ramal: católico apostólico romano.

lunes, 9 de mayo de 2011

Jamás desistas de ser feliz

PERLA PRECIOSA. ADN DE DIOS.


YO TE ELEGÍ COMO VOCERO DE MÍ.


“Yo te conocí antes de formarte en el vientre de tu madre; antes que nacieras te santifiqué y te elegí como vocero Mío ante el mundo.”

ADN

“Antes de formarte en el vientre te conocía, antes de salir del seno materno te consagré y te nombré profeta de los paganos.”
Jeremías 1, 5 - 6


Queremos detenernos especialmente en el modelo de Jeremías como modelo de vocación, el Amor con el que Dios convoca.


La fuente de la vocación es el amor de Dios: “Antes de formarte en el seno materno” (Jer 1,5). Nos permite como asomarnos a ese lugar insondable del misterio de la vocación que Dios pone en el corazón de aquel al que llama, para compartir con Él la tarea que le cabe a Dios, que es suya. Esta invitación que Dios hace, dice la Palabra, es desde el momento en el que, si el llamado toma conciencia de esa invitación. Pero hay un antes de esa conciencia refleja de lo que supone el llamado en el corazón; con lo cual la Palabra nos está diciendo que la vocación está inscripta mucho más allá del momento, en el que la persona toma conciencia de la llamada que Dios le hace. Forma parte, podríamos decir así, del código genético de la persona.


“Antes de haberte formado en el seno materno Yo te había elegido, te había consagrado.” La llamada no es la de un Dios que no sabe lo que hacer con lo que tiene entre las manos, y entonces duda buscando a alguno que le ayude, para compartirle la tarea que tiene entre sus manos. Y entonces te eligió a vos, me eligió a mí porque Dios nos necesita. Sí, es verdad que Dios quiere necesitar de nosotros para hacer su obra, pero no como quien desespera buscando quien le pueda dar una mano, sino como quien en el amor nos sumó a su proyecto de Amor, y lo hace desde el comienzo mismo. Desde siempre. Desde toda la eternidad. De manera tal, que la persona llamada, convocada, invitada por Dios, vocacionada por Él a su seguimiento y al encuentro con Él en la plena unión con Él, toma conciencia después de un acto reflejo de decir: “acá pasa algo en mi historia”; en el aquí y ahora toma conciencia de que esto que le pasa no tiene que ver con una circunstancia, con un hecho determinado. Tiene que ver con su identidad. Tiene que ver con su ser más hondo, más profundo. Cuando la persona encuentra su lugar de cara a Dios, encuentra que ha llegado al lugar donde siempre ha estado.


Suele pasarnos, a veces, que cuando nosotros encontramos nuestro lugar en el mundo, a partir de esta experiencia vocacional (hablo de la experiencia vocacional de todo el que se descubre en el bautismo invitado por Dios a cumplir su misión), descubrimos este don de que Dios es el autor de lo que es mi servicio, mi función, mi misión. Y que esa autoría de Dios me puso en un lugar determinado, para que yo allí encontrara mi razón de ser. Allí donde nos encontramos circunstancialmente decimos: “este es mi lugar”. Y a veces podemos confundir el lugar que hemos encontrado con un espacio físico, con un rol, con una misión, con una tarea que se nos encomienda, con mi capacidad, con mis posibilidades, con los dones naturales que Dios ha puesto en mi corazón. Y en realidad, lo que la Palabra hace hoy es ponernos de cara en este código genético que da identidad al vocacionado; de que no es el rol, no es la circunstancia, no es el lugar, no es la misión, no son mis dotes, es una experiencia de vínculo con el Señor que supone estas realidades, pero que al mismo tiempo, las trasciende. Eso hace que la persona, por ejemplo, llamada vocacionada por una determinada circunstancia se encuentra ante la imposibilidad de ejercer su rol, no pierde su identidad. Sigue siendo ella misma.


Pensemos, por ejemplo, en un papá, una mamá de familia, que las circunstancias de la vida en su vocación paterna/materna, los ponen lejos de sus hijos. Hoy se da mucho esto, por ejemplo están separados los padres. O porque una situación laboral, tiene que tomar distancia de la familia. Las circunstancias no quitan del corazón del padre, de la madre el hecho de la vocación.


Pensemos en Juan Pablo II, ¿quién podría decir que el final de su vida apostólicamente no fue tan o más fecundo que los más de 120 viajes que hizo por el resto del mundo llevando adelante la misión? No perdió su lugar de pontífice, de puente entre Dios y los hombres, haciendo de vicario de Jesús en medio nuestro. Por el contrario, el misterio Pascual al final de su vida lo puso en plena comunión con la vocación que Dios le dio; de ser su heraldo, su mensajero de paz en medio nuestro.


