ramal: católico apostólico romano.

lunes, 12 de julio de 2010

¡FELIZ DIA DEL ABOGADO!


¡Seamos justos como Dios!





Jesucristo como abogado
Antes del nacimiento de Jesucristo, incluso antes que el mundo comience, Jesucristo se comprometió a asumir el papel de ser nuestro abogado ante el Padre. Un abogado es alguien que suplica por otra persona.
Juan explicó este papel en 1 Juan, capítulo 2 de la Biblia del Rey Santiago:
1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Dios es un Dios justo. Él nos ha dado leyes que espera que obedezcamos. Sin embargo, él también es un Dios cariñoso y Él nos conoce perfectamente. Debido a esto, Él sabe que no vamos a obedecer todas las leyes y que pecaremos durante nuestra vida. La justicia requiere que seamos castigados por cada pecado, incluyendo el castigo de no poder regresar a la presencia de Dios. Las Escrituras nos enseñan que ninguna cosa impura puede entrar en la presencia de Dios. Dado que sería imposible para cualquier persona mortal abstenerse del pecado, Dios amorosamente nos proveyó un Salvador. Esto permite a la justicia ser atenuada por la misericordia.
Esto se hizo antes de la creación del mundo. Dios creó los espíritus de todos los que han vivido y vivimos con Él por un tiempo en una existencia premortal. Allí desarrollamos nuestra personalidad y talentos y aprendimos sobre el Evangelio. Ya que éramos nosotros mismos, algunos fueron justos y algunos no. Después de un tiempo, Dios nos dijo que habíamos progresado lo máximo que podíamos en esa vida espiritual y ahora teníamos la oportunidad de ir a un nuevo hogar, donde se nos daría una familia y un cuerpo y tendríamos la oportunidad tener experiencias y pruebas. Durante este tiempo, se esperaba que busquemos, encontremos y, luego, vivamos por la verdad. Si vivíamos de acuerdo a la verdad que supiéramos, podríamos volver a Él algún día. Sin embargo, sabiendo que no seríamos perfectos, la ley fue atenuada por misericordia. Él ofreció enviarnos un Salvador. Jesucristo se ofreció a hacer esto por nosotros.Jesús fue el primer espíritu creado por Dios, por lo que Él es nuestro hermano mayor. Se ofreció a venir a la tierra y vivir una vida sin pecado. Sólo Él pudo hacer esto, porque vendría no como hijo de dos padres mortales, sino como el hijo de una madre mortal y un Padre Celestial. Esta combinación de mortal y divino le permitiría experimentar las cosas que hemos experimentado como mortales y morir, pero también le permitiría vivir sin pecado y elegir la muerte, en lugar de tenerla forzosamente como los mortales. Nadie sería capaz de tomar Su vida. Él la daría como regalo. Justo antes de Su muerte, Él tomaría sobre sí todos los pecados del mundo y luego moriría por nosotros. Ello satisfizo las exigencias de la justicia y la atenuó con misericordia.
Después de nuestra muerte, será Jesús quien nos juzgará. Porque Él vivió aquí en la tierra y compartió nuestras experiencias y porque Él es el que expió nuestros pecados, Él está cualificado para hacerlo.
22 Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo. (Juan 5:22)
A su vez, El asignará juicio a los que fueron nuestros líderes en nuestra propia vida – a los Doce Apóstoles que juzguen a los que vivían en su tiempo, por ejemplo, porque tienen una mejor comprensión de los desafíos especiales de sus propias vidas. Pero es el Salvador quien será el juez final y nuestro abogado ante Dios, suplicando nuestro caso para que la misericordia atenúe la justicia. Su sacrificio expiatorio le da el derecho a hacerlo. Su juicio será completamente justo. La Biblia es clara en nuestra responsabilidad de guardar los mandamientos:
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (Mateo 7:21, Versión de Reina Valera)
Nuestra responsabilidad, entonces, es buscar la verdad, aprender a vivirla y arrepentirnos cuando caemos. Cuando hayamos hecho nuestro mejor intento, el Salvador hará la diferencia.
En la Gran Oración Intercesora, Jesús nos demostró esta función:
6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.
7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;
8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son (Juan 17)



