ramal: católico apostólico romano.

martes, 28 de diciembre de 2010

Hoy celebramos: Santos Inocentes y la Historia de una mística de seis años

El día de hoy se conmemora a los Niños Inocentes que el cruel Herodes mandó matar.

Según señala el Evangelio de San Mateo, Herodes llamó a los Sumos Sacerdotes para preguntarles en qué sitio exacto iba a nacer el rey de Israel, al que habían anunciado los profetas. Ellos le contestaron: "Tiene que ser en Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas diciendo: "Y tú, Belén, no eres la menor entre las ciudades de Judá, porque de ti saldrá el jefe que será el pastor de mi pueblo de Israel" (Miq. 5, 1).-

Entonces Herodes se propuso averiguar exactamente dónde estaba el niño, para después mandar a sus soldados a que lo mataran. Y fingiendo dijo a los Reyes Magos: - "Vayan y averigüen acerca de ese niño, cuando lo encuentren regresan y me lo informan, para ir yo también a adorarlo". Los magos se fueron a Belén guiados por la estrella que se les apareció otra vez, al salir de Jerusalén, y llenos de alegría encontraron al Divino Niño Jesús junto a la Virgen María y San José; lo adoraron y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra. En sueños recibieron el aviso divino de que no volvieran a Jerusalén y regresaron a sus países por otros caminos, y el pérfido Herodes se quedó sin saber dónde estaba el recién nacido. Esto lo enfureció hasta el extremo, por lo que rodeó con su ejército la pequeña ciudad de Belén, y dio la orden de matar a todos los niñitos menores de dos años, en la ciudad y alrededores.-

El mismo evangelista San Mateo afirmará que en ese día se cumplió lo que había avisado el profeta Jeremías: "Un griterío se oye en Ramá (cerca de Belén), es Raquel (la esposa de Israel) que llora a sus hijos, y no se quiere consolar, porque ya no existen" (Jer. 31, 15).







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Oremos



Que la poderosa intercesión de los santos inocente mártires sea nuestra ayuda, Señor, y que su oración nos haga fuertes en la confesión intrépida de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

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Historia de una mística de seis años.

En pleno centro de Roma, muy cerca de la basílica de San Juan de Letrán se encuentra la casa donde nació y vivió Antonietta Meo, más conocida como Nennolina.
Nennolina fue reconocida como venerable por el Papa Benedicto XVI en diciembre de 2007 y la presentó como modelo de inspiración para los niños. Podría ser la beata no mártir más joven de la historia de la Iglesia. Nació en 1930 y murió en 1937, a los seis años y medio, luego de que le fue detectado un osteosarcoma (cáncer óseo) en la rodilla, que una vez le fue amputada la pierna, ya había hecho metástasis en todo el cuerpo.



La vida de Antonietta Meo: "¡Habrá santos entre los niños!"

Antonietta nació el 15 de diciembre de 1930 en una familia acomodada de Roma. La casa de la familia Meo está a pocos pasos de Santa Cruz de Jerusalén. "Mi hermana", dice su hermana Margherita, "era una niña alegre, inquieta y traviesa, como lo son todos los niños de esa edad".

A los tres años, en octubre del 33, la apuntan a la guardería de las monjas que está a dos pasos de su casa. "Iba de buena gana", cuenta su hermana, "y a menudo cuando jugábamos juntas decía: ' ¡Yo en la escuela me divierto mucho … hasta iría de noche!'. Se encariño enseguida con la maestra y las monjas decían a mi madre: '¡No hay quien la pare! Pero es muy despierta y aprende enseguida. Es una niña madura para la edad que tiene'".

Aún no había cumplido los cinco años cuando sus familiares observaron una hinchazón en la rodilla izquierda, pensando que se la había hecho al caerse.

