicador apostólico.
Ese «movimiento espiritual» y ese «impulso» de los primeros siglos de la Iglesia, hace décadas, con el Concilio Vaticano II de por medio, «comenzaron a reproducirse, pero no porque los hombres los hubieran programado o previsto, sino porque el Espíritu se puso a soplar de nuevo, inesperadamente, a los cuatro vientos», recordó.
Así, «contemporáneamente a la reaparición de los carismas, se asiste a una reaparición de la lectura espiritual de la Biblia -reconoció-- y es, también esto, un fruto, de los más exquisitos, del Espíritu Santo».
«En la lectura espiritual, más que pretender explicar el texto, atribuyéndole un sentido ajeno a la intención del autor sagrado, se trata, en general, de aplicar o actualizar el texto» porque «las palabras de Dios no son palabras muertas», sino «vivas» y «activas», «capaces de desplegar sentidos y virtualidades escondidas en respuesta a cuestiones y situaciones nuevas», indicó.
«Es una consecuencia» del hecho de que la Escritura «no es sólo "inspirada por el Espíritu", sino que "emana" también el Espíritu y lo hace continuamente, si se lee con fe», concluyó.
Nota hecha en el 2008
Por Silvina Premat
De la Redacción de LA NACION
Hoy, en la sociedad y en la propia vida de la Iglesia, "la ausencia de Cristo es espantosa y lamentablemente, la Iglesia es identificada como la que custodia las leyes, la que defiende los principios morales". Lo afirma nada menos que el predicador del Papa, el padre Raniero Cantalamessa, que vino al país para dar un retiro espiritual a los obispos argentinos.
Participaron una treintena de prelados que se adhirieron a la propuesta de la comisión ejecutiva del Episcopado: reflexionar junto al sacerdote que cada viernes durante la Cuaresma y el Adviento diserta frente al Santo Padre, los cardenales, obispos y sacerdotes del Vaticano.
Cantalamessa fue designado predicador de la Casa Pontificia por Juan Pablo II en 1980 y ratificado por Benedicto XVI. Es franciscano capuchino, doctor en teología y en literatura, especializado en cristología y fiel seguidor del movimiento de Renovación Carismática.
En su segunda visita al país -donde había estado hace once años-, el sacerdote franciscano, autor también de libros de espiritualidad, fue uno de los principales oradores en un encuentro ecuménico realizado por católicos y evangélicos en el Luna Park, habló ante un auditorio de unos 2000 oyentes y dictó un retiro a sacerdotes en Córdoba.
Con los obispos
El encuentro con los obispos argentinos no fue el primero -en su anterior visita predicó un ejercicio espiritual a un grupo de presbíteros entre los que había siete obispos-, aunque sí el más importante por haber sido invitado por la Conferencia Episcopal.
En vísperas del inicio de ese retiro, Cantalamessa bromeó entre los periodistas presentes en el Luna Park: "Intentaré, sin decir nada, hacer pasar al Espíritu Santo entre los obispos". ¿Lo logró?
"Al inicio de cada meditación hablamos del Espíritu Santo; ellos lo necesitan mucho, tienen sed de él, porque ellos más que nadie experimentan la necesidad del poder de lo alto", dijo en un diálogo con LA NACION este "humilde sacerdote", como él mismo se describió.
-¿Cuál fue el tema del retiro con los obispos?
-Seguimos la Carta a los Romanos, de San Pablo, porque estoy convencido de que este texto es el mejor programa para una nueva evangelización, y oramos juntos. Hablamos de la situación del pecado del hombre, de la necesidad de una redención, y después de la venida del Espíritu Santo. Es el orden ideal, porque lamentablemente muchas veces se invierte y primero se habla de los deberes, de lo que la gente tiene que hacer, como si la gracia fuera una consecuencia de lo que hacemos. Esto es equivocado y podía funcionar antes, cuando la sociedad era cristiana. Ahora ya no es así.
-¿Cómo es ahora?
-El mundo de hoy está más cerca del mundo de los apóstoles que del mundo de la Edad Media, en el sentido de que los primeros tenían que evangelizar a un mundo precristiano y nosotros tenemos que hacerlo a un mundo poscristiano.
- Así como hace medio siglo se hablaba del olvido de Dios, ¿ahora se podría hablar de un olvido de Cristo?
-Sí. Es verdad que en un tiempo se hablaba de la muerte del Padre y se exaltaba a Cristo y hoy se tiene que hablar de una muerte o de un olvido de Cristo. Entre nosotros hemos intentado prescindir de Cristo; hay un desconocimiento de él. En cierta forma, Jesús tiene mucha popularidad en la cultura actual; se habla mucho de él en los espectáculos y las novelas. Pero si miramos el ámbito de la fe, que es el propio de Cristo, notamos una ausencia espantosa.
-¿También en la Iglesia?
