¡Seamos justos como Dios!
Jesucristo como abogado
Antes del nacimiento de Jesucristo, incluso antes que el mundo comience, Jesucristo se comprometió a asumir el papel de ser nuestro abogado ante el Padre. Un abogado es alguien que suplica por otra persona.
Juan explicó este papel en 1 Juan, capítulo 2 de la Biblia del Rey Santiago:
1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Dios es un Dios justo. Él nos ha dado leyes que espera que obedezcamos. Sin embargo, él también es un Dios cariñoso y Él nos conoce perfectamente. Debido a esto, Él sabe que no vamos a obedecer todas las leyes y que pecaremos durante nuestra vida. La justicia requiere que seamos castigados por cada pecado, incluyendo el castigo de no poder regresar a la presencia de Dios. Las Escrituras nos enseñan que ninguna cosa impura puede entrar en la presencia de Dios. Dado que sería imposible para cualquier persona mortal abstenerse del pecado, Dios amorosamente nos proveyó un Salvador. Esto permite a la justicia ser atenuada por la misericordia.
Esto se hizo antes de la creación del mundo. Dios creó los espíritus de todos los que han vivido y vivimos con Él por un tiempo en una existencia premortal. Allí desarrollamos nuestra personalidad y talentos y aprendimos sobre el Evangelio. Ya que éramos nosotros mismos, algunos fueron justos y algunos no. Después de un tiempo, Dios nos dijo que habíamos progresado lo máximo que podíamos en esa vida espiritual y ahora teníamos la oportunidad de ir a un nuevo hogar, donde se nos daría una familia y un cuerpo y tendríamos la oportunidad tener experiencias y pruebas. Durante este tiempo, se esperaba que busquemos, encontremos y, luego, vivamos por la verdad. Si vivíamos de acuerdo a la verdad que supiéramos, podríamos volver a Él algún día. Sin embargo, sabiendo que no seríamos perfectos, la ley fue atenuada por misericordia. Él ofreció enviarnos un Salvador. Jesucristo se ofreció a hacer esto por nosotros.Jesús fue el primer espíritu creado por Dios, por lo que Él es nuestro hermano mayor. Se ofreció a venir a la tierra y vivir una vida sin pecado. Sólo Él pudo hacer esto, porque vendría no como hijo de dos padres mortales, sino como el hijo de una madre mortal y un Padre Celestial. Esta combinación de mortal y divino le permitiría experimentar las cosas que hemos experimentado como mortales y morir, pero también le permitiría vivir sin pecado y elegir la muerte, en lugar de tenerla forzosamente como los mortales. Nadie sería capaz de tomar Su vida. Él la daría como regalo. Justo antes de Su muerte, Él tomaría sobre sí todos los pecados del mundo y luego moriría por nosotros. Ello satisfizo las exigencias de la justicia y la atenuó con misericordia.
Después de nuestra muerte, será Jesús quien nos juzgará. Porque Él vivió aquí en la tierra y compartió nuestras experiencias y porque Él es el que expió nuestros pecados, Él está cualificado para hacerlo.
22 Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo. (Juan 5:22)
A su vez, El asignará juicio a los que fueron nuestros líderes en nuestra propia vida – a los Doce Apóstoles que juzguen a los que vivían en su tiempo, por ejemplo, porque tienen una mejor comprensión de los desafíos especiales de sus propias vidas. Pero es el Salvador quien será el juez final y nuestro abogado ante Dios, suplicando nuestro caso para que la misericordia atenúe la justicia. Su sacrificio expiatorio le da el derecho a hacerlo. Su juicio será completamente justo. La Biblia es clara en nuestra responsabilidad de guardar los mandamientos:
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (Mateo 7:21, Versión de Reina Valera)
Nuestra responsabilidad, entonces, es buscar la verdad, aprender a vivirla y arrepentirnos cuando caemos. Cuando hayamos hecho nuestro mejor intento, el Salvador hará la diferencia.
En la Gran Oración Intercesora, Jesús nos demostró esta función:
6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.