La temprana enfermedad

Después de algunos diagnósticos y tratamientos equivocados, la sentencia: osteosarcoma. El 25 de abril del 36 le amputan la pierna. El golpe fue tremendo. Pero más para los padres que para Antonieta, que, una vez superado el primer periodo, a pesar de la intervención y las dificultades causadas por el aparato ortopédico, sigue su vida de siempre: los juegos, la escuela. Sus padres, con gran alegría de la niña, decidieron anticipar la fecha de su primera comunión, y de este modo, por las noches, su madre empezó a enseñarle el catecismo.

Las cartas de Nennolina.

Esos encuentros de instrucción en la fe son aprovechados por Antonieta para primero dictarles a su madre y luego a escribir sus cartas que cada noche colocará debajo de una estatuilla del Niño Jesús a los pies de su casa "para que él viniera de noche a leerlas". "Comenzó como un juego", dice su madre en el proceso, "cuando le sugerí a Antonieta que escribiera una carta a la madre superiora de las monjas que la educaban para pedirle permiso de hacer la primera comunión en su capilla la noche de Navidad. Así que, a menudo, por la noche, después de rezar la oración al Ángel de la Guarda, Antonieta se acostumbró a dictarme 'poesías' (así las llamaba ella), primero para mí, luego para su padre y Margherita, luego para Jesús y la Virgen. Cogía el primer trozo de papel que encontraba y no paraba de escribir lo que ella me dictaba, sonriendo, indulgente hacia lo que me dictaba con tanta sencillez y seguridad".

La primera carta está fechada el 15 de septiembre de 1936. A partir de entonces, sus cartas se suceden, expresando un amor sencillo, tierno e infantil a Jesús, María y sus padres; pero al mismo tiempo una clara conciencia, asombrosa en una niña de su temprana edad, de quién es Jesús y cómo se le sigue por el camino del dolor. Así, para sorpresa de su madre, Nennolina escribirá como las grandes santas del sufrimiento, pidiendo que se le conceda almas para poder salvarlas: Y este "Señor Jesús, dame almas" Antonieta lo repetirá muchísimas veces.

"Veía que la niña sabía expresarse mucho mejor de lo que yo pensaba", dice su madre, "pero creo que es inútil decir que en casa no se le daba la menor importancia a estas cartas que se dejaban en cualquier parte y que muchas se han perdido".

En cuanto Nennolina aprendió a usar la pluma, quiso poner su propia firma y escribió así: "Antonieta y Jesús".

A Jesús le escribirá Antonieta 105 cartas, y otras a María, a Dios Padre, al Espíritu Santo, una a Santa Inés y otra a Santa Teresa del Niño Jesús. A Jesús le pedirá siempre la ayuda de su gracia: A Él y a Su Madre no dejará nunca de pedirles la gracia, para los que la rodean, para quienes se encomiendan a sus oraciones y para los pecadores.

Nennolina se dirige a Jesús y María con ternura confiada. Sus cartas terminarán siempre con abrazos, caricias, besos dirigidos a sus destinatarios celestiales. Y de esta confianza son testigos también las monjas, que bastantes veces vieron a la niña antes de salir de la iglesia acercarse al tabernáculo y exclamar: "¡Jesús, ven a jugar conmigo!". Lo escribirá también en sus cartas, deseando tenerlo siempre cerca: "Querido Jesús, mañana ven a la escuela conmigo". En los meses que la separan de la noche de Navidad sus cartas expresarán todo su amor por Jesús y el ardiente deseo de recibirlo en su corazón. Cuenta sin cesar los días, las horas, los minutos.

La verdad revelada a los pequeños

La forma de las cartas es repetitiva y los pensamientos surgen inconexos, como ocurre en la manera de expresarse de los niños, pero bajo la forma infantil el pensamiento no es banal, nunca pueril. El día antes de su primera comunión le explica a su madre: "Mira mamá: hasta cuenta de que mi alma es como una manzana. Dentro de la manzana están esas cositas negras que son las semillas. Luego dentro de la piel de las semillas está esa cosa blanca. Pues hazte cuenta de que eso es la gracia". "El parangón", sigue diciendo su madre, "que yo conocía, me pareció profundo, pero no quise darme por vencida y volví a la carga: '¿Pero quién te ha dicho esas cosas? La maestra os ha enseñado una manzana para que comprendáis…'. 'No, mamá', respondió cándidamente, 'no me lo ha dicho la maestra, lo he pensado yo'".