Esto de “antes de formarte en el seno materno, Yo te elegí”, lo pone al llamado (en este caso de Jeremías), pero también a nosotros que nos vemos interpelados en la persona y en el encuentro de Dios con Jeremías. Nos pone de cara a que no es una determinada tarea. Que no es una determinada misión. Que no es un rol, no es un título. Lo que nos da identidad es un encuentro. Un encuentro con Dios que revela lo más hondo de mi propio ser. Lo que podríamos llamar nosotros el código genético que le da profunda razón de ser a mi ser.


Cuando Dios se muestra, dice el Concilio Vaticano II, el hombre encuentra quien es él. Cuando Dios revela su rostro, el rostro humano toma color, toma forma, adquiere identidad.


Antes de que vos aparecieras en este mundo Dios te marcó, en el momento mismo en que sopló la vida en el seno de tu madre, te marcó con lo que Él ya antes había pensado. ¿Qué será eso que Dios sopló en tu corazón?


“Yo te conocí, antes Yo te consagré, antes Yo te constituí.” ¿Qué es esto de “te conocí”? El verbo conocer tiene mucha riqueza semántica en la segunda escritura. La más profunda de estas riquezas está dada por este sentido de Amor. Nosotros somos herederos de una cultura racional que tiene sus fuentes en el pensamiento particularmente griego. Y un pensamiento helenista que habla acerca de conocer. En una cultura racional como la nuestra, supone un conocimiento que se centra casi exclusivamente en la percepción intelectual que la persona hace de la realidad.


En este sentido el pensamiento hebreo se diferencia de un pensamiento helenista racional. El conocimiento, para un hebreo, es mucho más que un conocimiento intelectual. Es un conocimiento que supone una entrada en contacto con la vida toda de la persona, con aquello que conoce. Y ese ponerse en contacto con todo el ser, de manera sabia, lo hace movido por un espíritu que da centralidad al corazón semita. Es el espíritu del amor. Por eso, cuando Dios le muestra el camino, le dice al pueblo hebreo, el camino es éste: el camino del amor. Tal vez tengamos que recuperar en un sentido más pleno, nosotros, desde la Palabra de Dios, el concepto de conocer. Conocer no es saber algo del otro. Es amar al otro. Y a partir de allí contenerlo, alentarlo, compartir.


Desde ese lugar poder soñar, construir.


“Yo te conocía”, es decir, te amé eternamente. Y en mi amor puse este sello en tu corazón. En el caso de Jeremías, para que sea profeta de la nación.


Conocer la sagrada escritura, también a partir de ese don de Amor de Dios, es elegir, llamar. Yo te amé, yo te elegí, te llamé.


Está el verbo conocer, en el pensamiento hebreo, profundamente intervinculado a las relaciones personales.


Lo que Dios está diciendo es que yo tengo vinculo interpersonal de Amor contigo desde siempre, y desde ese lugar de relación profunda con tu propio ser, donde tal vez no me conozcas, pero siempre “estuve allí”. Desde ese lugar te elegí un camino como Padre Bueno que soy, para que en ese camino, puedas colaborar con mi obra de amor sobre todad la humanidad.


San Agustin descubre en su búsqueda del rostro de Dios aquella realidad honda y profunda, escondida en su propio ser, cuando escribiendo acerca de su encontro con Dios y de quien le supone ser Dios para él, dice: “Eres más íntimo a mi que mi misma intimidad”. Como diciendo: “ lo que yo conocía de mi mismo era poco, hasta que conocí lo más hondo que estaba en mi, que era Tu presencia. Que me hace conocerlo todo. Que no es otra cosa que Amar todo.


Conocer, te conocí; tiene como semánticamente también esta expresión hebrea, en su trasfondo el modelo de vínculo entre una madre y un hijo. Es un conocer materno el de Dios.


En estos días he estado acompañando a una familia amiga, que hemos pedido oración por ellos. Por un adolescente, Nicolás, por su papá Pablo, por su mamá Marisa. En el accidente Nicolás, que venía en el auto con sus abuelos (que gracias a Dios están bien), perdió el conocimiento. Estuvo 15 días sin volver. Cuando despertó, la primera que hace contacto con él es su madre. Y había que ver como lo que la madre le alentaba, lo estimulaba para hacerlo volver, y lo que él con sus ojos, porque perdió el habla, va como buscando establecer ese vínculo de relación. Que está fundado sobre el Amor y que de verdad en cada uno de nosotros, es lo que hace que uno recupere de lo que se tenga que recuperar.