7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;
8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son (Juan 17)
Antes del nacimiento de Jesucristo, incluso antes que el mundo comience, Jesucristo se comprometió a asumir el papel de ser nuestro abogado ante el Padre. Un abogado es alguien que suplica por otra persona.
Juan explicó este papel en 1 Juan, capítulo 2 de la Biblia del Rey Santiago:
1 Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
2 Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
Dios es un Dios justo. Él nos ha dado leyes que espera que obedezcamos. Sin embargo, él también es un Dios cariñoso y Él nos conoce perfectamente. Debido a esto, Él sabe que no vamos a obedecer todas las leyes y que pecaremos durante nuestra vida. La justicia requiere que seamos castigados por cada pecado, incluyendo el castigo de no poder regresar a la presencia de Dios. Las Escrituras nos enseñan que ninguna cosa impura puede entrar en la presencia de Dios. Dado que sería imposible para cualquier persona mortal abstenerse del pecado, Dios amorosamente nos proveyó un Salvador. Esto permite a la justicia ser atenuada por la misericordia.
Esto se hizo antes de la creación del mundo. Dios creó los espíritus de todos los que han vivido y vivimos con Él por un tiempo en una existencia premortal. Allí desarrollamos nuestra personalidad y talentos y aprendimos sobre el Evangelio. Ya que éramos nosotros mismos, algunos fueron justos y algunos no. Después de un tiempo, Dios nos dijo que habíamos progresado lo máximo que podíamos en esa vida espiritual y ahora teníamos la oportunidad de ir a un nuevo hogar, donde se nos daría una familia y un cuerpo y tendríamos la oportunidad tener experiencias y pruebas. Durante este tiempo, se esperaba que busquemos, encontremos y, luego, vivamos por la verdad. Si vivíamos de acuerdo a la verdad que supiéramos, podríamos volver a Él algún día. Sin embargo, sabiendo que no seríamos perfectos, la ley fue atenuada por misericordia. Él ofreció enviarnos un Salvador. Jesucristo se ofreció a hacer esto por nosotros.Jesús fue el primer espíritu creado por Dios, por lo que Él es nuestro hermano mayor. Se ofreció a venir a la tierra y vivir una vida sin pecado. Sólo Él pudo hacer esto, porque vendría no como hijo de dos padres mortales, sino como el hijo de una madre mortal y un Padre Celestial. Esta combinación de mortal y divino le permitiría experimentar las cosas que hemos experimentado como mortales y morir, pero también le permitiría vivir sin pecado y elegir la muerte, en lugar de tenerla forzosamente como los mortales. Nadie sería capaz de tomar Su vida. Él la daría como regalo. Justo antes de Su muerte, Él tomaría sobre sí todos los pecados del mundo y luego moriría por nosotros. Ello satisfizo las exigencias de la justicia y la atenuó con misericordia.
Después de nuestra muerte, será Jesús quien nos juzgará. Porque Él vivió aquí en la tierra y compartió nuestras experiencias y porque Él es el que expió nuestros pecados, Él está cualificado para hacerlo.
22 Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo. (Juan 5:22)
A su vez, El asignará juicio a los que fueron nuestros líderes en nuestra propia vida – a los Doce Apóstoles que juzguen a los que vivían en su tiempo, por ejemplo, porque tienen una mejor comprensión de los desafíos especiales de sus propias vidas. Pero es el Salvador quien será el juez final y nuestro abogado ante Dios, suplicando nuestro caso para que la misericordia atenúe la justicia. Su sacrificio expiatorio le da el derecho a hacerlo. Su juicio será completamente justo. La Biblia es clara en nuestra responsabilidad de guardar los mandamientos:
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (Mateo 7:21, Versión de Reina Valera)
Nuestra responsabilidad, entonces, es buscar la verdad, aprender a vivirla y arrepentirnos cuando caemos. Cuando hayamos hecho nuestro mejor intento, el Salvador hará la diferencia.
En la Gran Oración Intercesora, Jesús nos demostró esta función:
6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.
7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;
8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son (Juan 17)
"Porque os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los Escribas y Fariseos (grupos políticos de la época), no entraréis en el Reino de los Cielos", Jesús.