Luego completó su pensamiento: "Jesús, haz que esta gracia la dejes siempre, siempre conmigo".

Aquella noche de Navidad, a pesar de que el aparato ortopédico le provocaba dolor, los presentes la vieron al final de la misa permanecer más de una hora arrodillada, quieta, con las manitas juntas.

La hora se acerca

En mayo, Antonieta recibe la confirmación. Son los últimos días de su vida. Dice su madre: "Después de la confirmación Antonieta comenzó progresivamente a empeorar. El jadeo y la tos no le daban tregua. No conseguía mantenerse sentada y tuvo que guardar cama. Se veía que sufría, pero nos decía a todos siempre, incluso a mí: ' ¡Estoy bien!'. A veces con gran fatiga, pero quería rezar sus oraciones de siempre de la mañana y de la noche. Luego pidió que el sacerdote le llevara la comunión todos los días, y las horas que seguían a la comunión eran cada vez más tranquilas. […] En cuanto podía me pedía también que escribiera sus cartas".

La última está fechada el 2 de junio. Esta carta terminará en las manos de Pío XI. La madre recuerda: "Me senté a la cabecera de su cama y escribí lo que Antonieta me dictaba trabajosamente: "Querido Jesús Crucificado, yo te quiero tanto y te amo tanto. Yo quiero estar contigo en el Calvario". "En ese momento", dice la madre, "a Antonieta le entró un violento ataque de tos y vomitó, pero en cuanto se le pasó quiso continuar: 'Querido Jesús te quiero repetir que te quiero mucho mucho'… De repente sentí un ataque de rebelión al ver cuánto sufría y con un arranque de rabia estrujé el papel y lo metí en un cajón".

Algunos días después, vino a visitar a Antonieta el profesor Milani, primer médico pontificio, llamado por el doctor Vecchi para una consulta. Dijo que la niña estaba muy grave y que debíamos llevarla de nuevo a la clínica para operarla otra vez. El profesor se quedó hablando con la niña y se asombró de los dolores que soportaba Antonieta sin quejarse. Mi marido le habló de las cartas que escribía. Pidió ver la última y yo no me atreví a negarme. Recogí la carta de donde la había puesto aquel día y se la enseñé. Tras leerla dijo que quería hablarle al Santo Padre de Antonieta y pidió permiso para llevarse la carta. Respondí titubeante: "Es que … no se … si …". "Pero, señora", dijo, "¡se trata del Papa!".

La bendición papal

El día siguiente un automóvil del Vaticano se detuvo ante nuestra casa. Un delegado enviado personalmente por el Santo Padre Pío XI vino a traerle a la niña la bendición apostólica. Nos dijo que Su Santidad se había conmovido mucho leyendo la carta. Nos dejó también una tarjeta del profesor Milani en el que le pedía a Antonieta que le recordara al Señor y que implorara por él aquellos dones que ella había pedido para si.

La partida

El 12 de junio Antonieta empeora. Respira con trabajo. Se le extrae líquido de los pulmones. El 23 se le quitan tres costillas con anestesia local, dadas sus precarias condiciones generales. Cuenta su madre: "No puedo expresar el desgarro que provocaba aquel cuerpecito martirizado. Aquel día le dije conteniendo las lágrimas: 'Ya verás, pequeña mía… en cuanto te pongas bien nos iremos de vacaciones, iremos a la play… a ti que te gusta tanto … te podrás incluso bañar, ¿sabes?' Me miró… con ternura me dijo: 'Mamá, ponte alegre, contenta… Yo saldré de aquí en diez días menos algo'". La madre no podía saber que en aquel momento Antonieta le había dicho exactamente el día y la hora en que iba a morir.