Es este tipo de relación la que Dios tiene con nosotros. Ésta que nos hace ser a nosotros, nosotros mismos. Que nos hace volver a la conciencia de quienes somos. Como Marisa lo hace con Nicolás. Este modo de vínculo tiene Dios.


“Antes de haberte formado en el seno materno, Yo te conocí”. Que también es un vínculo materno-filial, muy fuerte, tan fuerte que después trae algunos problemas en la vida de algunas personas. Y que necesita el ser humano reacomodarse, cuando toma conciencia en la vida adulta o juvenil, debe reacomodarse frente a la vida. Por eso dice la Biblia “aun cuando tu padre, tu madre, te abandonen, Yo no te abandonaré”. Porque tampoco lo termina de explicar al amor de Dios, esto de que se parece al vínculo materno-filial.


Yo te conocí: a ver si esta palabra te suena adentro de tal forma, que vos puedas decirte, desde Dios yo te amé, siempre pienso en vos, nada de lo que te pasa se me escapa. Todo lo que te ocurre está delante de mis ojos. Tus dolores son míos. Tus preocupaciones también. Tus alegrías me hacen sonreír y tus sueños son mis sueños. Yo te amo y todo lo tuyo me pertenece. Y Yo te pertenezco todo. Te lo dice Dios al corazón.


¿Qué es esto de que Dios te ama, y cómo resuena dentro del corazón? ¿Es creíble o te cuesta entender el amor que Dios te tiene?


Además de conocer, dice la Palabra, “ Yo te consagré”: es el segundo verbo que utiliza la Palabra al referirse al modo como Dios ha hablado con Jeremías. El segundo verbo, consagrar, tiene dos sentidos en la Sagrada escritura: por un lado el original es separar. Consagrar es como “ poner aparte”. Una determinada cosa, un determinado espacio, un templo consagrado. Se diferencia de las otras cosas. Es un lugar distinto. O una persona consagrada a Dios. Es como cualquier persona, pero tiene un rol dentro de la comunidad que Dios le da en cierto modo, de ser distinta, separada. ¿Separada de qué? Del ámbito de lo profano, para dedicarla de manera exclusiva a la cosa o la persona a Dios. Cuando se consagra para separar a alguien o algo al servicio de Dios, la cosa o persona participa de su Gloria y también de su Santidad.


Nosotros por el bautismo decimos que hemos sido consagrados. Hemos sido bautizados y en el bautismo Dios nos separó para Él. Haciéndonos participar de la vida de los hombres, pero con él, no sin Él; y esto es lo que marca la distinción.


Las personas consagradas al servicio de Dios, no constituyen una casta, una elite, un grupo especial. Son sencillamente quienes tienen la posibilidad de haber sido puestos del lado de Dios para comunicarlo a Dios. Y en este sentido, tienen que hacerse, como dijo el apóstol San Pablo, a todos para ganar algunos, lejos de la persona consagrada, de constituirse en una determinada casta. Si Dios separa a alguien para sí, es para meterlo en el mundo, en medio de todos los hombres, y desde allí mostrar Su Presencia, su rostro, e invitar a otros a que le pertenezcan también.


Jesús lo dice a esto muy claramente, cuando expresa: “ustedes son la luz del mundo. Ustedes son la sal de la tierra; ustedes son fermento en la masa.” Una luz no se puede ocultar, la sal si no cumple su función pierde su sabor, y la levadura está para ser puesta en la masa. Sola, puesta aparte, no sirve. De manera tal que, este “Yo te consagré”, es decir, te separé para Mí, pero para meterte entre todos los hombres. Por eso te envío. Te separé para meterte en la misión. Por eso lo hice. Porque Yo estoy contigo, te consagré para la misión, haciéndote mío para que los demás puedan ser también míos, dice Dios.


La conciencia de esta consagración es la que nos hace cuidar nuestro vínculo con Dios. Si Dios me separó para Él y me puso a su lado, es para que tenga relación con Él. Cuando yo no tengo esto como bautizado, hay algo dentro de mí que está desacomodado y no es cualquier cosa. Es el código de identidad de ser personal. Por eso me ha dado tanta alegría, cuando después de haber andado como hijo de don Nadie, me encuentro con el Dios de la Vida. Y puedo expresar la alegría que me da haber vuelto a la casa del Padre. O acaso no es ésa la experiencia de estos 11 años de servicio en la radio, que recibimos de cientos de hermanos, que hablan de cómo su vida empezó a ser distinta o empezó a ser vida realmente, a partir del ENCUENTRO con el Señor.