"Porque os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los Escribas y Fariseos (grupos políticos de la época), no entraréis en el Reino de los Cielos", Jesús.
En la Ley Suprema del Universo, el AMOR contenido en la cooperación y el servicio a nuestro próximo, prójimo, todo carbón está destinado a ser diamante un día; por tanto, estamos destinados a ascender desde un vivel bárbaro de conciencia, hacia un nivel iluminado de ella; estado vivo de lo que significa la justicia divina.
La justicia humana sin inspiración divina aplica su herramienta reinvindicadora, patentada como legislación; su prisma legalista hiere la vida; su razón y consigna justiciera practica el bien por bien, el mal por mal, el mal por bien.
La justicia divina, encuentra en la práctica del BIEN por mal, el prodigio sabio: discierne la ignorancia espiritual de quien encubre su solo estado de ira, vanidad o vendetta, con el empaque de justicia.
El proceso evolutivo del concepto de justicia en la consciencia de la humanidad, ha ido modificándose, por ejemplo:
En la Era de Tauro, regía la ley del Talión con su "ojo por ojo y diente por diente".
En la Era de Aries, tenemos a Moisés y la pedagogía de lo negativo con su "no hagas a otros aquello que no quieres que te hagan a ti" (dicho por Confucio, maestro anterior a Buda, Moisés, Cristo...); premisa resumida en los diez mandamientos usados por la cultura patriarcal para introducir las improntas de culpa, miedo, castigo, como los ejes reguladores de la conducta humana.
En la Era de Piscis, tenemos a nuestro Maestro del alma, el CRISTO del Amor con su Pedagogía de lo Positivo, premisa activadora de "Hacédselo a otros aquello que a ti te gustaría que te hagan"; umbral de reevolución.
En la Era de Acuario, evolutivamente mayor, se Ilumina el "hacer" con el simplemente SER Luz y Amor sin límite, por añadidura SER Justicia infinita.
Saber que la expresión más elevada de la justicia, es el AMOR, nos permite comulgar con que "Justo no es aquel que nunca comete una injusticia, sino que pudiendo cometerla no lo hace".
La justicia divina practica la compasión espiritual - nivel superior a la lastima o pena emocional -; cuya esencia y convicción es Ser cambio emergente de vivir las grandes verdades, ya no de tan solo leerlas o escribirlas. Si alguien, desde su inconsciencia nos ajusticia, el Ser nos inspira elegir convivir de tal modo que nadie crea las "maldades" dichas; y a quien las cree, lo bendice por su elección, puesto que el Ser "lucha para cambiar el actual estado de las cosas, no para castigar a nadie", Gandhi.
La bondad, talento superior a la inteligencia, es justicia que discierne lo legado por Confucio: "Yo no soy mejor que los demás hombres presidiendo juicios y administrando justicia; sin embargo. ¿ No será más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios?. ¿No resultaría más provechoso dirigir nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas de los hombres?. De este modo quedarían ahogadas en su raíz las malas acciones de quienes se desvían del buen camino. Esto es lo que yo entiendo por conocimiento de las causas o de la raíz". O como Madre Teresa de Calcuta decía, vayamos a las causas, hay demasiados atendiendo los efectos.
El sistema judicial divino, con su legislación universal de principios y valores espirituales, libres del bloqueo "en contra o a favor", procrea sin bando alguno, unidad y ascensión cuando responde "al bien con bondad y al mal con justicia", escenario en el que cada individuo iluminado e interdependiente, usa su sabiduría interior venida del amor - no de leer, instruirse ni informarse-, para no reeditar desde su pensamiento, sentimiento y acción, lo que califica de injusto.