En la Ley Suprema del Universo, el AMOR contenido en la cooperación y el servicio a nuestro próximo, prójimo, todo carbón está destinado a ser diamante un día; por tanto, estamos destinados a ascender desde un vivel bárbaro de conciencia, hacia un nivel iluminado de ella; estado vivo de lo que significa la justicia divina.
La justicia humana sin inspiración divina aplica su herramienta reinvindicadora, patentada como legislación; su prisma legalista hiere la vida; su razón y consigna justiciera practica el bien por bien, el mal por mal, el mal por bien.
La justicia divina, encuentra en la práctica del BIEN por mal, el prodigio sabio: discierne la ignorancia espiritual de quien encubre su solo estado de ira, vanidad o vendetta, con el empaque de justicia.
El proceso evolutivo del concepto de justicia en la consciencia de la humanidad, ha ido modificándose, por ejemplo:
En la Era de Tauro, regía la ley del Talión con su "ojo por ojo y diente por diente".
En la Era de Aries, tenemos a Moisés y la pedagogía de lo negativo con su "no hagas a otros aquello que no quieres que te hagan a ti" (dicho por Confucio, maestro anterior a Buda, Moisés, Cristo...); premisa resumida en los diez mandamientos usados por la cultura patriarcal para introducir las improntas de culpa, miedo, castigo, como los ejes reguladores de la conducta humana.
En la Era de Piscis, tenemos a nuestro Maestro del alma, el CRISTO del Amor con su Pedagogía de lo Positivo, premisa activadora de "Hacédselo a otros aquello que a ti te gustaría que te hagan"; umbral de reevolución.
En la Era de Acuario, evolutivamente mayor, se Ilumina el "hacer" con el simplemente SER Luz y Amor sin límite, por añadidura SER Justicia infinita.
Saber que la expresión más elevada de la justicia, es el AMOR, nos permite comulgar con que "Justo no es aquel que nunca comete una injusticia, sino que pudiendo cometerla no lo hace".
La justicia divina practica la compasión espiritual - nivel superior a la lastima o pena emocional -; cuya esencia y convicción es Ser cambio emergente de vivir las grandes verdades, ya no de tan solo leerlas o escribirlas. Si alguien, desde su inconsciencia nos ajusticia, el Ser nos inspira elegir convivir de tal modo que nadie crea las "maldades" dichas; y a quien las cree, lo bendice por su elección, puesto que el Ser "lucha para cambiar el actual estado de las cosas, no para castigar a nadie", Gandhi.
La bondad, talento superior a la inteligencia, es justicia que discierne lo legado por Confucio: "Yo no soy mejor que los demás hombres presidiendo juicios y administrando justicia; sin embargo. ¿ No será más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios?. ¿No resultaría más provechoso dirigir nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas de los hombres?. De este modo quedarían ahogadas en su raíz las malas acciones de quienes se desvían del buen camino. Esto es lo que yo entiendo por conocimiento de las causas o de la raíz". O como Madre Teresa de Calcuta decía, vayamos a las causas, hay demasiados atendiendo los efectos.
El sistema judicial divino, con su legislación universal de principios y valores espirituales, libres del bloqueo "en contra o a favor", procrea sin bando alguno, unidad y ascensión cuando responde "al bien con bondad y al mal con justicia", escenario en el que cada individuo iluminado e interdependiente, usa su sabiduría interior venida del amor - no de leer, instruirse ni informarse-, para no reeditar desde su pensamiento, sentimiento y acción, lo que califica de injusto.
El sistema judicial humano, con su legislación mundial de leyes, normas y reglamentos, atados al bloqueo "en contra o a favor", es ejecutado a través de funcionarios, jueces y magistrados independientes, que usan su erudición para juzgar a las partes en actitud litigante. Juzgar, según Confucio, es una pasión viciosa, que analizada hace visible la diferencia entre benevolencia y malevolencia. Más, contemplada y comprendida desde el alma, nos remite y permite ver la unidad de la Luz en mayor o menor nivel evolutivo.