Este que Dios me separó para Él es para que esté con Él. Y para que Él esté conmigo. Pero no para que esté con Él encerrado en mí mismo, o formando parte de un grupo especial, sino para meterme en la masa. Porque mi ser es más lo que está llamado a ser cuando se pone en funcionamiento.


Volvemos al ejemplo paterno: un padre es padre cuando hace las veces de padre. Cuando tiene “título” de padre, pero no es padre, más de un hijo dice: “si, me dio la vida, pero no es mi viejo”. Es decir, el ser padre se desarrolla con el hacerlo. Por eso, no sólo Dios nos pone en contacto con ÉL, sino para que nuestro ser más hondo con Él y nosotros en Él se desarrolle, a partir de nuestra presencia en el mundo con el Dios que nos manda.


La consagración no se puede entender sin la misión.


Lo que vos hacés lo hago yo con vos y en vos. Si permanecés en mí lo harás, como dice la Palabra, Juan 15, “ustedes en Mi, Yo en ustedes, producimos muchos frutos”. Este constituirse no es una puesta de oficio de alguien que tiene un rolo vacío de sentido, de contenido. Es una puesta en servicio y en oficio, este de ser profeta, de alguien que lejos de ser uno que hace una determinada tarea X, lo hace en el que lo constituye. Sería algo así: Yo soy el que te envío, yo te constituyo, te doy fuerzas, y lo que vos hagas lo hago Yo en vos.


Jeremías va con Dios podríamos decir nosotros. Va con Dios. Nosotros somos este Jeremías. Por la gracia Bautismal hemos sido constituidos, consagrados por Dios en el Amor que desde siempre nos tuvo para ser sus heraldos, sus mensajeros, su boca, su presencia, sus ojos, su abrazo, su caricia, su comprensión. A los hermanos que lo necesitan, lo buscan lo esperan.


Nuestra misión se entiende sólo en clave de la Revelación que Dios hace de nuestra más honda identidad, de nuestro código genético que viene del Amor de Dios.

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NO PERTENECEMOS AL MUNDO, SOMOS SERES DIVINOS. FUIMOS ELEGIDOS PARA ROMPER LAS BARRERAS Y LAS REGLAS DE ESTE MUNDO PARA SALVAR A LOS HOMBRES; A LA HUMANIDAD EN UNA ROYAL KANDY ALIANZA CON DIOS 2011.
ROYAL KANDY VIDA!
SABRIS (16 S)

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UNESCO

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SAN JOSÉ OBRERO

SAN JOSÉ OBRERO

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

JUAN PABLO II

Nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, sur de Polonia. Su familia estaba conformada por su padre Karol Wojtyla, un militar del ejército austro-húngaro, su madre, Emilia Kaczorowsky, una joven sileciana de origen lituano, y un hermano adolescente de nombre Edmund.
Los padres de Karol Wojtyla lo bautizaron a los pocos días de nacer en la iglesia de Santa María de Wadowice. A los 9 años de edad recibió un duro golpe: el fallecimiento de su madre al dar a luz a una niña que murió antes de nacer. Años más tarde falleció su hermano y en 1941 murió su padre.
De joven, el futuro Pontífice mostró una gran inquietud por el teatro y las artes literarias polacas tan grande que aún en el colegio pensaba seriamente en la posibilidad de continuar estudios de filología y lingüística polaca. Sin embargo, un encuentro con el Cardenal Sapieha durante una visita pastoral, le hizo considerar seriamente la posibilidad de seguir la vocación que tenía impresa -entonces aún sin develarse plenamente- en el corazón: el sacerdocio.
Al desatarse la Segunda Guerra Mundial, los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia con el objetivo de invadir no sólo el territorio sino también la cultura polaca. Frente a esta situación, Karol Wojtyla con un grupo de jóvenes organizaron una universidad clandestina en donde estudió filosofía, idiomas y literatura. Poco antes de decidir su ingreso al seminario, el joven Karol tuvo que trabajar arduamente como obrero en una cantera. Según relata el hoy Pontífice, esta experiencia le ayudó a conocer de cerca el cansancio físico, así como la sencillez, sensatez y fervor religioso de los trabajadores y los pobres.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana. Durante estos años tuvo que vivir oculto, junto con otros seminaristas, quienes fueron acogidos por el Cardenal de Cracovia.
El 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, Karol Wojtyla fue ordenado sacerdote en el Seminario Mayor de Cracovia y celebró su primera misa en la Cripta de San Leonardo en la Catedral de Wavel. Al poco tiempo obtuvo la licenciatura de Teología en la Universidad Pontificia de Roma Angelicum y más adelante se doctoró en Filosofía. Durante algún tiempo se desempeñó como profesor de Ética en la Universidad Católica de Dublin y en la Universidad Estatal de Cracovia, donde interactuó con importantes representantes del pensamiento católico polaco, especialmente de la vertiente conocida como "tomismo lublinense".
El 23 de setiembre de 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco. Asistió al Concilio Vaticano II, donde participó activamente, especialmente en las comisiones responsables de elaborar la Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y la Constitución pastoral Gaudium et Spes. Durante estos años, el entonces Obispo Wojtyla combinaba la producción teológica con una intensa labor apostólica, especialmente con los jóvenes, con quienes compartía tanto momentos de reflexión y oración como espacios de distracción y aventura al aire libre.
El 13 de enero de 1964 falleció Monseñor Baziak por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. Dos años después, el Papa Pablo VI convierte a Cracovia en Arquidiócesis. Durante su labor como Arzobispo, el futuro Papa se caracterizó por la integración de los laicos en las tareas pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las publicaciones católicas.
En junio de 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. En 1974, el nuevo Purpurado ordenó a 43 nuevos presbíteros, en la ordenación sacerdotal más numerosa desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
En 1978 muere Pablo VI y es elegido nuevo Papa el Patriarca de Venecia, Cardenal Albino Luciani, de 65 años, quien tomó el nombre de Juan Pablo I. El "Papa de la Sonrisa", sin embargo, fallece a los 33 días de su nombramiento. El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave, el Cardenal polaco Karol Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.