El sistema judicial humano, con su legislación mundial de leyes, normas y reglamentos, atados al bloqueo "en contra o a favor", es ejecutado a través de funcionarios, jueces y magistrados independientes, que usan su erudición para juzgar a las partes en actitud litigante. Juzgar, según Confucio, es una pasión viciosa, que analizada hace visible la diferencia entre benevolencia y malevolencia. Más, contemplada y comprendida desde el alma, nos remite y permite ver la unidad de la Luz en mayor o menor nivel evolutivo.
Lo trascendente y mágico del legado del CRISTO, es su UNIDAD de Justicia electora de comprensión hacia sí mismo, sin juicios ni expectativas, por añadidura hacia el otro. Pináculo del llamado "Juicio Final" - metáfora del fin de los tiempos -, instante en el que la humanidad ni juzga, ni condena, ni critica, ni justifica; simplemente PRACTICA lo perfecto en nosotros: divinidad que Es benevolencia y misericordia infinita.
EJEMPLO:
El odio, no es lo opuesto al amor; lo injusto, no es lo opuesto a lo justo; la noche, no es lo opuesto al a día; la paz, no es lo opuesto al conflicto. Dentro de la unidad evolutiva del omniuniverso, lo uno es coparte de lo otro, ni mejor ni peor, solo diferente; tanto es así que, de por sí, la presencia de lo que empieza siendo un "estorbo", un a día, envuelta con amor, toma el brillo del mejor cristal; su presencia trae la bendición del cambio, del crecimiento, de la enmienda, magia que hace posible el que "la vida sea un camino de despertares... puedes pasar toda una vida abriendo los ojos, más es un instante en el que ves...".
La historia humana y su justificación de "hacer justicia", "hacer paz", "hacer amor", expresa el aún primitivo nivel de barbarie civilizada tecnificada de sus militantes, nivel de progresiva perfectibilidad. En la dimensión divinahumana de lo perfecto, simplemente se Es Justicia, se Es Paz, se Es Amor, contundencia sin adornos interpretativos en un sentido u otro; trascendencia que nos permite encontrar en lo dicho por San Agustín "errar es humano, perseverar en el error es diabólico", la máxima del peldaño de cielo siguiente: PERDONAR ES DIVINO; el Perdón amoroso, simboliza la Indulgencia del Dios latente en el Cielo de nuestro corazón; paraíso revelado en la cruz, cuando Jesús, ante la experiencia humana de ser juzgado por la ley humana fabricada y configurada para condenarlo y cruzificarlo, dijo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
La justicia humana, atrapada por "el duende de las mentes pequeñas", se resiste a convertir la vivencia humana en sabiduría divina, cuando fomenta la famosa reparación de cuentas; germen de la doble moral que predica lo que no practica, o practica lo que no predica; injusticia que convierte a su ley en una tela araña que atrapa moscas y deja escapar avispas.
En este contexto, incorporemos a nuestra reflexión, lo dicho por Kalil Gibrain
Acerca de la justicia:
" .... y vosotros, jueces, que queréis ser justos ¿Qué juicio dictaréis contra aquel que aunque honesto en la carne es ladrón en el espíritu? ¿Qué sentencia decidiríais contra aquel que mata en la carne al tiempo que él ha sido asesinado en el espíritu? ¿ Y cómo procesaréis a aquel que en sus actos es impostor y opresor, pero él, a su vez, ha sido agraviado y ultrajado? ¿Y cómo castigáis a aquel cuyos remordimientos son aún mayores que sus fechorías? ¿ Acaso el remordimiento no es la justicia impartida por aquella misma ley que queréis servir? Sin embargo no podéis inculcar el remordimiento al inocente, ni quitarlo del corazón al culpable... la piedra angular del templo no es superior a la más enterrada piedra de sus cimientos. Todos somos iguales ante los ojos de Dios".
Acerca de las leyes:
".... os complace establecer leyes pero más placentero es destruirlas, es violarlas, como quien hace castillos de arena que luego el océano destruye. Os complace establecer leyes, pero os complacéis aún más en violarlas. Como aquellos niños que juegan junto al océano y que, con gran perseverancia, construyen castillos de arena, que luego destruyen entre risas. Pero mientras construís vuestros castillos de arena, el océano acarrea mucha más arena a la orilla. Y mientras los destruís, el océano ve con vosotros. En verdad el océano ríe siempre con los inocentes ¿Pero qué decir de aquellos para quienes la vida no es un océano, ni las leyes del hombre castillos de arena? ¿Aquellos para quienes la vida es una piedra, y la ley un cincel con el cual quieren esculpir a su propia semejanza? ¿Qué decir del inválido que odia a los bailarines? ¿Y qué decir del buey que ama su yugo y considera a los gamos y venados del bosque como criaturas perdidas y vagabundas? ¿Y de la vieja serpiente que ya no puede cambiar de piel y califica a las demás de desnudas e impúdicas? ¿Y de aquel que llega temprano a la boda y después se marcha repleto y cansado, diciendo que todo festín es un delito y todo anfitrión un culpable?. Sus sombras son sus leyes, reflejadas por estar de espaldas al sol. ¿A qué leyes temeréis si danzáis sin tropezar en ninguna cadena hecha por el hombre?... No quisiera hacerte creer en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, porque mis palabras no son sino tus propios pensamientos transformados en sonido; y mis acciones, tus propias esperanzas convertidas en acción".
La justicia divina trasciende la dimensión del ego humano buscador de mártires y martirios, víctimas y victimarios, nivel de conciencia que etiqueta de bueno o malo todo lo que encuentra. Ignorancia que fractura la Unidad luminosa y plena de experiencia y vivencias en pro de un mayor crecimiento. Inconciencia que fabrica bandos de vencedores y vencidos, mediante una historia escrita por quienes, gobernados y envilecidos por los excesos inherentes a su "victoria", hallan gozo en dañar, someter, conquistar, colonizar, herir y mutilar a quien definen como el otro, por ende su historia.
La justicia divina ama a los enemigos que pretenden dañar, cuando aplica su máxima de "hacer el bien a aquellos que te persiguen y te odian..."; raíz de los hijos de la Misericordia multiuniversal que nos habita, tatuaje sapiente de que no es el ojo el que ve, sino quien está detrás de él; magia que discierne que el universo es aquello que se lleva despierto en nuestro interior, no lo que está fuera de ahí. "Conozco los rostros porque miro a través de la tela que mis propios ojos tejen. Y busco la realidad que hay debajo de la inmensidad del océano mayor".
La justicia divina ejercida por el Maestro del Amor, nos dice: "Quien esté libre de culpa, que lance la primera piedra... No mires la paja en el ojo ajeno, mira la viga en el propio...". Ello TRASCIENDE la dualidad de una ética de la norma que separa, hacia la ética, responsabilidad y amor que reúne, Yo interior de cada Ser, manifestado en la dignidad, reevolución, justicia y honor mayor: librar en el interior de cada criatura, todas las batallas en pro de su indivisible resurrección, verdad que deja de ver en nuestro hermano, la causa de las injusticias. Saber la verdad tiene el costo de la responsabilidad, como decía Shakespeare, de saber que "nada es bueno ni malo, sino que es el pensamiento el que lo vuelve tal". Nuestra consciencia Crística universal, masa crística o mesías crístico, discierne que quien aún elige reglamentar, reprimir, castigar, prohibir, sus propias represiones y sombras manifiesta.
En la Era de la Iluminación, aquella que sin metodologías encercadas, vive el mandamiento supremo de AMAR aquí y ahora, enzima nata de la Justicia Divina traducida en nuestra cotidianidad sagrada, la que consciente de la oscuridad, accede a la Edad de Oro Espiritual, dimensión de Unidad ascendente por enmendar una justicia humana que aprisiona, con una justicia divina que LIBERA:


¿Qué es la justicia humana?.
Vas al mercado a comprar un kilo de carne y vives 3 situaciones:
1.- El vendedor pesa la carne, sobra una onza, la quita, es justa;
2.- El vendedor pesa la carne, la balanza marca un kilo, pero tiene alterada la balanza para que marque más de lo que realmente pesa, es injusta (mala);
3.- El vendedor pesa la carne, nos agrega más carne del kilo que pedimos, es injusta (buena).
La balanza, símbolo de la justicia humana, en estos 3 casos nos da una situación justa, y 2 situaciones injustas, mala porque quita, buena porque da. Una misma situación de compra, varios resultados.
¿ Qué es la justicia divina ?
El Amor, símbolo de la justicia divina, no es ni buena ni mala ¡¡¡ Es justa !!!, se guía por el Amor eterno, estado de Gracia que ni mide, ni calcula, ni pesa, simplemente Es y Da la justicia de la Bondad sin límites, jerarquizaciones ni calificaciones. Manifestación de la ley metafísica del Dar y RECIBIR en el UNO que goza de la alegría de compartir, estado de generosidad no dependiente, cual lacayo, de propinas ni reconocimientos externos.
EJEMPLO:
Alguien nos da una cachetada o chirlazo.
1.- Tú eliges devolver dos chirlazos -movimiento lineal primario-; es injusto;
2.- Tú eliges devolver una caricia -movimiento circular iluminado-, es injusto;
La opción es diáfana y transparente para quien quiera ver y oir, mientras:
En la primera situación elegimos ser parte de un pensamiento retardatario de la justicia humana que practica el ajusticiamiento del castigo, primitivo axioma que reedita el "ojo por ojo...".
En la segunda situación elegimos Ser y ejercer el Nuevo Pensamiento Universal, Magisterio del Amor, Ministros del Nuevo Pacto o Nueva Alianza, inspirada en el Espíritu que da voda, no en la letra queda muerte; práctica de la Justicia Divina que al Dar de aquello que se ES, opta Darse; como decía Madre Teresa de Calcuta, al ser amor, no sabemos dar otra cosa.
VICTORIA SECRETA que como las flores, las frutas, el trigo, el agua y toda la creación de sonidos, aromas y sabores, sometidos a la variable de temperaturas, contingencias, estados, paisajes, circunstancias y demás amalgamas, se transforma para seguir DANDO de la Esencia que le habita; entonces sucede el misterio y milagro que -quizá- aparente ser injusto o justo para la dualidad con que se mire e interprete, pero que intensionalmente en el UNO al encuentro de la causa, "por cada 1.000 que macheteaban contra las ramas del mal, solo hay uno que va buscando la raíz", H.D.Thoreaw.
A cualquier situación o experiencia, asumida como Es, por tanto libre de olores, colores y sabores nacidos desde nuestro prejuicios, podemos aplicarle el fundamento de la legislación divina: el amor, como máxima expresión de su justicia; cuando renunciamos a no usar los juicios dispuestos por un pensamiento legalista y pretensor de representar a Dios en la misión de "hacer justicia", sin ser justicia; intensión que ha degenerado el concepto humano de justicia, convirtiéndolo en una vendetta ajusticiadora, estado de conciencia y estilo de vida, que transitoriamente sustituye el nivel menos luminoso del Amor por el miedo y sus ficciones inspiradas en la consigna de la razón, no del corazón ni la compasión.
Bienvenidos a tomar conciencia de que todo "error" esconde un acierto, discernimiento que nos permite no ser indiferentes ante ese acierto, hallazgo que marca la raíz de nuestra diferencia.
"Deja a la vida el cobro de las injusticias. Para qué perder el tiempo y salud en venganzas; si de eso se encarga la naturaleza", Jesús.
Con infinito amor universal...