Lo trascendente y mágico del legado del CRISTO, es su UNIDAD de Justicia electora de comprensión hacia sí mismo, sin juicios ni expectativas, por añadidura hacia el otro. Pináculo del llamado "Juicio Final" - metáfora del fin de los tiempos -, instante en el que la humanidad ni juzga, ni condena, ni critica, ni justifica; simplemente PRACTICA lo perfecto en nosotros: divinidad que Es benevolencia y misericordia infinita.
EJEMPLO:
El odio, no es lo opuesto al amor; lo injusto, no es lo opuesto a lo justo; la noche, no es lo opuesto al a día; la paz, no es lo opuesto al conflicto. Dentro de la unidad evolutiva del omniuniverso, lo uno es coparte de lo otro, ni mejor ni peor, solo diferente; tanto es así que, de por sí, la presencia de lo que empieza siendo un "estorbo", un a día, envuelta con amor, toma el brillo del mejor cristal; su presencia trae la bendición del cambio, del crecimiento, de la enmienda, magia que hace posible el que "la vida sea un camino de despertares... puedes pasar toda una vida abriendo los ojos, más es un instante en el que ves...".
La historia humana y su justificación de "hacer justicia", "hacer paz", "hacer amor", expresa el aún primitivo nivel de barbarie civilizada tecnificada de sus militantes, nivel de progresiva perfectibilidad. En la dimensión divinahumana de lo perfecto, simplemente se Es Justicia, se Es Paz, se Es Amor, contundencia sin adornos interpretativos en un sentido u otro; trascendencia que nos permite encontrar en lo dicho por San Agustín "errar es humano, perseverar en el error es diabólico", la máxima del peldaño de cielo siguiente: PERDONAR ES DIVINO; el Perdón amoroso, simboliza la Indulgencia del Dios latente en el Cielo de nuestro corazón; paraíso revelado en la cruz, cuando Jesús, ante la experiencia humana de ser juzgado por la ley humana fabricada y configurada para condenarlo y cruzificarlo, dijo: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
La justicia humana, atrapada por "el duende de las mentes pequeñas", se resiste a convertir la vivencia humana en sabiduría divina, cuando fomenta la famosa reparación de cuentas; germen de la doble moral que predica lo que no practica, o practica lo que no predica; injusticia que convierte a su ley en una tela araña que atrapa moscas y deja escapar avispas.
En este contexto, incorporemos a nuestra reflexión, lo dicho por Kalil Gibrain
Acerca de la justicia:
" .... y vosotros, jueces, que queréis ser justos ¿Qué juicio dictaréis contra aquel que aunque honesto en la carne es ladrón en el espíritu? ¿Qué sentencia decidiríais contra aquel que mata en la carne al tiempo que él ha sido asesinado en el espíritu? ¿ Y cómo procesaréis a aquel que en sus actos es impostor y opresor, pero él, a su vez, ha sido agraviado y ultrajado? ¿Y cómo castigáis a aquel cuyos remordimientos son aún mayores que sus fechorías? ¿ Acaso el remordimiento no es la justicia impartida por aquella misma ley que queréis servir? Sin embargo no podéis inculcar el remordimiento al inocente, ni quitarlo del corazón al culpable... la piedra angular del templo no es superior a la más enterrada piedra de sus cimientos. Todos somos iguales ante los ojos de Dios".