JUAN PABLO II EN ARGENTINA

Visitas de Juan Pablo II a la Argentina
Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982
El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretaña, largamente preparada. Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina –dijo– es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».
Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país» y «tal vez la mayor concentración de gente que haya recibido el Papa en sus trece visitas hasta el presente».
11 de junio
A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monseñor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa. Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.
En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció un alocución e impartió la bendición a los presentes.
En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.
Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretaña y por la rápida terminación del conflicto.
Sábado 12
El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que le dirigió un mensaje a puertas cerradas.
Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Españoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.
Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «¡Hasta la vista!».
Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987
En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Lunes 6 de abril
En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Señor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».
Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la catedral metropolitana, distante 8, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.
Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompañó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.
Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.
Martes 7 de abril
Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.
El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo caracter misionero. El obispo de Viedma, monseñor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».
Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monseñor Candido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 465 kilómetros, donde pasó la noche.
Miércoles 8 de abril
En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de mañana, trasladándose a la catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.
Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán. El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monseñor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.
Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monseñor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.
Jueves 9 de abril
Por la mañana, desde el arzobispado salteño se dirigió hacia la catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.
Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monseñor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».
Por la tarde viajó a Paraná, que dista 510 kilómetros. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monseñor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.
Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.
Viernes 10 de abril
El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.
Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la catedral de los ucranios, donde saludó a los niños que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monseñor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.
Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su vida, el obispo de San Justo, monseñor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.
Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.
Sábado 11 de abril
A las 8 de la mañana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 204 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monseñor Jorge M. López, le dió la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.
Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Señora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.
Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monseñor Italo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.
A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de pañuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.
Domingo 12 de abril
El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monseñor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.
Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.
El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa ·«envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.
Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Señora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Angelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.
Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.
Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monseñor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.
Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.

SAN ANTONIO DE PADUA

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SAN CAYETANO

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Santuario de San Cayetano | +54 11 4641-0583 o +54 11 4641-1572 | Cuzco 150 | Buenos Aires | Argentina | santuario@sancayetano.org.ar.

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Oración a San Cayetano Glorioso San Cayetano, Tú pasaste por la vida viendo a Cristo en los hermanos, especialmente a los más necesitados, y experimentaste la asistencia providencial de Dios. Ayúdanos a construir una sociedad en la que todos participemos con nuestro trabajo y podamos reencontrar los valores que nos fueron arrebatados: la solidaridad, el respeto, el bien común, la honestidad y la alegría.

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SANTA RITA - De los casos imposibles.

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FRASE

A los hombres fuertes les pasa lo que a los barriletes; se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso.
JOSE INGENIEROS

Los tiempos de Dios son distintos a los tiempos humanos.

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TIEMPOS DIVINOS

SAN EXPEDITO

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VIRGEN DESATANUDOS

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"EL TIEMPO QUE SE PIERDE POR ALGUIEN,
ES TIEMPO QUE SE GANA PARA LA ETERNIDAD"
"EL QUE PIERDA SU VIDA LA GANARÁ,
PERO AQUEL QUE LA GUARDE PARA SÍ, LA PERDERÁ"