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"Seamos justos con nosotros mismos y con los demás,
demos a los demás aquello que queremos recibir,
perdonemos si queremos ser perdonamos,
amemos si queremos ser amados,
busquemos el equilibrio
para que siendo terrenales
caminemos hacia lo divino...
Seamos fieles , auténticos...
Seamos justos!
Defendamos lo que es justo,
que la verdad sea la linterna
que ilumine nuestro camino.
Y ante la injusticia humana ,
busquemos la calma,
controlemos nuestra ira,
porque la Justicia Divina existe
nos respalda , y aún aunque
no podamos percibirla,
aunque maneje otros tiempos
que solo Dios conoce...
se fortalece con nuestra FE
y llega en el momento "justo".

Que Dios los Bendiga...
Con amor
Vanesa Alessandroni

"LA FE MUEVE MONTAÑAS"
Una Royal Kandy Cruzada
de Fe y Amor en Comunión con Dios.

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SAN JOSÉ OBRERO

SAN JOSÉ OBRERO

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

Nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Su familia estaba conformada por su padre Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro, su madre, Emilia Kaczorowsky, una joven sileciana de origen lituano, y un hermano adolescente de nombre Edmund.
Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los pocos días de nacer en la iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941 murió su padre.
De joven, el futuro Pontífice mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias polacas tan grande que aún en el colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología y lingüística polaca. Sin embargo, un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que tenía impresa -entonces aún sin develarse plenamente- en el corazón: el sacerdocio.
Al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta situación, Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera. Según relata el hoy Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.
El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense".
El 23 de setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco. Asistió al Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios de distracción y aventura al aire libre.
El 13 de enero de 1964 falleció Monseñor Baziak por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.
En junio de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974, el nuevo Purpurado ordenó a 43 nuevos presbíteros, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
En 1978 muere Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani, de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa", sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.

JUAN PABLO II EN ARGENTINA

Visitas de Juan Pablo II a la Argentina
Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» y «tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus trece visitas hasta el presente».
11 de junio
A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.
En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció un alocución e impartió la bendición a los presentes.
En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.
Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.
Sábado 12
El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que le dirigió un mensaje a puertas cerradas.
Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.
Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».
Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987
En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Lunes 6 de abril
En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».
Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la catedral metropolitana, distante 8, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.
Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.
Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.
Martes 7 de abril
Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.
El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo caracter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».
Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor Candido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 465 kilómetros, donde pasó la noche.
Miércoles 8 de abril
En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose a la catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.
Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.
Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.
Jueves 9 de abril
Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.
Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».
Por la tarde viajó a Paraná, que dista 510 kilómetros. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.
Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.
Viernes 10 de abril
El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.
Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la catedral de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.
Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su vida, el obispo de San Justo, monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.
Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.
Sábado 11 de abril
A las 8 de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 204 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M. López, le dió la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.
Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.
Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Italo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.
A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.
Domingo 12 de abril
El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.
Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.
El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa ·«envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.
Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Angelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.
Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.
Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.
Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.

SAN ANTONIO DE PADUA

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SAN CAYETANO

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Santuario de San Cayetano | +54 11 4641-0583 o +54 11 4641-1572 | Cuzco 150 | Buenos Aires | Argentina | santuario@sancayetano.org.ar.

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SANTA RITA - De los casos imposibles.

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FRASE

A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso.
JOSE INGENIEROS

Los tiempos de Dios son distintos a los tiempos humanos.

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TIEMPOS DIVINOS

SAN EXPEDITO

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VIRGEN DESATANUDOS

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"EL TIEMPO QUE SE PIERDE POR ALGUIEN,
ES TIEMPO QUE SE GANA PARA LA ETERNIDAD"
"EL QUE PIERDA SU VIDA LA GANARÁ,
PERO AQUEL QUE LA GUARDE PARA SÍ, LA PERDERÁ"