Acerca de las leyes:
".... os complace establecer leyes pero más placentero es destruirlas, es violarlas, como quien hace castillos de arena que luego el océano destruye. Os complace establecer leyes, pero os complacéis aún más en violarlas. Como aquellos niños que juegan junto al océano y que, con gran perseverancia, construyen castillos de arena, que luego destruyen entre risas. Pero mientras construís vuestros castillos de arena, el océano acarrea mucha más arena a la orilla. Y mientras los destruís, el océano ve con vosotros. En verdad el océano ríe siempre con los inocentes ¿Pero qué decir de aquellos para quienes la vida no es un océano, ni las leyes del hombre castillos de arena? ¿Aquellos para quienes la vida es una piedra, y la ley un cincel con el cual quieren esculpir a su propia semejanza? ¿Qué decir del inválido que odia a los bailarines? ¿Y qué decir del buey que ama su yugo y considera a los gamos y venados del bosque como criaturas perdidas y vagabundas? ¿Y de la vieja serpiente que ya no puede cambiar de piel y califica a las demás de desnudas e impúdicas? ¿Y de aquel que llega temprano a la boda y después se marcha repleto y cansado, diciendo que todo festín es un delito y todo anfitrión un culpable?. Sus sombras son sus leyes, reflejadas por estar de espaldas al sol. ¿A qué leyes temeréis si danzáis sin tropezar en ninguna cadena hecha por el hombre?... No quisiera hacerte creer en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, porque mis palabras no son sino tus propios pensamientos transformados en sonido; y mis acciones, tus propias esperanzas convertidas en acción".
La justicia divina trasciende la dimensión del ego humano buscador de mártires y martirios, víctimas y victimarios, nivel de conciencia que etiqueta de bueno o malo todo lo que encuentra. Ignorancia que fractura la Unidad luminosa y plena de experiencia y vivencias en pro de un mayor crecimiento. Inconciencia que fabrica bandos de vencedores y vencidos, mediante una historia escrita por quienes, gobernados y envilecidos por los excesos inherentes a su "victoria", hallan gozo en dañar, someter, conquistar, colonizar, herir y mutilar a quien definen como el otro, por ende su historia.
La justicia divina ama a los enemigos que pretenden dañar, cuando aplica su máxima de "hacer el bien a aquellos que te persiguen y te odian..."; raíz de los hijos de la Misericordia multiuniversal que nos habita, tatuaje sapiente de que no es el ojo el que ve, sino quien está detrás de él; magia que discierne que el universo es aquello que se lleva despierto en nuestro interior, no lo que está fuera de ahí. "Conozco los rostros porque miro a través de la tela que mis propios ojos tejen. Y busco la realidad que hay debajo de la inmensidad del océano mayor".
La justicia divina ejercida por el Maestro del Amor, nos dice: "Quien esté libre de culpa, que lance la primera piedra... No mires la paja en el ojo ajeno, mira la viga en el propio...". Ello TRASCIENDE la dualidad de una ética de la norma que separa, hacia la ética, responsabilidad y amor que reúne, Yo interior de cada Ser, manifestado en la dignidad, reevolución, justicia y honor mayor: librar en el interior de cada criatura, todas las batallas en pro de su indivisible resurrección, verdad que deja de ver en nuestro hermano, la causa de las injusticias. Saber la verdad tiene el costo de la responsabilidad, como decía Shakespeare, de saber que "nada es bueno ni malo, sino que es el pensamiento el que lo vuelve tal". Nuestra consciencia Crística universal, masa crística o mesías crístico, discierne que quien aún elige reglamentar, reprimir, castigar, prohibir, sus propias represiones y sombras manifiesta.
En la Era de la Iluminación, aquella que sin metodologías encercadas, vive el mandamiento supremo de AMAR aquí y ahora, enzima nata de la Justicia Divina traducida en nuestra cotidianidad sagrada, la que consciente de la oscuridad, accede a la Edad de Oro Espiritual, dimensión de Unidad ascendente por enmendar una justicia humana que aprisiona, con una justicia divina que LIBERA:
¿Qué es la justicia humana?.
Vas al mercado a comprar un kilo de carne y vives 3 situaciones:
1.- El vendedor pesa la carne, sobra una onza, la quita, es justa;
2.- El vendedor pesa la carne, la balanza marca un kilo, pero tiene alterada la balanza para que marque más de lo que realmente pesa, es injusta (mala);
3.- El vendedor pesa la carne, nos agrega más carne del kilo que pedimos, es injusta (buena).
La balanza, símbolo de la justicia humana, en estos 3 casos nos da una situación justa, y 2 situaciones injustas, mala porque quita, buena porque da. Una misma situación de compra, varios resultados.
¿ Qué es la justicia divina ?