En los días siguientes, con fortaleza increíble sigue sonriendo incluso a las enfermeras que van a medicarle la herida, a pesar de que las metástasis habían invadido y destrozado todo su cuerpecito, a pesar de que la masa tumoral le oprimía el pecho hasta el punto de provocarle la dislocación del corazón.

Todos testimoniarán en el proceso el desconcierto ante su extraordinaria serenidad. Su madre llega incluso a dudar de que la niña sufriera: "Fui al médico y le dije: 'Doctor, yo no creo… dígame la verdad, dígame realmente… ¿Antonietta sufre mucho?'. '¡Pero señora, qué pregunta! ¡Qué esta diciendo! ¡Cállese! ¡Los dolores son atroces!'. Regresé a su cama… la voz no me salía, por primera vez le dije: 'Antonieta, bendice a tu madre… Antonieta, bendice a tu mamá'. Haciendo un esfuerzo me hizo una cruz en la frente con la mano".

El padre dice en el proceso: "Un día, ya muy grave, decidí que se le administrara a mi pequeña la extremaunción. Le pregunté a Antonieta: '¿Sabes qué son los santos óleos?'. 'El sacramento que se les da a los moribundos', respondió. Yo no quería turbarla, por lo que añadí: 'A veces trae la salud del cuerpo…'. Antonieta se negó. 'Es demasiado pronto', dijo, y yo no insistí. Pero cuando más tarde el sacerdote le dijo que los santos óleos aumentan la gracia, Antonieta, que escuchaba atentamente, respondió: 'Sí, los quiero'. Respondió con tranquilidad a todas las oraciones, rezó la contrición, luego le dio las manitas abiertas para que el sacerdote se las ungiese… Besó con ternura el crucifijo de su primera comunión. Todo se desarrolló con sencillez y paz".

Estaba amaneciendo aquel 3 de julio de 1937 cuando su padre se le acercó para colocarle bien la almohada y, al acercarle los labios para darle un beso, Antonieta le susurró: "Jesús, María… mamá, papá…". "Se quedó mirando fijamente frente a ella…", recuerda su madre. " …Sonrió… luego exhaló un último y largo suspiro".

El amor se desborda

La mañana siguiente el pequeño ataúd blanco fue transportado en medio de una muchedumbre conmovida a la Basílica de Santa Cruz de Jerusalén. En aquella misma Basílica de las reliquias de la pasión de Jesús, apenas seis años antes Nennolina había recibido el bautismo un 28 de diciembre de 1930. El día de los Santos Inocentes.

"Mi madre", recuerda Margherita, la hermana mayor de Nennolina, "era una mujer reservada, prudente, concreta, una mujer con los pies en el suelo; no tenía nada de sentimental ni se creía cualquier cosa. Ante ciertos fáciles entusiasmos era tajante: 'Mire, yo no creo en los santos hasta que los canoniza la Iglesia'. Tendía siempre a minimizar los elogios que se le hacían a Antonieta y no le gustaba que se hablara de la idealizándola. Recuerdo que poco después de la muerte de mi hermana, un sacerdote hizo en la radio una conferencia sobre el sentido del sufrimiento y habló también de Antonieta. A mi madre no le gusto ni pizca. Comentó que se trataba de exageraciones. Dijeron que Antonieta declamaba su amor a Jesús con amplios gestos… '¡Pero bueno! ¡No, nunca!', replicó mi madre. Dijeron que Jesús fue la primera palabra que había pronunciado Antonieta. Y ella dijo: 'No. Mamá. ¡Dijo mamá! ¡Como todos los niños!'".

Sin embargo, la partida de Nennolina se ve acompañada muy pronto de conversiones y gracias. Mensajes de oraciones y agradecimientos cubrirán su tumba en el cementerio romano del Verano. En un año se publica dos biografías suyas.