-Sí. En el diálogo entre fe y filosofía, Jesús está prácticamente ausente. Incluso cuando se les pregunta a los creyentes en qué creen, responden que en un Dios creador o en el más allá, y ninguno parece darse cuenta de que la fe cristiana no es simplemente en un ser supremo y creador, sino en Jesucristo, muerto y resucitado. Todos los cristianos, no sólo los católicos, debemos anunciar a Cristo hoy, partir de nuevo desde el principio.
-¿Cómo sería esto?
-Tenemos que aprender el método de los Padres: predicar el kerigma , anunciar a Jesús muerto y resucitado. Proclamar primero a Cristo, hacer que la gente tenga un encuentro personal con él y, después, se puede educar la fe hasta las exigencias más radicales. Lamentablemente, la Iglesia hoy está identificada como la que custodia las leyes, la que defiende los principios morales. Pero la enseñanza de la Iglesia no será aceptada sin Cristo.
-¿Qué conciencia hay de esto entre los obispos y cardenales?
-Cada vez que he propuesto esta reflexión también en la Casa Pontifica y entre obispos y cardenales, he visto que todos estaban convencidos de esto. En su primera encíclica, el Papa va a lo esencial del mensaje evangélico, que es el amor. Porque incluso la muerte y resurrección de Cristo son las pruebas de que Dios nos ama. La insistencia en la belleza y la alegría de la vocación cristina va dirigida a que el cristiano se dé cuenta de Jesús. Es una cuestión de fe y no solamente de disciplina y de moral.
-Hay católicos que parecen descansar en los sacerdotes y religiosos.
-¡Ay de nosotros los católicos si esperamos que los sacerdotes y obispos anuncien a Cristo! Son demasiado pocos. Los hermanos evangélicos nos dan el ejemplo: entre ellos, los laicos anuncian el Evangelio con mucho entusiasmo. A veces, los laicos tienen más posibilidades que nosotros, los sacerdotes. Nosotros podemos ser pastores de ovejas más que pescadores de hombres. Estamos más preparados para lo primero porque no tenemos la posibilidad de ir en alta mar y encontrar a los que se han perdido.
-¿Qué papel desempeña en esto la experiencia?
-Tenemos que anunciar a Cristo a un mundo que le ha dado las espaldas. Ya no es tiempo de quedarnos en discusiones, sino, como decía el Papa, de transformar la materia de discusión teológica en experiencia vivida. No es el momento de discutir teorías, sino de esforzarse por hacer una experiencia de salvación gratuita por la fe en Cristo.
Un rezo por Bergoglio
El cardenal Jorge Bergoglio, presidente del Episcopado Argentino y arzobispo de Buenos Aires, participó de un tramo del encuentro ecuménico entre católicos y evangélicos, en el Luna Park. En un momento, Bergoglio se arrodilló en el escenario y los casi 7000 fieles presentes rezaron por él. Micrófono en mano, el padre Raniero Cantalamessa rezó: "Ruego para que su voz llegue no sólo al pueblo de la Argentina, sino al de toda la Iglesia". Después, al ser interrogado sobre ese gesto, el predicador de la Casa Pontificia dijo de Bergoglio: "Tenemos en la Iglesia un hombre abierto al Espíritu Santo, de quien el Señor puede hacer un uso tremendo".
Urge la lectura espiritual de la Biblia, advierte el padre Cantalamessa
En su meditación de Cuaresma al Papa y a la Curia
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 14 marzo 2008 (ZENIT.org).- Es apremiante la lectura espiritual de las Escrituras para que «liberen de verdad para nosotros el Espíritu que contienen», alerta el predicador de la Casa Pontifica en su meditación de Cuaresma ante el Papa.
En la mañana de este viernes, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio apostólico del Vaticano, el padre Raniero Cantalamessa O.F.M. Cap. cerró el ciclo de predicaciones de este tiempo litúrgico sobre el tema «Viva y eficaz es la Palabra de Dios» (Hebreos, 4, 12), con el que también ha ofrecido una preparación para el Sínodo de los obispos sobre la Palabra (del 5 al 26 de octubre).
Subrayó la importancia de tomar conciencia de que la Escritura no sólo es «inspirada por Dios», sino que también «respira a Dios», «emana a Dios».
«Después de haber dictado la Escritura, el Espíritu Santo es como si se hubiera encerrado en ella, la habita y la anima sin descanso con su soplo divino», precisó el predicador de la Casa Pontificia.
Pero «¿cómo acercarnos a las Escrituras de manera que "liberen" de verdad para nosotros el Espíritu que contienen?», planteó; y es que actualmente la tendencia, ante la Biblia, es «quedarse en la letra», considerando la Escritura incluso como «el más excelso de los libros humanos», pero «un libro sólo humano».
«La Biblia se explica por muchos estudiosos intencionadamente sólo con el método histórico-crítico», una actitud que incluso se registra en los estudiosos que se profesan creyentes, observó el padre Cantalamessa.
«La secularización de los sagrado en ningún caso se ha revelado tan aguda como en la secularización del Libro Sagrado», lamentó; «el análisis histórico-crítico, aunque se llevara al máximo de la perfección» sólo es «el primer escalón del conocimiento de la Biblia, el relativo a la letra».