El Amor, símbolo de la justicia divina, no es ni buena ni mala ¡¡¡ Es justa !!!, se guía por el Amor eterno, estado de Gracia que ni mide, ni calcula, ni pesa, simplemente Es y Da la justicia de la Bondad sin límites, jerarquizaciones ni calificaciones. Manifestación de la ley metafísica del Dar y RECIBIR en el UNO que goza de la alegría de compartir, estado de generosidad no dependiente, cual lacayo, de propinas ni reconocimientos externos.
EJEMPLO:
Alguien nos da una cachetada o chirlazo.
1.- Tú eliges devolver dos chirlazos -movimiento lineal primario-; es injusto;
2.- Tú eliges devolver una caricia -movimiento circular iluminado-, es injusto;
La opción es diáfana y transparente para quien quiera ver y oir, mientras:
En la primera situación elegimos ser parte de un pensamiento retardatario de la justicia humana que practica el ajusticiamiento del castigo, primitivo axioma que reedita el "ojo por ojo...".
En la segunda situación elegimos Ser y ejercer el Nuevo Pensamiento Universal, Magisterio del Amor, Ministros del Nuevo Pacto o Nueva Alianza, inspirada en el Espíritu que da voda, no en la letra queda muerte; práctica de la Justicia Divina que al Dar de aquello que se ES, opta Darse; como decía Madre Teresa de Calcuta, al ser amor, no sabemos dar otra cosa.
VICTORIA SECRETA que como las flores, las frutas, el trigo, el agua y toda la creación de sonidos, aromas y sabores, sometidos a la variable de temperaturas, contingencias, estados, paisajes, circunstancias y demás amalgamas, se transforma para seguir DANDO de la Esencia que le habita; entonces sucede el misterio y milagro que -quizá- aparente ser injusto o justo para la dualidad con que se mire e interprete, pero que intensionalmente en el UNO al encuentro de la causa, "por cada 1.000 que macheteaban contra las ramas del mal, solo hay uno que va buscando la raíz", H.D.Thoreaw.
A cualquier situación o experiencia, asumida como Es, por tanto libre de olores, colores y sabores nacidos desde nuestro prejuicios, podemos aplicarle el fundamento de la legislación divina: el amor, como máxima expresión de su justicia; cuando renunciamos a no usar los juicios dispuestos por un pensamiento legalista y pretensor de representar a Dios en la misión de "hacer justicia", sin ser justicia; intensión que ha degenerado el concepto humano de justicia, convirtiéndolo en una vendetta ajusticiadora, estado de conciencia y estilo de vida, que transitoriamente sustituye el nivel menos luminoso del Amor por el miedo y sus ficciones inspiradas en la consigna de la razón, no del corazón ni la compasión.
Bienvenidos a tomar conciencia de que todo "error" esconde un acierto, discernimiento que nos permite no ser indiferentes ante ese acierto, hallazgo que marca la raíz de nuestra diferencia.
"Deja a la vida el cobro de las injusticias. Para qué perder el tiempo y salud en venganzas; si de eso se encarga la naturaleza", Jesús.
Con infinito amor universal...
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"Seamos justos con nosotros mismos y con los demás,
demos a los demás aquello que queremos recibir,
perdonemos si queremos ser perdonamos,
amemos si queremos ser amados,
busquemos el equilibrio
para que siendo terrenales
caminemos hacia lo divino...
Seamos fieles , auténticos...
Seamos justos!
Defendamos lo que es justo,
que la verdad sea la linterna
que ilumine nuestro camino.
Y ante la injusticia humana ,
busquemos la calma,
controlemos nuestra ira,
porque la Justicia Divina existe
nos respalda , y aún aunque
no podamos percibirla,
aunque maneje otros tiempos
que solo Dios conoce...
se fortalece con nuestra FE
y llega en el momento "justo".
Que Dios los Bendiga...
Con amor
Vanesa Alessandroni
"LA FE MUEVE MONTAÑAS"
Una Royal Kandy Cruzada
de Fe y Amor en Comunión con Dios.
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