La fama que crece

La fama de Nennolina se difundirá tan espontánea e inmediatamente que llega más allá de su parroquia de Santa Cruz de Jerusalén, incluso fuera de Roma e Italia. Ya en 1940 aparecen sus biografías en otras lenguas, incluso en armenio. El proceso de beatificación se abrirá en 1942 y la fase diocesana concluirá en 1972. Pero precisamente por su edad, al encontrarse en el límite de lo que se considera la edad de la razón, ha creado perplejidad en todos los que han examinado su caso y bastantes dificultades en el desarrollo del proceso. Aunque ninguna ley canónica determina los límites de edad de aquellos a quienes se pretende beatificar, fue sólo en 1981, con la Declaración de la Sagrada Congregación de las Causas de los Santos, cuando la Iglesia reconoció plenamente que también los niños pueden realizar acciones heroicas de fe, esperanza y caridad, y por consiguiente pueden ser elevados a los altares.

Recientemente, una fundación dedicada a promover la devoción de Antonieta Meo se creó en la parroquia de Santa cruz de Jerusalén.

El 3 de mayo de 1999, se trasladaron sus restos a una cripta especial de la Basílica donde también reposan los instrumentos de la Pasión del Señor Jesús.







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«Querido Jesús, mañana cuando estarás en mi corazón, ház como si mi alma fuera una manzana. Y como dentro de la manzana están las semillas, dentro de mi alma ház que haya un armario. Y como dentro de la cáscara negra de las semillas, está la semilla blanca, así ház que dentro del armario esté tu Gracia, que sería como la semilla blanca».



martes 28 de diciembre de 2010.
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UNESCO

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SAN JOSÉ OBRERO

SAN JOSÉ OBRERO

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

Nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Su familia estaba conformada por su padre Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro, su madre, Emilia Kaczorowsky, una joven sileciana de origen lituano, y un hermano adolescente de nombre Edmund.
Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los pocos días de nacer en la iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941 murió su padre.
De joven, el futuro Pontífice mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias polacas tan grande que aún en el colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología y lingüística polaca. Sin embargo, un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que tenía impresa -entonces aún sin develarse plenamente- en el corazón: el sacerdocio.
Al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta situación, Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera. Según relata el hoy Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.
El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense".
El 23 de setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco. Asistió al Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios de distracción y aventura al aire libre.
El 13 de enero de 1964 falleció Monseñor Baziak por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.
En junio de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974, el nuevo Purpurado ordenó a 43 nuevos presbíteros, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
En 1978 muere Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani, de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa", sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.

JUAN PABLO II EN ARGENTINA

Visitas de Juan Pablo II a la Argentina
Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» y «tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus trece visitas hasta el presente».
11 de junio
A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.
En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció un alocución e impartió la bendición a los presentes.
En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.
Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.
Sábado 12
El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que le dirigió un mensaje a puertas cerradas.
Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.
Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».
Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987
En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Lunes 6 de abril
En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».
Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la catedral metropolitana, distante 8, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.
Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.
Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.
Martes 7 de abril
Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.
El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo caracter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».
Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor Candido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 465 kilómetros, donde pasó la noche.
Miércoles 8 de abril
En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose a la catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.
Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.
Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.
Jueves 9 de abril
Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.
Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».
Por la tarde viajó a Paraná, que dista 510 kilómetros. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.
Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.
Viernes 10 de abril
El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.
Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la catedral de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.
Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su vida, el obispo de San Justo, monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.
Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.
Sábado 11 de abril
A las 8 de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 204 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M. López, le dió la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.
Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.
Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Italo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.
A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.
Domingo 12 de abril
El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.
Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.
El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa ·«envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.
Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Angelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.
Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.
Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.
Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.

SAN ANTONIO DE PADUA

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SANTA RITA - De los casos imposibles.

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FRASE

A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso.
JOSE INGENIEROS

Los tiempos de Dios son distintos a los tiempos humanos.

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TIEMPOS DIVINOS

SAN EXPEDITO

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VIRGEN DESATANUDOS

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"EL TIEMPO QUE SE PIERDE POR ALGUIEN,
ES TIEMPO QUE SE GANA PARA LA ETERNIDAD"
"EL QUE PIERDA SU VIDA LA GANARÁ,
PERO AQUEL QUE LA GUARDE PARA SÍ, LA PERDERÁ"