En «cierta exégesis exclusivamente científica» «la Biblia se convierte en un objeto de estudio que el profesor debe "dominar"», pero en este caso único «más bien hay que dejarse dominar por ella»; «decir de un estudioso de la Escritura que él "domina" la palabra de Dios, pensándolo bien, es decir casi una blasfemia», reflexionó el predicador del Papa.
«La consecuencia de todo ello es el cierre y "replegamiento" de la Escritura sobre sí misma; vuelve a ser el libro «velado», «porque -dice san Pablo-- ese velo "sólo en Cristo desaparece", cuando existe la "conversión al Señor", o sea, cuando se reconoce, en las páginas de la Escritura, a Cristo», subrayó.
«No se explican de otro modo -en opinión del padre Cantalamessa-- las muchas crisis de fe de estudiosos de la Biblia» o «la pobreza y aridez espiritual» de «algunos seminarios y lugares de formación», pues «la Iglesia ha vivido y vive de lectura espiritual de la Biblia; truncado este canal que alimenta la vida de piedad, la fe, entonces todo se agosta y languidece».
«Una lectura espiritual de las Escrituras» es «una lectura con referencia a Cristo», ya sea del Antiguo o del Nuevo Testamento; «es la lectura más objetiva que existe -recalcó el padre Cantalamessa-- porque se basa en el Espíritu de Dios», realizada «bajo la guía, o a la luz, del Espíritu Santo que ha inspirado la Escritura».
«Se basa en un evento histórico, esto es, en el acto redentor de Cristo que, con su muerte y resurrección, cumple el proyecto de salvación, lleva a cabo todas las imágenes y las profecías, desvela todos los misterios ocultos y ofrece la verdadera clave de lectura de toda la Biblia», resumió.
«¿Podrá la exégesis, agostada por el prolongado exceso de filologismo, reencontrar el impulso y la vida que tuvo en otros momentos de la historia de la Iglesia?», interrogó el predicador apostólico.
Ese «movimiento espiritual» y ese «impulso» de los primeros siglos de la Iglesia, hace décadas, con el Concilio Vaticano II de por medio, «comenzaron a reproducirse, pero no porque los hombres los hubieran programado o previsto, sino porque el Espíritu se puso a soplar de nuevo, inesperadamente, a los cuatro vientos», recordó.
Así, «contemporáneamente a la reaparición de los carismas, se asiste a una reaparición de la lectura espiritual de la Biblia -reconoció-- y es, también esto, un fruto, de los más exquisitos, del Espíritu Santo».
«En la lectura espiritual, más que pretender explicar el texto, atribuyéndole un sentido ajeno a la intención del autor sagrado, se trata, en general, de aplicar o actualizar el texto» porque «las palabras de Dios no son palabras muertas», sino «vivas» y «activas», «capaces de desplegar sentidos y virtualidades escondidas en respuesta a cuestiones y situaciones nuevas», indicó.
«Es una consecuencia» del hecho de que la Escritura «no es sólo "inspirada por el Espíritu", sino que "emana" también el Espíritu y lo hace continuamente, si se lee con fe», concluyó.
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P. Raniero Cantalamessa
P. Raniero Cantalamessa, Franciscano Capuchino, fue ordenado sacerdote en 1958. Doctor en Teología y en Literatura, fue profesor de Historia de las origines cristianas en la Universidad católica de Milán y Director del instituto de ciencias religiosas. Miembro de la Comisión Teológica Internacional de 1975 hasta 1981. Recibió el bautismo en el Espíritu en 1977 y en 1979 quito la enseñanza académica para dedicarse enteramente al servicio de la Palabra de Dios. En 1980 fue nombrado Predicador de la Casa Pontificia. En fuerza de esto oficio en todos estos años ha predicado cada semana en Cuaresma y en Adviento a la presencia del Papa de los Cardenales y Obispos de la Curia Romana y de los Superiores de las ordenes religiosas.
Muy a menudo está llamado a dar charlas en retiros y congresos nacionales y internacionales. Ha predicado en los retiros mundiales para sacerdotes habidos en Roma en 1984 y 1990. En ocasión de los quinientos años del descubrimiento de América predicó un retiro en México a 1500 sacerdotes y 70 Obispos de toda América Latina, publicado después en un libro con el titulo Ungidos por el Espíritu para llevar la Buena Nueva a los pobres (EDICEP 1993).
Muy a menudo está llamado a dar charlas en retiros y congresos nacionales y internacionales. Ha predicado en los retiros mundiales para sacerdotes habidos en Roma en 1984 y 1990. En ocasión de los quinientos años del descubrimiento de América predicó un retiro en México a 1500 sacerdotes y 70 Obispos de toda América Latina, publicado después en un libro con el titulo Ungidos por el Espíritu para llevar la Buena Nueva a los pobres (EDICEP 1993).
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